lunes, 17 de agosto de 2015

Posos de café. Primera taza


El Roto dedicó una de sus certeras viñetas a las librerías, 
  pero perfectamente podría ir dedicado a las bibliotecas.


Si se ha viajado a algún país escandinavo, y entre visita turística y monumento, se tiene el vicio de perderse en algunas de las librerías que salen al paso: probablemente se habrá topado con alguno de esos establecimientos cálidos que propician los diseños del norte de Europa, en los que es posible hojear libros, mientras se degusta un café o se come algo de repostería; a ser posible frente a un ventanal lluvioso, que venga a completar el idílico momento.

La alianza café-lectura-escritura es ya un lugar común.Ya hablábamos del informe sobre bibliotecas en Inglaterra, en el que se recomendaba que las bibliotecas copiasen a los coffee shop, o más chocante todavía: la noticia de las bibliotecas  inglesas que estaban siendo reconvertidas en bares.

En nuestro país los cafés literarios son todo un clásico. El reciente movimiento en las redes en contra del cierre del mítico Café El Comercial en Madrid, expresa bien esa vinculación entre cafés y cultura.

En Murcia, tenemos y hemos tenido variados ejemplos de cafés volcados en la cultura. Desde los clásicos Ítaca o el Zalacaín, a los desaparecidos El Continental o Aula. Durante los últimos años se han abierto algunos tan interesantes como el Ficciones o Espacio Pático; y precisamente nuestro seguidor Luis Sánchez (su novela Sin anestesia está en nuestras colecciones) nos dejaba un comentario en Al calor del amor en una biblioteca, en el que recordaba la cafetería-librería Espartaco, en Cartagena, y el generoso letrero que colgaba en ella avisando: “No es obligatorio consumir: puede sentarse a leer”.


Según un reciente estudio de la Universidad de Granada, el valor antioxidante de los posos del café es hasta 500 veces mayor que el de la vitamina C;  y no necesitamos estudio alguno que nos demuestre los efectos antioxidantes que la lectura tiene para el cerebro. Quizás sea por eso que a los quirománticos, videntes y demás faunas televisivas de madrugada, les da por la Cafeomancia o la Teomancia.

Y tampoco en este caso, necesitamos de estudio alguno que nos confirme que fiar nuestro futuro a lo que nos digan los restos de una bebida, por saludable que esta sea: lo único que denota es nuestro déficit de lecturas provechosas.

Afortunadamente, la ilustradora Maria A. Aristidou le da un uso a los posos de café mucho más interesante y vigorizante para su talento. Sus retratos dibujados con café le están haciendo célebre en la red; y algunos de ellos nos sirven para decorar el salón de té que hemos montado en este post. El agente Cooper de Twin Peaks, Bob Marley, soldados imperiales de Star Wars o la carismática Daenerys Targaryen de Juego de tronos, son algunos de los personajes que gusta de retratar con tan aromática sustancia.


El escritor best seller Laxman Rao en su puesto callejero de té,
con el muestrario de sus novelas en el suelo y una mesa



"¿Un salón de té?, ¿un salón de té? con esa mala leche un salón de té" que cantaban los Radio Futura en su clásico Paseo con la negra flor. Y no sabemos si mala leche, pero sí mucho carácter, y buena mano para el té con leche, es lo que ha demostrado tener Laxman Rao de Nueva Delhi. El vendedor de té más famoso de la capital hindú siempre tuvo un sueño: llegar a ser un escritor de éxito, y lo ha conseguido.

En su destartalado y célebre puesto de té callejero, Rao sirve su delicioso té con leche, y al mismo tiempo vende sus novelas en lengua hindi, que se han convertido en auténticos best sellers. El vendedor de té y escritor, fue un precursor de la autoedición muchas décadas antes de que Internet la convirtiera en la salida para tanto escritor aficionado, al que las grandes editoriales daban la espalda. Y hoy día, hasta Amazon India se enorgullece de poder distribuir la obra del vendedor de té superventas. Mientras Rao, fiel a sus infusiones, sigue sirviendo humeantes tazas de té en plena calle.

Historias estimulantes sobre infusiones y literatura que no acaban aquí. Prometemos más estímulos para combatir el aplanamiento de este verano infernal, con una segunda taza en el próximo post. Y ahora que cada uno se sirva el azúcar que necesite: cerrando como cerramos con una balada dedicada al café del grupo Garbage, nunca se corre el riesgo de empalagarnos.




2 comentarios:

Luis Sánchez dijo...

Hey, gracias por la mención (acabo de verlo, se me había pasado este post, en esa fecha estaba de viaje y soy de los pocos que aún nos negamos a tener internet en el móvil).
Por cierto, no es una novela, es una recopilación de relatos y ya que mencionáis el lugar, aprovecho para decir que es posible que dentro de poco haga una lectura en Zalacaín de fragmentos de relatos de 'Sin Anestesia' y alguno aún inédito ;-)

El blog de la BRMU dijo...

De nada, gracias a ti por la anécdota. Y cierto, tomamos nota del lapsus de novela por relatos. Seguro que será un éxito la lectura, ¡enhorabuena!