martes, 31 de marzo de 2015

Centrifugando el 2015 [febrero]

[Haz clic en las letras verdes, y centrifuga tu cerebro] 


El mes de febrero en este blog, ha tenido una naturaleza de lo más bipolar. O no. Lo bueno de estos centrifugados (y esto lo firmamos ante notario si es necesario) es que empezamos repasando lo que ha dado de sí el mes precedente: sin guión, ni rumbo alguno, de manera totalmente intuitiva. El relato que hacemos se construye a golpe de teclado, y al final, igual nos llevamos la sorpresa de que todo el batiburrillo resultante ha sido de lo más coherente. ¿Quién sabe?, vamos a verlo.




Los dos polos que en un primer vistazo nos saltan a la vista, han ido desde la celebración del amor (música de violines, por favor) a cuenta del ineludible San Valentín, para luego dar un bandazo a mitad de mes y terminar punkis y rabiosamente reivindicativos. Pero en medio de esos dos extremos (que como todos los extremos terminan conectándose por algún lado, seguro) tuvimos tiempo para algo que nos gusta mucho en este blog el reciclaje de libros dados por perdidos y transformados en objetos de lo más sugerentes.

También tuvimos nuestra andanada encubierta contra la piratería que está boicoteando el desarrollo normal de la industria musical gracias a Internet en Mono ve, mono hace. Puede que sea una batalla perdida por nuestra parte, pero las bibliotecas tienen la obligación de apoyar a las industrias culturales: nos va en ello también nuestro futuro.

Pero salvo en estos dos asuntos, la temática del mes se polarizó de manera marcada. Celebrábamos el amor, sí, pero no a la manera cursi de un gran almacén. Aspirábamos a que nuestros usuarios nos ayudasen a que la primavera llegase antes a la BRMU, que a ningún gran almacén. Y llegó, gracias al concurso de Carta de amor a la biblioteca.



El amor de pareja puede caducar, el amor a tu equipo de fútbol, no debería, pero a veces también pasa: en cambio, el amor a una biblioteca bien surtida no tiene porque extinguirse nunca, y además no te exige exclusividad, ni tan siquiera fidelidad. ¿Hay amor más desinteresado? Por eso nos hacíamos eco del algoritmo del amor, un burbujeante invento de una marca de refresco para convertir todo el odio acumulado de la red de redes en amor. Si lo consiguió o no, sólo se sabrá leyendo el post, pero en este caso más que nunca, lo que valía era la intención.

Y la culminación de toda esta celebración del 14 de febrero, fue la publicación de la carta ganadora del concurso de cartas de amor que convocó la BRMU. La carta de amor de un libro a una usuaria, nos salvó del grave pecado de la cursilería más desbocada, haciendo que las estadísticas de visitas al blog se elevasen cual pico del Himalaya. Y no era para menos por lo deliciosa, sin pizca de merengue, que resultaba.



Y a mitad de mes, fueron cambiando las tornas. Calentábamos motores con una fiesta salvaje, una Rave bibliotecaria o Biblioteca okupa2,  Para después, más chulos que un ocho, proclamar a los cuatro vientos que:



Y es que estábamos preparándonos para la irrupción en nuestra Pasarela BRMU del duo punk-feminista de Las culpaSS. Una de las propuestas más cañeras, divertidas, y refrescantes del panorama de la moda murciana, que nos ha permitido ofrecer lo mejor de nuestras colecciones en asuntos tales como la igualdad, el feminismo, los roles sexuales, y mil cuestiones más en forma de libros, películas o cómics.  No por casualidad, durante todo el mes en que se celebraba el Día Internacional de la Mujer. 



¿Es posible encontrar ese enlace entre ambos extremos que han polarizado al mes? De la celebración del amor más comercializada a la reivindicación punki feminista. Está clara la conexión, ¿no?

Si queremos seguir celebrando al amor, pero al de verdad, al amor que se elige libremente, sin condicionantes de ningún tipo, y sin intervenciones ajenas a la voluntad de los individuos, sólo cabe un camino: el de la igualdad definitiva entre hombres y mujeres.

Y una vez dicho lo cual, ahora a ver quién se cree que este final feliz no estaba pensado de antemano. Que llamen al notario.


lunes, 30 de marzo de 2015

Viendo la vida de otro color


Picasso en sus años de madurez, expresó cual era su máxima aspiración en la pintura:

"Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño"

El genio malagueño lo decía respecto de la pintura, pero en general, lo más difícil en la edad adulta es recuperar algo de la limpieza en la mirada que tienen los niños. En otra disciplina también basada en la imagen como es el cine, Steven Spielberg siempre ha estado invocando a través de sus películas a ese niño que, en una de esas frases que se debería prohibir por ley volver a repetir: se supone que todos llevamos dentro. Pero la idea de Picasso nos gusta más, porque nos pone a salvo de aquellos que confunden las cosas y se comportan como niños siendo adultos; simplemente es una llamada a la simplicidad, y en este mundo actual tan, tan complejo, hacer algo simple y sencillo va a resultar dentro de poco lo más difícil de conseguir.


Tal vez ahí radica el éxito editorial más sorprendente de los últimos tiempos, el de la ilustradora Johanna Basford y sus libros para colorear dirigidos a adultos. Su libro Secret Garden ocupa las primeras posiciones en el ranking de los más vendidos en Reino Unido y Francia, un libro con dibujos de la naturaleza y  formas abstractas que está conociendo una gran acogida entre ejecutivos estresados, que encuentran lo de colorear de lo más relajante y agradable.




Y si en el post Arcadas literarias, relatábamos como Nick Cave ha escrito su último libro en las bolsas para vómitos de los aviones; el pintor norteamericano Mike Stilkey ha encontrado en los libros desahuciados un material estupendo para plasmar sus dibujos que nos remiten (no sabemos si de forma intencionada) al universo de Tim Burton.

Desterrada (afortunadamente) la moda de los libros huecos para decoración, preferimos puestos a decorar con libros, la obra de este artista que les da una segunda vida, conservándolos como soporte de un mundo de fantasía y evasión.







Y nada mejor para cerrar, que recordar el genial spot publicitario que Sony llevó a cabo para uno de sus modelos de televisor. Rodado en una barriada de Glasgow, la combinación de música y colores hace que sea la mejor terapia posible para elevarnos el ánimo y así ver la vida, no de otro color, sino de todos los colores posibles.




viernes, 27 de marzo de 2015

Arcadas literarias

Nick Cave

La inspiración cuando llega, no respeta ni lugares, ni situaciones; y ante la urgencia por atrapar la idea ante de que se esfume, cualquier medio vale. El músico Nick Cave puede dar fe de ello, tras haber escrito su último libro en bolsas de vomitar de las que llevan los aviones. Debe ser que la violencia con que le ataca su musa le provoca la inspiración a base de arcadas.

Durante su gira por los Estados Unidos del pasado año, Cave fue escribiendo su libro de poesías, canciones y reflexiones varias, The Sick Bag Song (La canción de la bolsa del mareo) en las susodichas bolsas de los aviones en los que viajaba. Un libro que será editado en dos versiones, una de ellas, con carácter limitado que incluirá una bolsa de vomitar customizada por el propio Cave. En la nota de prensa no se especifica en qué consistirá dicha customización (nos ahorramos suposiciones desagradables al respecto).

Ahora que el debate sobre si el soporte condiciona a lo que se escribe en él, está de actualidad a raíz de la irrupción del libro electrónico, con autores como Vargas Llosa claramente convencidos de ello: será interesante comprobar si la literatura de Cave ha quedado influida por el soporte original que eligió para escribirla.

Precisamente, en pocos días, vamos a tener una demostración práctica de ese influjo del continente en el contenido en nuestra propia biblioteca. Será gracias a la selección de autores de la llamada literatura Alt Lit, que se incluirán (entre otras muchas obras) en nuestra siguiente PasarelaBRMU/Constanza Mas.  

Alt Lit is dead (Alt Lit está muerta): casi no ha nacido y ya le levantan
el acta de defunción


Alt Lit, que tanto puede interpretarse como la abreviatura de Alternative Literature o como una referencia a la tecla Alt del teclado: es un movimiento literario cuyo hábitat natural son las redes sociales, los chats y cualquier otra forma de comunicación digital. Una corriente literaria surgida en los Estados Unidos, que ya tiene representantes entre los jóvenes españoles que escriben (sí, pese a lo que pueda parecer por el discurso de los medios, aún hay jóvenes que escriben y aman la literatura).

Tao Lin, Jordan Castro, Noah Cicero o Lily Dawn son algunos de los nombres claves en esta oleada de autores post-11 de septiembre, que se refugian en la más inmediata de las cotidianeidades para intentar transmitir sus sentimientos, anhelos, frustraciones y pensamientos de la manera más sincera, directa y cruda de la que son capaces. Lo paradójico, y que viene a cuento de ese Elogio del papel de Caseti que citábamos en el post anterior; es que esta literatura nacida por y para Internet, está conociendo su traslado al papel impreso. Y gracias a eso podemos incluirla en la selección de la inminente PasarelaBRMU/Constanza Mas.


La Alt Lit, denostada por unos por ser narcisista e insustancial, y amada por otros, promete como poco ser un fenómeno a seguir que en España ya cuenta con representantes como Óscar García Sierra o Luna Miguel que en el post de su blog: Soy feliz si me lames la cara: tres aproximaciones a la Alt Lit en español, nos daba muchas pistas de cómo está el panorama actual de este movimiento.

Seguiremos informando al respecto, de momento cerramos con una de las obras que estarán en esa PasarelaBRMU/Constanza Mas, y con música.

El libro en cuestión, Volverán las naranjas, es de la debutante Xisela López, una directora creativa de una agencia de publicidad que en su primera novela, nos narra una historia de amor a través de mensajes SMS. No se puede considerar como un ejemplo de Alt Lit, aunque su inspiración es totalmente digital. Pero igual que la literatura nativa digital, en un gesto de lo más anacrónico, ha sido cuando se ha publicado en papel cuando ha tenido mayor repercusión.

Si Philip K. Dick se preguntaba en el relato en que se basó Blade runner, si los androides soñaban con ovejas ecléctricas, ahora al hilo de la Alt Lit y su paso al papel la pregunta sería:

¿sueñan los nativos digitales con libros en papel?

Y la banda sonora no podía ser de otra que la que nos proporciona Nick Cave, que nos ha dado pie a este post sobre arcadas creativas varias.

jueves, 26 de marzo de 2015

Deprisa, deprisa...

La España cañí persistiendo en Blade Runner

 Esta semana se ha reestrenado el clásico de los 80, Blade runner, en los cines. Además de una estupenda ocasión para volver a ver (o los más afortunados, para descubrir) este título básico que tanta influencia ha tenido en la ciencia ficción posterior; sirve para comprobar qué idea se tenía de nuestro presente (la acción se sitúa en el 2019) hace poco más de 30 años.

Puro género negro en una de ciencia ficción
La cinta sigue resultando igual de fascinante y visionaria que en su tiempo, pero resulta divertido observar que en el futuro que imaginaron, no existen los móviles (Harrison Ford recurre a un teléfono público para llamar a Rachael, la inolvidable replicante interpretada por Sean Young), y las leyes anti-tabaco brillan por su ausencia. Pero tal vez lo más llamativo sea notar el ritmo de la película. Rodada en este 2015, esta misma historia tendría un ritmo acelerado, con mucho más ruido y furia, sin esa morosidad que permite que nos cale tanto como la omnipresente lluvia que tiñe toda la historia con ese ambiente apocalíptico y melancólicamente bello.

Para estos tiempos acelerados, sería más apropiado lo que rezaba el título de otra película de los 80, Deprisa, deprisa de Carlos Saura; pero como nos resistimos a que nos marquen el ritmo de manera tan agobiante, nos encanta topar con voces que resultan todo un oasis de reflexión en el que dan ganas de quedarse a vivir, o al menos a descansar un tiempo.

El filósofo italiano Roberto Casati daba voz precisa a lo que muchos pensamos, a cuenta de la publicación de su último libro: Elogio del papel : contra el colonialismo digital (de inminente llegada a nuestras colecciones). Casati celebra el potencial de las nuevas tecnologías, y al tiempo nos advierte de los riesgos inherentes a su uso. Todos sabemos que al utilizar redes sociales, smartphones o tablets, estamos proporcionando datos personales a terceros; pero algunas de las últimas noticias al respecto, consiguen que se nos erice el vello.

Según saltaba a los medios, las Smart TV de la marca Samsung advierten en sus instrucciones de uso, que pueden grabar las conversaciones que mantengamos en nuestro salón, y transmitirlas a terceros. Escalofriante es poco, pero siempre hay algo que lo supera.

La fotógrafa Mariel Clayton ya dejó claro con su obra sobre el mundo
de Barbie, que la rubia no es de fiar 


Si los muñecos de por sí ya son turbadores, que tengan la capacidad de espiar a tus hijos los eleva a protagonistas de una película de terror. Y es que por mucho que Chucky, Anabelle, o la novia del primero, hayan llegado hasta a provocar disturbios públicos en los cines; ningún muñeco puede resulta tan inquietante como la longeva Barbie, y ahora no solo para el incauto de Ken.




El último modelo de la rubicunda muñeca graba las conversaciones de los niños que jueguen con ella, para enviarlas a la central de Matell, con el objetivo de ir conociendo sus gustos y fantasías; y así permitir que la muñeca enriquezca sus conversaciones con ellos. Ni hacer caca, ni pipí, ni pompitas, ni darte besos, ahora los juguetes directamente te espían desde la más tierna infancia, para que una multinacional pueda sacar provecho de tu intimidad. El mundo entero en la casa de Gran Hermano.

Por retomar lo de títulos de películas, ante este panorama nos viene a la cabeza aquella astracanada de Espía como puedas, algo que las nuevas tecnologías parecen haber convertido en su lema. Pero que nadie se confunda, no queremos pecar de tecnófobos, si hay una institución que no tendría que defenderse jamás de tal acusación, esa sería la biblioteca; siempre alerta de aquellos avances que puedan ayudar en nuestra labor de difusión de la cultura. Pero precisamente por eso, porque difundimos cultura y reflexión, no perdemos de vista el análisis del tiempo en que vivimos.



Las palabras del filósofo de moda (resulta toda una frivolidad decir que un filósofo esté de moda, pero por otro lado resulta de lo más esperanzador que un filósofo pueda estar de moda) Byung-Chul Han en su ensayo La sociedad de la transparencia, sirven de coda a este post que utiliza la tecnología para alertar de los riesgos de la tecnología

"Google y las redes sociales se presentan como espacios de libertad, se han convertido en un gran panóptico [...] La vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente, desnudándose y exponiéndose, a la mirada panóptica. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez."

Y si abrimos con Blade runner, nada mejor que cerrar con el tema Everyday robots de Damon Albarn. Un tema lento, nada de reprise, cuyos versos lo dicen todo:
“Todos los días somos robots bajo control
En el proceso de ser almas
Conduciendo en coches contiguos
Hasta que pulsamos ‘reiniciar’

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Por qué lo llaman biblioteca cuando quieren decir sexo?


Vamos a ahorrarnos cualquier referencia a la trilogía erótica que ha arrasado en papel, y ahora en cine. Pero indudablemente, la sombra alargada de su éxito editorial-cinematográfico planea sobre este post.

En un artículo de Babelia sobre el resurgir del género erótico a raíz de dicho fenómeno, se recogen unas reflexiones de la Historia del erotismo de George Bataille, que vienen muy al caso. Según el antropólogo francés, cuando el sexo, el erotismo, se hace público, se torna más vulnerable, y más fácil de someter por parte del Estado y del capital.

Las intromisiones del Estado en cuestiones de cama, al menos en el ámbito occidental, están bastante contenidas si lo miramos desde la perspectiva de otras épocas. Pero en el asunto del capital, sin lugar a dudas, Bataille tenía toda la razón.

La portada española del ensayo de Zubiaurre
Si hasta para vender agua mineral embotellada, los anuncios recurren al sexo: está claro que a nuestra libido quieren mercantilizarla y empaquetarla para el consumo masivo.

Entre las cuestiones extra-literarias que en el futuro puede que se le agradezcan a la sombreada trilogía (todo en este fenómeno es extra-literario), será el desparpajo y la desinhibición con que usuarias de nuestras bibliotecas han solicitado, reservado, recomendado y pedido un libro erótico. Sin atisbo de esa incomodidad con la que algunos varones retiran en préstamo, por ejemplo, cómics de Milo Manara.

La edición americana del ensayo de Zubiaurre,
con una portada más recatada que la española
Bienvenida sea en ese caso, esa apropiación del erotismo por un sector femenino de manera mayoritaria; y que para ello hayan utilizando las bibliotecas, aún lo hace más positivo. Siguiendo los planteamientos de la profesora española de literatura en la Universidad de California, Maite Zubiaurre en su interesantísimo libro: Culturas del erotismo en España 1898-1939 (próximamente en nuestra biblioteca), en España unimos mucho el humor con el sexo por pura vergüenza, por haber sido históricamente incapaces de asumirlo con naturalidad. Lo que no deja de ser una rémora de tantos años de dictadura.

Pero el erotismo, lo sicalíptico como se dio en llamar (el origen etimológico de la palabra, no tiene desperdicio), existió en España desde mucho antes de los tiempos del célebre destape.

Y aquí permitan un inciso, porque si hablamos de la época del destape y las bibliotecas, no podemos dejar de mencionar un reciente descubrimiento gracias al maravilloso archivo audiovisual de TVE. Gracias al programa Ochéntame otra vez, nos enteramos de que Susana Estrada, la más cañera de las musas del destape de los 70, empezó como bibliotecaria. Para conocer este hito en el gremio bibliotecario nacional, nada mejor que el relato que el periodista Carlos García Santa Cecilia hace en su blog.




Pero volviendo a esa relación "incómoda" con el sexo que ha existido en España según el estudio de la profesora Zubiaurre; aparte del desacomplejado interés femenino por la famosa trilogía, el hecho de que se publiquen libros como la guía que la realizadora de cine erótico Erika Lust, escribió bajo el título de Porno para mujeres (incluido en la selección de nuestra Pasarela BRMU/Las culpaSS), dan pie a pensar que las cosas definitivamente han cambiado.



Ilustración erótica de principios del
siglo XX

Según Zubiaurre, nuestro país no ha tenido la desenvoltura de, por ejemplo, Francia o Inglaterra con respecto al erotismo. No hay una sección dedicada al erotismo en nuestra Biblioteca Nacional, como sí la hay en la Biblioteca Nacional Francesa, su famoso L'enfer (El infierno), o en la British Library, con su Private case (Baúl privado).

La filósofa Beatriz Preciado narraba una anécdota divertida de cuando tuvo que visitar L'enfer de la biblioteca gala durante su trabajo de documentación para su ensayo sobre la revista Playboy. El encargado del "infierno" francés quedó sorprendido cuando constató que efectivamente, los números de la década de los 60 de la revista erótica masculina por excelencia, contenían más artículos sobre arquitectura, literatura, moda, o política, que propiamente sobre sexo.

Ilustración incluida en Culturas del erotismo en España
En cuanto a la British Library, pese a esa mayor naturalidad  con que, según la profesora Zubiaurre, se aborda el sexo en otros países: lo cierto es que ha sido durante los últimos años, cuando parte del material que se conserva (con acceso restringido) en su Private case, se está distribuyendo por otras secciones de la biblioteca de acceso libre.




Ilustración incluida en Culturas del erotismo
en España
Lo que está claro es que el erotismo ha tenido un largo recorrido en las bibliotecas, y ha provocado no pocos quebraderos de cabeza en algunos casos a sus responsables. La última moda en Internet cambia por completo la relación entre erotismo y bibliotecas. Se trata de la afición por filmar vídeos eróticos clandestinos en las salas de lectura, y colgarlos en la red.

Ya son varias las estudiantes que han saltado a los medios por estos vídeos, pero la primera fue la estudiante de la Universidad de Oregon, Kendra Sunderland, que se enfrenta a una pena de cárcel y a una multa por montar su propia webcam erótica en la biblioteca. Una multa que podrá pagar tranquilamente, gracias a que ha sido contactada por Playboy para que pose en sus páginas. No hace falta mucha imaginación para imaginar cuál será la ambientación que la revista montará para la sesión de fotos.

Hysteria, una simpática comedia sobre
la invención del consolador, incluida

en la selección PasarelaBRMU/Las culpaSS
En la BRMU, al menos que nos conste, no se ha dado ningún caso de este tipo. Pero, ¿quién sabe? a más de uno, no le importunaría lo más mínimo. No por nada en Murcia se inauguró hace unos meses la Eroteca de Eva, un comercio especializado que huye del modelo sex-shop, y que demuestra una vez más que el sufijo -teca, sirve para aportar un plus de seriedad a cualquier asunto. Igual un día deberíamos organizar algo en la biblioteca en colaboración con ellos. Como dijimos en otro post: el sexo es puro instinto y el erotismo lo transforma en cultura.

Groucho Marx entre las muchas cosas inteligentes que dijo, formuló la pregunta que parafraseamos en el título del post: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? El secreto del éxito de la sombreada trilogía, aparte de por el marketing feroz, tiene mucho que ver con que no se trate más que una novela romántica convencional, aderezada con parafernalia propia de cualquier tapersex. 0% transgresión. Para muchos su éxito no viene a ser más que una demostración del chiste rancio que se preguntaba: ¿por qué las mujeres ven las películas porno hasta el final?, y respondía: por si al final terminan en boda.

El erotismo de bicicleta, un clásico del género
sicalíptico de principios del siglo XX en España
Y este post va a ser fiel a dicho chiste. Empezamos hablando de sexo y bibliotecas, y terminamos en boda. La de Dee y Simon para los que biblioteca, es sinónimo de amor.

Si alguien ha enarcado la ceja ante la propuesta de montar algo conjuntamente con la Eroteca, sólo les hace falta saber que en bibliotecas como la de la ciudad australiana de Mount Gambier, es una actividad habitual organizar citas entre solteros. Las denominadas citas rápidas o los encuentros de singles, que en Murcia suelen llevarse a cabo en cafeterías o en excursiones organizadas: en la ciudad australiana, los organizan en la biblioteca.

Y allí fue donde se conocieron Dee y Simon, usuarios de la biblioteca, que además de cultura encontraron a su media naranja. Las citas rápidas, por si alguien no lo sabe, consisten en conversaciones cronometradas entre solteros. Parten de la idea de que si en cinco minutos no has sentido ningún tipo de conexión con la persona que tienes delante, no merece la pena insistir.

Dee y Simon sintieron esa conexión de manera inmediata, pero se les olvidó tomarse los datos. Más tarde, tuvieron que recurrir al personal de la biblioteca para volver a verse. Bibliotecarios casamenteros, otra vía de futuro para nuestra profesión. El caso es que el día de su boda, los dos enamorados no pudieron más que incluir en su tour fotográfico a la biblioteca: el lugar en el que todo empezó.


Dee y Simon en el lugar en que saltó la chispa

No sabemos si algo así triunfaría en nuestra biblioteca. Tal vez un Club Social BRMU, no tanto orientado a buscar pareja (eso ya que surja si tiene que surgir) si no ha establecer grupos de amigos a través de la cultura. Todo será cuestión de meditarlo. De momento nos vamos con una muestra de esa capacidad que tiene el arte para transformar el puro instinto en cultura.

Si nuestro genial Quevedo abordó escatológicamente semejante parte del cuerpo; los artistas Mrzyk y Moriceau, consiguen que todo sea elegancia en un vídeo dedicado a la parte de la anatomía femenina que más celebra el músico Sébastien Tellier. Su tema Look combinado con las imágenes, resulta el cierre más sensual que podíamos imaginar a este breve repaso sobre las relaciones entre erotismo y bibliotecas.




viernes, 20 de marzo de 2015

Pequeñas dosis de realidad

Ava y Stewart evadiéndose de la realidad

Los hermanos Wachowski nos explicitaron con claridad que la realidad que percibimos está basada en mentiras en su obra magna Matrix (la primera parte, después lo pretencioso se les fue de las manos haciendo indigestas las siguientes) ; la estupenda El show de Truman, nos dejó claro que no hay que fiarse de lo que suponemos real, porque igual todos están confabulados para engañarnos. Y saltándonos décadas de cine, en la película de 1956, Cruce de destinos, el irreal bellezón de Ava Gardner sostenía un diálogo con su enamorado Stewart Granger, que era toda una oda al escapismo y un corte de mangas a la realidad:

“Los únicos que aceptan la realidad, son los que no tienen el valor suficiente para escapar cuando la ven llegar”

Truman, una vez descubierto el engaño:  dispuesto a subir las escaleras,
 abandonar su mundo, y enfrentarse a la realidad

J.M. de Prada también recurre a Matrix
para denunciar las realidades que a él
no le gustan en su último libro
¿Tan fea es la realidad que nos rodea?, ¿tan aburrida la observación reflexiva de nuestro entorno?, pues bien a tenor de las últimas soluciones adoptadas para evitar accidentes en las ciudades parece que sí. El ayuntamiento de Murcia ya ha instalado casi 300 señalizaciones en las calles avisando a los peatones de que no usen el móvil o los cascos para música, en un intento de evitar atropellos.

Y es que ya no son pocos, son legión, los que no sólo caminan absortos en sus móviles cuando se paran en un semáforo, sino que caminan mientras whatsappean, juegan al Candy crush, o chatean. Si no bastaba con los obstáculos que uno se va encontrando por la ciudad, ahora además se añade el esquivar a los zombis del móvil. La vida cada vez más parecida a un videojuego.

Una declaración de ¿amor o de enfado? en tiempos de smartphones:
"Siempre que estés dispuesto a levantar tu mirada del móvil, estoy aquí para ti"

El Ayuntamiento también dentro de esta campaña de concienciación ciudadana, incluye una performance con el nombre de Susto o muerte, en la que un actor disfrazado de muerte asustará a los peatones que vayan distraídos con su móvil o cascos. Esperemos que el esfuerzo municipal dé sus frutos; pero luego no nos quejemos de que el papá Estado nos tome por niños a los que hay que tutelar, y nos regule hasta en lo más nimio.




Antes de que todo lo tecnológico invadiera nuestras vidas, nuestros mayores se evadían de manera mucho más dosificada. Lo habitual era recurrir al cine los fines de semana, a o a la radio; la televisión ya fue un primer paso para este enganche continuo a la evasión que estamos viviendo ahora. Pero, ¿y los libros?

Los libros siempre han estado ahí (bueno al menos desde hace más siglos que todos los inventos posteriores), para evadirnos de la realidad y anclarnos a ella por igual; y pese a todas las campañas que se quieran organizar, siguen siendo la mejor manera de construir esa conciencia cívica que haría innecesaria ninguna performance para enseñarnos algo que hasta un niño sabe: si no llevas cuidado corres el riesgo de sufrir un accidente.




En la biblioteca de Chicago lo tienen claro, y por eso con su campaña Take 20, Read Plenty, persiguen fomentar la conciencia cívica en los niños mediante la lectura; incidiendo en la importancia de que se les lea a los niños al menos 20 minutos todos los días. Y a tenor del último baremo de hábitos de lectura, un porcentaje de la población española debería tener adiestrada esa conciencia cívica, aunque en demasiadas ocasiones cotidianas nadie lo diría (por otra parte, también es cierto que dicho baremo nos dice cuántos leen, pero no lo que leen).

Pero centrándonos en los datos puros y duros, los murcianos quedamos muy mal parados. El barómetro señala que uno de los índices más altos de lectores habituales se da en el levante,…hasta que se llega a Murcia. Algo que contrastado con nuestras estadísticas de préstamo de libros se contradice totalmente, pero es obvio, que nuestra visión está sesgada: nosotros trabajamos rodeados de esos murcianos que sí leen, aman la cultura y gustan de las bibliotecas. Y no, nuestro mundo bibliotecario no tiene nada de irreal, sólo hay que venir un sábado por la mañana para constatarlo.


Todo el levante de azul marino, hasta que llega a Murcia y se vuelve gris


Las campañas para promover la conciencia cívica están muy bien, pero a la luz de estos datos, también estaría muy bien reforzar el sistema de bibliotecas públicas para que esa conciencia naciera de la cultura; y dotar de medios a las bibliotecas para que puedan ir a más en su fomento. E igual de ese modo, no haría falta recordar a ciudadanos adultos, cuestiones básicas de convivencia que deberían ser de lo más obvio.

Y para terminar, nada mejor que rescatar un clásico de los 90. La sinfonía agridulce de The Verve, tuvo un vídeo que pareciera hecho para servir de guía en un curso de urbanidad vial. Tal vez sea una percepción viejuna ( pero, ¿qué quieren, si las bibliotecas somos viejóvenes, y hasta tenemos un manual de urbanidad bibliotecaria), pero no sólo en el uso de móviles o el abuso de bicicletas por las aceras, se percibe ese enseñoramiento egoísta con el que algunos habitan el espacio urbano: hay mil detalles más que Richard Ashcroft (¿qué habrá sido de él?) encarna a la perfección en su paseo avasallador.






martes, 17 de marzo de 2015

Ciencia-fricción bibliotecaria

Predator versus Alien jugando al ajedrez en la biblioteca


Ante ciertas noticias uno siempre se debate entre la hilaridad o la perplejidad. No es que vayamos a dudar de la seriedad como medio del rotativo británico The independent  (pese a que no poner en cuarentena las noticias que nos llegan en la era Internet, resulte toda una temeridad) no es un medio que esté considerado ni muchísimo menos, al nivel sensacionalista de, por ejemplo, los medios del "mafioso" James Murdoch. Pero la encuesta que acaba de publicar sobre cuáles son los trabajos más deseados por los británicos, nos suena un poco a ciencia-ficción, por no decir que a ciencia-fricción, por lo antagónica que resulta al contrastarla con la realidad.

El medio en cuestión se hace eco de una encuesta (¿qué sería de los medios y de este blog sin los tan socorridos estudios/encuestas/informes?) de la empresa de investigación de mercados Yougov. Según dicha encuesta llevada a cabo por dicha empresa entre más de 14.000 británicos, los trabajos más deseados por los siempre desconcertantes British son en este orden: escritor, bibliotecario y académico.

WTF?? que dirían los angloparlantes malhablados. Resulta que en el país que ha visto desaparecer muchas de sus bibliotecas durante los últimos años de crisis, que ha convertido a los voluntarios en los voluntariosos, valga la redundancia, sustitutos de los profesionales bibliotecarios (haciendo felices a los políticos que así se ahorran los sueldos de personal cualificado), y que ha dejado tocado de muerte al antaño magnífico sistema bibliotecario británico: ¿sus ciudadanos sueñan con ser bibliotecarios?

Encuentros accidentados en la tercera fase con la biblioteca

No sabemos muy bien qué detalle no alcanzamos a captar que dé algún sentido a esta noticia (y mira que en este blog cual agentes de Expediente X, rizamos el rizo cuando se trata de inventarnos explicaciones rocambolescas), pero en este caso no llegamos a explicación alguna. La razón que da el mencionado periódico para justificar estas aspiraciones laborales de los británicos, remite al aura de prestigio que da una carrera dedicada a la escritura, o la cultura en general. Pero como creerse algo es muchas veces simple cuestión de voluntad, en este caso nos lo queremos creer, porque nos parece de lo más esperanzador.


Tropa imperial culturizándose


Por contraste, en Francia, el país en el que se miraban durante décadas los españoles con aspiraciones de construir un país verdaderamente culto: el escritor Patricio Pron, en el semanario de El País de este domingo, nos inquieta hablándonos de los "biblioclastas". Según la noticia que recoge Pron en su columna Los destructores de libros, en las revueltas callejeras que se han dado durante los últimos años en suburbios de diversas ciudades francesas, se llegaron a quemar 72 bibliotecas públicas. La explicación que un joven magrebí daba a tal encono no puede resultar más desalentadora:

"Las bibliotecas están allí para adormecernos, para que nos quedemos tranquilos leyendo cuentos de hadas. No necesitamos libros, necesitamos trabajo"

¿Qué pasaría por su cabeza para asociar la cultura con la alienación?, ¿qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Resulta llamativo que el joven vándalo no culpe a Internet, ni a la televisión por su efecto adormidera; sin duda las bibliotecas le resultaban más tangibles y cercanas para ser víctimas de sus ansias de destrucción.

El artista urbano Bansky en su nueva acción en la franja de Gaza ha dejado la imagen perfecta para servir de metáfora del momento que estamos viviendo. Un gatito sobre los escombros de Gaza, un lindo gatito como los que proliferan por las redes sociales, y cada vez ocupan más espacio en los hipotéticamente serios informativos, compartiendo titulares casi sin solución de continuidad con la última masacre, o el último bombardeo. Vivimos en un mundo loco, loco, loco que decía aquella película de los 60, pero nosotros en la BRMU, pese a todo, tenemos motivos para conservar la esperanza.

Es difícil saber cuáles serán sus pasos profesionales finalmente, pero de momento el equipo de alumnos en prácticas que han elegido este año a la Biblioteca Regional como destino, no han podido más que elevarnos la moral, y reafirmarnos en que las bibliotecas con gente así tendrían mucho futuro. Lucía, Paula, Chiqui, Vanessa y Julio han puesto ganas, entusiasmo y profesionalidad. Si realmente, como sostiene la encuesta, los británicos ven con tan buenos ojos la profesión bibliotecaria, con nuestro equipo de alumnos no resultaría tan descabellado que algo así llegase a pasar también en nuestro país.

Sólo falta Julio en la foto para completar a un equipo con el que
cualquier biblioteca tendría futuro