miércoles, 16 de septiembre de 2015

Lecturas en gotelé

Esculturas con libros de Wim Botha

Es duro decirlo así de claro, pero cada vez quedan menos dudas de que el gotelé tiene los días contados. Ni los que viven solos tendrán el consuelo de esas paredes rugosas para aliviar los picores repentinos en la espalda; ni nadie instruido en la lectura en Braille, podrá recrearse en los crípticos mensajes que escondían las paredes grumosas pintadas con dicha técnica.

Desde que las caras de Bélmez demostraron que los suelos (y quien dice suelos, dice paredes) podían enviarnos mensajes: todo nos llevaba al gotelé, y su infinito poder para sugerir formas. Muchos, lo achacarán a simples tendencias en la decoración de interiores; pero nosotros sabemos que no: acostumbrados a ir siempre un poco más allá; nosotros sabemos que al gotelé, como a tantas otras cosas, lo ha fulminado lo digital.

Las paredes lisas y la resurrección del papel pintado, han terminado por darle el toque de gracia. La burda, pero eficaz, pericia del gotelé para disimular defectos, no tiene cabida con las superficies aceradas y asépticas que exige lo digital. Por eso en las escuelas rumanas (no sabemos si tendrán gotelé) las bibliotecas escolares puede que terminen desapareciendo sustituidas por papel pintado en las paredes.


Las bibliotecas digitales para empapelar paredes

Se trata de las bibliotecas en papel que están instalando en las escuelas de dicho país, la compañía de telecomunicaciones Vodafone. Con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, se han empapelado los pasillos de los colegios rumanos con estas estanterías unidimensionales, en las que los estudiantes pueden descargarse los libros gracias a los códigos QR que llevan cada uno de sus lomos.

Un clásico de los 80 a la hora de
 forrar carpetas
Pero no sólo las escuelas, también en centros comerciales, estaciones de tren o autobuses, la compañía está empapelando las paredes con estas estanterías virtuales. El siguiente paso, será permitir que los propios usuarios puedan diseñar los papeles con los libros que quieran que formen parte de su Biblioteca digital , y así luego empapelar las paredes de sus hogares.

Lo que no sabemos es si estos papeles servirán también para forrar los libros de texto y las carpetas de adolescente, todo un clásico de instituto. Sería todo un invento, llevar la biblioteca a cuestas impresa en la carpeta del colegio. Aunque mucho nos tememos que sería una moda  pasajera, tras la novedad, emergerían cual caras de Bélmez los rostros de Rihanna, One direction o el ídolo de masas púberes del momento.

Las caras de Bélmez: precursoras del gotelé

"Las caras de Bélmez quisieron hablar, la prensa amarilla las hizo callar sin más..." que cantaban Alaska y Dinamara en uno de sus temas más esotéricos. La pareidolia o fenónemo psicológico por el cuál un estímulo difuso es percibido erróneamente como una forma reconocible, tenía un campo abonado en el gotelé; pero parece ser que pese a nuestros augurios catastrofistas, también pervive en lo digital.

Algo tan siglo XXI, tan digital, aséptico y alejado de la España profunda de Bélmez (y del gotelé) como los Google Maps, llevan años registrando "caras" en la geografía terrestre. Tanto es así, que hasta existe una web, Google Faces, que reúne algunas de las formas más caprichosas de la naturaleza a la hora de semejar señales de las que tanto gustan en programas tipo Cuarto Milenio.

Una de las caras detectadas por el satélite de Google Maps

En la BRMU, lo más cercano que hemos estado a la pareidolia fue cuando sufrimos goteras; y desde que afortunadamente se solucionaron, no nos faltan libros con los que seguir imaginando cosas. Sin necesidad de agudizar la vista, los libros, sea leyéndolos, o esculpiéndolos como hace el artista sudáfricano Wim Botha: siempre nos desvelan mil formas e ideas en las que recrearnos.