sábado, 12 de septiembre de 2015

Reality de biblioteca



Andrea Caracortada, la periodista de Kika,
pertrechada para el sensacionalismo
España tiene el dudoso honor de ser el país que más ediciones del programa de telerrealidad Gran Hermano acumula. Fue allá por el 2000 cuando la autodenominada cadena amiga, que más formatos (que no contenidos) innovadores ha importado o creado: compró los derechos del formato televisivo ideado en Holanda; y que ha invadido, en sus diversas variantes, las parrillas televisivas de todo el mundo.

Y justo cuando se anuncia una nueva edición de esa “experiencia sociológica”, en la que Mercedes Milá querría abrir la casa a los refugiados sirios (sic); y que ha saturado el panorama televisivo plasmático (ya no se puede decir catódico) de ninis, chonis y demás fauna ectoplasmática: ¿qué hace el blog de una biblioteca hablando de realities?

Pues porque nadie está libre de pecado, y pese al descrédito que arrastran este tipo de programas que a tenor de sus presentadores, toda España ve (audiencias de 4-6 millones, cuando españoles somos unos 46 millones); en el mundo bibliotecario la telerrealidad también es una realidad.



Las escritoras Germaine Greer, Lucía Etxebarría, Isabel Pisano, el director de cine Ken Rusell o el cantante punki Johnny Rotten: son algunos de los concursantes en distintos realities cuyas obras lucen en las estanterías de nuestra biblioteca. Y si bien, ninguno de ellos debe su fama a lo que muchos consideran el episodio más bochornoso de sus respectivas carreras: no es improbable que si llega a buen puerto el proyecto de una productora televisiva de Miami, en breve, al igual que tenemos discos de Bisbal, Bustamante o Chenoa: la obra literaria del ganador de un reality, luzca en nuestras estanterías (aunque lo de OT era un talent show, algo se supone con más respetabilidad).


El jurado del talent show para escritores Masterpiece

El escritor…Un reality de novela, es el título del proyecto televisivo que la productora Only Productions quiere poner en antena próximamente. Al igual que se han evaluado las habilidades canoras, culinarias, seductoras, danzarinas o de supervivencia: ahora se evaluará el talento literario de 12 jóvenes escritores.

Una comedia sobre la Italia de la telerrealidad
No es algo nuevo, ya hace dos años la televisión italiana anunció un programa de similares características bajo el nombre de Masterpiece (Obra maestra), en el que el premio para el vencedor consistía en un contrato editorial y una fuerte campaña de publicidad. Y en el 2012, en el I Premio Global Village de Novela en México, el premio para los autores de las diez mejores novelas seleccionadas: consistía en participar como concursantes en el reality show El juego de los escritores (¿deberíamos plantearnos algo así para nuestros exitosos talleres de escritura creativa?)

El concurso italiano llegó a coronar a un ganador, pero su audiencia fue tan baja, que las aspiraciones de vender el formato a cadenas de otros países se vieron frustradas. Y a tenor de un artículo del blog Writer beware   (Cuidado con el escritor), el listado de fracasos televisivos a la hora de unir espectáculo y literatura ocupa varios cajones en las productoras de televisión.

Y es que como se lamentaba Vargas Llosa en su ensayo: “en la civilización del espectáculo el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda” Claro está, que repasar lo que de manera tan sensata planteaba Vargas Llosa, mientras se miran con el rabillo del ojo sus imágenes junto a Isabel Preysler, en la fiesta de Porcelanosa en Nueva York: puede resultar una de las experiencias más paradójicas de nuestro tiempo.


La fina línea que separa a la civilización del espectáculo

Bayly y su novela sobre 
corrupción y medios
La delgada línea que separaba a la civilización del espectáculo ha resultado ser de papel cuché, para regocijo del paisano de Vargas Llosa: el literato (pero también estrella televisiva) Jaime Bayly que habiendo abrazado desde el principio en su literatura referentes de la cultura popular: le ha dedicado varios artículos al romance; demostrando que los escritores puede ser tan buenos como los ninis, a la hora de dar espectáculo tirándose los trastos a la cabeza públicamente.

Lo que no alcanzamos a imaginar es la razón por la cual a ninguna lumbrera televisiva se le ha ocurrido aún montar un reality en una biblioteca. Como cualquiera que haya visitado una, sabe por experiencia propia: en la biblioteca todo se magnifica.

A ver, ¿en qué otro lugar podría darse un casting más heterogéneo que en una biblioteca?;  ¿dónde hay más rincones para ponérselo difícil a las cámaras, y practicar el flirteo entre estanterías?; ¿dónde la emoción llega hasta las lágrimas cuando un usuario localiza disponible la siguiente temporada de su serie favorita?; o ¿dónde se podría ambientar mejor un concurso de supervivencia para ninis y chonis que en una biblioteca? Por no abordar cuestiones de personal y presupuestos, con las que ya entraríamos en el subgénero de las snuff movies.

La biblioteca en el siglo XXI: un entorno para la supervivencia

El caso es que como aseguran en este divertido y completo repaso a la historia de los realities en España: el formato ha llegado para quedarse. E igual que las denostadas españoladas del cine de los 60, ahora son magníficos documentos sociológicos para estudiar aquellos años: los realities lo serán, o más bien, ya lo son, para estudiar la sociedad de nuestro tiempo. Del landismo al chonismo: toda una evolución de nuestra sociedad a través de las pantallas.

Y si se trata de películas que han capturado con maestría nuestra realidad más inmediata, pocos lo han sabido hacer tan bien en las últimas décadas, como Pedro Almodóvar. En su vapuleada Kika, esperpentizó en el personaje de  la presentadora destroyer Andrea Caracortada, esa explotación del morbo que se ha convertido en figura de estilo del discurso de los medios de masas. Lo peor del día, un buen título para acabar este post.




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