martes, 22 de septiembre de 2015

Lo que la literatura ha unido, que no lo separe el hombre



Es un lugar común, en cualquier artículo sobre la vida en pareja, lo mucho que une el hecho de compartir aficiones. En todo cuestionario de cualquier web para buscar pareja, siempre queda bien incluir un apartado sobre aficiones literarias (bueno en la célebre Ashley Madison, no creemos que lo literario importase mucho, pese a los ríos de tinta que ha hecho correr este verano).

Por eso, la reciente noticia de la ruptura entre la sólida pareja de trapo formada por Miss Peggy y la rana Gustavo, ha provocado tal impacto mediático, también durante este verano.

Su amor por la lectura, como dejan patentes estos carteles que protagonizaron hace años: fue una de esas aficiones que ayudaron a que su amor superase las barreras que les imponía su pertenencia a diferentes especies. Pero como en toda ruptura entre dos celebridades, los dimes y diretes no han cesado desde que surgió la noticia.

Enamorarse con libros
Que si el hecho de que el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo haya iniciado una relación con la cerdita Denise, más joven que Miss Peggy, es una perpetuación de los estereotipos; que si el hecho de que Miss Peggy haya sido galardonada por las feministas estadounidenses; incide en la imagen arisca, totalitaria e intransigente de lo que se ha dado en denominar como feminazis…

Y así un largo rosario de polémicas en derredor, que puede que lleven a muchos a enarcar la ceja, pero que en los Estados Unidos, los medios toman mucho más en serio de lo que podría suponerse.

Madonna, objeto de estudio
En el país del dólar, cualquier fenómeno de la cultura popular es susceptible de ser analizado en clave académica. La mejor forma de analizar nuestro tiempo; pasa por estudiar a los fenómenos y protagonistas de la cultura popular. Y estos estudios culturales parece que, poco a poco, van llegando a nuestro país. Por ejemplo, dentro de la programación de cursos de la Universidad de Oviedo para este año, sin ir más lejos, se oferta un curso sobre Madonna.

Pero volviendo a la separación de Miss Peggy y Gustavo, dada la visceralidad y amor por la literatura de Miss Peggy; no sería extraño que dentro de poco publicase un libro sobre su matrimonio. Vendría a sumarse a una larga lista de venganzas literarias que han tenido como protagonistas a grandes nombres de la literatura.

Norman Mailer, tal vez el escritor con más ex esposas,
 cuya venganza fue escribir un libro

Adele Morales, la segunda esposa del escritor norteamericano Norman Mailer, esperó hasta 38 años para vengarse por escrito de su famoso marido. Tenía razones de sobra para hacerlo: en 1960, tras una más de sus desenfrenadas fiestas, el autor de Los desnudos y los muertos, la apuñaló. Claro que ella tampoco se quedó corta intentando atropellarlo con su coche. Lo de Mailer bate todos los récords, no ya por sus seis matrimonios: sino por el número de ex esposas afrentadas que recurrieron a la letra impresa para vengarse de él.

La actriz Claire Bloom (Candilejas, Poderosa Afrodita, El discurso del rey) se casó con Philip Roth en 1990, tras 15 años de convivencia. No se puede decir que fuera una pareja de jóvenes inexpertos, pero en su libro Adios a una casa de muñecas, la actriz saldaba cuentas con el genial escritor haciendo un pormenorizado repaso a las miserias de su matrimonio.

Aunque las venganzas literarias más elaboradas y brillantes de la historia, pertenecen por derecho propio a dos mujeres: Louise Colet y Sophia Behrs.

La poetisa Louise Colet, ex amante de Flaubert, sirvió de inspiración para la protagonista de la obra más famosa del literato francés: Madame Bovary. Hoy día, en pleno auge de las redes sociales, que un gran escritor decida inmortalizar tu intimidad en un clásico de la literatura universal: sería el sueño de los miles de internautas que comparten hasta lo más nimio de su rutinario día a día. Pero en el siglo XIX, a Colet no le hizo ninguna gracia. Su respuesta vino en forma de una novela en la que el escritor aparecía como un fanático obsesionado con su obra.


Y otra novela fue la respuesta de Sophia Tolstoy (Behrs de soltera) al retrato nada favorecedor que de forma velada, pero obvia, hacía su ilustre marido de ella en su obra: La sonata a Kreutzer.

¿Quién fue el culpable?, fue el explícito título bajo el que Sophia dio su propia versión de la historia. Una obra que permaneció inédita hasta que recientemente la Universidad de Yale la publicó conjuntamente con la novela de Tolstoy, y con el añadido de sendos textos escritos por dos hijos de la pareja. Probablemente, Las versiones de La sonata a Kreutzer, que así se titula el tomo: sea la disputa matrimonial más literaria que haya existido nunca.

El contrapunto positivo a estas historias proviene del mundo del cómic. Es el caso del autor de cómics francés Frédéric Boilet y su compañera sentimental la japonesa Aurélia Aurita. Tras numerosos títulos en los que Boilet recreaba su relación con sus parejas niponas (Mariko Parade, Tokio es mi jardín, La espinaca de Yukiko); Aurita con su díptico Fresa y chocolate dio la versión más explícita (en lo sexual) de su relación de pareja con Boilet.

Frédéric Boilet y Aurelia Aurita: una historia de amor contada por sus dos
protagonista, que miran atrás sin ira

Habrá que esperar algún tiempo, para ver si Patricia Llosa, segunda esposa de Vargas Llosa, se decide a escribir sus memorias. Ofertas editoriales no le faltarían, y el éxito de ventas estaría asegurado; dado el tirón mediático de la que es, a día de hoy, su sustituta. Si la ex del nobel peruano las escribiese, cumpliría con una larga tradición: la de aquellas historias de pareja que nacen envueltas en literatura; y que sobreviven más allá de su fin, gracias a esa misma literatura convertida en arma arrojadiza.

En el caso de Miss Peggy, dado su narcisismo y egolatría insaciable, no nos cabe duda alguna de que de un modo u otro, sabrá sacar mucho rédito a su condición de cerda separada.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajajja, una crónica de lo más interesante en relación al desamor y la literatura como venganza o como despecho.

La verdad, que desde mi punto de vista es una pena, que personas que se han querido y amado tanto, terminen de esa forma tan desastrosa ( aunque de mucho juego literario), aquí parece que la especie humana no ha sabido evolucionar a estadio superiores, pues debería perdurar el respeto y el cariño.

De todas formas es preferible esa venganza literaria ( tiene su épica e incluso puede ser terapéutico) a otro tipo de venganza mucho menos sutil y de la que nadie se recupera y es la realizada en nombre de la violencia de género ( últimamente se ve en los telediarios y en la prensa, sucesos escabrosos de chicas muertas en manos de sus exnovios o sus exparejas)éstas no tienen nada de literario.

El blog de la BRMU dijo...

La literatura, sea escrita desde el amor o desde el odio, siempre es mejor solución que la violencia. Y además resulta tan apasionante (en ambos casos), siempre que no seas tú el objetivo de esas venganzas literarias.