viernes, 31 de julio de 2015

Centrifugando el 2015 [junio]

[Haz clic en las letras verdes, y centrifuga tu cerebro]


El mes de junio arrancó con algo que puede considerarse como un hito en la trayectoria de este blog. Un simple post, Bibliotecas low cost, se hizo viral en pocas horas y alcanzó picos de visitas, comentarios en redes sociales, y lo más inaudito: provocó un artículo a doble página en la prensa escrita, concretamente en el periódico La opinión.

Desde nuestra perspectiva, se han publicado post tan interesantes como éste, o más, y no han tenido esa repercusión. Pero ya se sabe que los designios de Internet son inescrutables. Y todo por una sencilla pregunta lanzada en las redes que actuó de cebo: ¿cómo es posible que cerca de 400 usuarios de bibliotecas en Murcia, vivan todos en el nº 55 de la Ctra. de Santa Catalina?




¿Ha provocado tal insólita repercusión que el blog tenga más seguidores desde entonces?, no lo parece por las estadísticas; ¿hemos conseguido despertar un mayor interés por las bibliotecas, que es al final de lo que se trata?, nada nos permite afirmar tal cosa. El Sic transit gloria mundi (Así pasa la gloria del mundo) es aún más cierto en el mundo digital. Y precisamente sobre este asunto nos preguntábamos en otro post de este mes: ¿qué habría sido de Greta Garbo en la era de Facebook?




Un no-seguidor, más bien un troll, a través de Twitter nos atacó por hablar y seguir por de esta red social el fenómeno de El Rubius, que sacamos a colación a raíz de esta entrada (bueno, y por ser funcionarios, pero eso ya va en el puesto). Y es que algunos no terminan de comprender que en las bibliotecas del siglo XXI, se puede, y se debe hablar de todo.

Pero el mes también dio para asuntos aparentemente más frívolos; pero que en realidad no lo son para nada; y que también obtuvieron repercusión en medios escritos ajenos a la biblioteca.

Uno de nuestros empeños durante el curso pasado, fue el de celebrar un desfile de moda en nuestras salas (idea que no descartamos para el futuro) pero como la logística y los costes no lo ponían fácil, después de todo, y de otro modo, conseguimos nuestro desfile final. Aunque fuera una mesa redonda y el lanzamiento de un nuevo proyecto, lo que nos sirvió de colofón para nuestra querida Pasarela BRMU.



Fernando, Irene, Pedro, Marta, Alexandra, Constanza y Carmen (los citamos por sus nombres como señal de cariño y agradecimiento a toda la ilusión, ganas y creatividad que han puesto en este proyecto), fueron los deliciosos contertulios en esta reflexión sobre moda, sostenibilidad, cultura, sociedad y mil asuntos más que salieron a relucir en una actividad pionera que estrenamos en Espacio Pático.

BibliOkupa. Así la hemos bautizado, y gracias a la complicidad de Mamen Navarrete se concretó por primera vez, con vistas a seguir desarrollándose en más espacios: aliando de alguna manera a la Biblioteca Regional con la pujante iniciativa privada cultural que está sacudiendo a Murcia. El reportaje que Müsh Magazine hizo sobre el evento, es el mejor resumen en imágenes de aquella estupenda velada.



Los horarios en la BRMU siempre han sido una patata caliente, que periódicamente nos asalta de una manera u otra; así que dedicar una entrada a una biblioteca cuya llave la tienen los usuarios no resultaba nada gratuito, y además nos permitió abrir un pequeño debate sobre la madurez de nuestra ciudadanía a la hora del respeto a los bienes que son de todos.


Y una vez comprobado que la moda, lejos de ser algo frívolo, es un asunto que sirve para abordar todos los temas que se quiera, era inevitable que terminásemos llevándola por completo hasta nuestro terreno; y dedicásemos un nuevo post a la decoración de bibliotecas. Y de paso, no sabemos si acuñamos un nuevo concepto con futuro: los personal shoopers librarians.



lunes, 27 de julio de 2015

El aura y Spotify

El logo de la mítica compañía discográfica: La voz de su amo


Walter Benjamin falleció en 1940, por lo que difícilmente podía prever lo que iba a suceder con la industria de la música casi un siglo después. Pero sin ánimo de profetizar nada, el filósofo y ensayista alemán más amado por las nuevas generaciones, ya dejó claro en la primera y convulsa mitad del siglo XX, lo que iba a acontecer con la música a partir de entonces.




Totalmente desacralizada, manufacturada, y expoliada su aura, la experiencia musical que en los siglos precedentes suponía toda una liturgia, un acto exclusivo y único: se convertía en objeto de usar y tirar a partir del momento en que el gramófono permitía reproducirla una y otra vez en el salón de casa. Así que no es de extrañar que la primera industria que ha quedado herida de muerte ante el empuje tecnológico, haya sido precisamente la de la música. La industria del cine le siguió (el todopoderoso productor Harvey Weinstein declaraba hace poco que: "cuando alguien ve una película en un móvil solo te queda llorar"); y ahora es la industria editorial, la última por ser alcanzada por la onda expansiva de lo digital.

¿Será por eso que la gastronomía y la moda ocupan cada vez más espacios en los medios? En el texto de presentación de Fernando Aliaga en nuestra Pasarela BRMU, sosteníamos que las sociedades necesitan rituales, y tanto la moda como la gastronomía resultan efímeros, consumibles y altamente ritualizables. ¿Los chefs y los diseñadores han venido a competir con las estrellas del rock y del cine?

Pero elucubraciones aparte, el promotor Pino Sagliocco, todo un referente durante las últimas décadas, se lamentaba en una entrevista de la falta de renovación generacional entre las grandes estrellas internacionales de la música. Décadas después de su irrupción, los únicos que siguen agotando las entradas en los macroconciertos de estadio son bandas como U2, AC/DC, Los Rolling o Madonna. Figuras marginadas en las radios comerciales anglosajonas, que excluyen a todo artista que supere los 40; pero que preservan aún el estatus de sumos sacerdotes para feligreses de todo el mundo.

Ya no hay presupuesto para grandes vídeos, y el streaming o los politonos hacen que consumir música se parezca cada vez más a comer pipas. Los festivales de música siguen gozando de muy buena salud; pero muchas veces, se confunde el genuino amor por la música en directo, con la sospecha de servir como mera excusa para un macrobotellón. Como contrapartida,  el aumento de ventas de vinilos supone un movimiento de resistencia a todo esto, que deja claro que en estos tiempos vertiginosos: a cada tendencia le acompaña su movimiento de resistencia.





Por todo eso, resulta tan interesante el Mapa Musical de las Ciudades del Mundo, que ha publicado la plataforma Spotify, y que desvela lo que más se escucha en las ciudades de tres continentes. Una estupenda manera de perder el tiempo, ir pinchando en las mil ciudades que aparecen señaladas en el mapa, e indagar sobre qué tipo de música copa los primeros puestos. Y es un buen ejercicio, porque en contra de lo que pudiera pensarse, tras dejar claro que el género que más se escucha en general es el hip hop; Spotify ha discriminado en cada ciudad lo que la distingue del resto, lo cual depara no pocas sorpresas.

Y una de ellas, es que entre esas mil ciudades se encuentra Murcia. ¿Qué se escucha en Murcia a través de Spotify? David Bisbal aparece, pero prácticamente como solitario representante de su estilo de música. El listado está dominado por grupos indies, y por una evidente querencia por la tierra.

Los grupos murcianos Varry Brava, Viva Suecia, Second, comparten puestos con Lori Meyers, Supersubmarina, Izal o Robe. Es una buena noticia que los usuarios de Spotify en Murcia, apoyen la escena local; ya hemos hablado en varias ocasiones de la estupenda época que está viviendo la música con denominación de origen murciana; y esa acogida por parte de los melómanos murcianos, siempre es positiva.



La alucinante Hyundai Car Libray of Music de Seul

Y es que por mucho que se desacralice, que pierda el aura, o que determinadas formas de consumo la maltraten: la evidencia es que no podemos vivir sin música. Sólo hay que mirar una vez más a una de las potencias emergentes que más lecciones nos dan en su defensa de las bibliotecas: Corea del Sur. La Hyundai Car Library de Seul, abrió sus puertas recientemente para ofrecer sus más de 10.000 vinilos, en la que es desde ya, la biblioteca dedicada a la música más grande del mundo. Un alucinante espacio con todos los estilos de música imaginables, que se puede escuchar en tocadiscos disponibles para el público.

En la BRMU (aunque ya dijimos que Queremos ser surcoreanos) no podemos aspirar a tanto, pero en lo que respecta al momento musical que está viviendo Murcia; estamos pendientes de lo que se va editando, para así conservarlo en nuestra sección de Fondo Regional, al tiempo que se disponen ejemplares para el préstamo en nuestra Mediateca.

Pero queremos ir más allá, estamos fraguando un proyecto sobre música hecha aquí durante las últimas décadas, que esperamos que pueda ver la luz con el nuevo curso. De momento, hasta aquí podemos leer. Mientras tanto, nos conformamos con disfrutarla, a ver si así conseguimos recomponer en algo ese aura de respeto que toda disciplina creativa se merece.





martes, 21 de julio de 2015

La bibliohamaca y el chapuzón



Como cada julio, nuestro bibliobúses han iniciado su campaña de verano. Los verdaderos pioneros en eso de la BibliOkupación de espacios urbanos, ya están recorriendo playas, y prestando a diestro y siniestro a pie de chiringuito.

Que las bibliotecas no son de fiar no lo vamos a descubrir aquí, aprovechamos la relajación estival y la atención despistada de la población mientras disfruta sus vacaciones, para intentar meterles la cultura de las formas más sibilinas. Si hay un hábito irrefrenable en cualquiera que esté de vacaciones, sea en la playa, en el campo o en la montaña: es la de tumbarse a la bartola. La imagen por antonomasia para representar las vacaciones: es la de una hamaca. Y en Francia, dos estudiantes de diseño en Artes decorativas en París, han desarrollado el no va más en esto de inducir a la lectura en vacaciones: la Bibliohamaca (traducción más que libre que hemos hecho de su nombre original).


No hay más que ver  las fotos para entender en qué consiste el invento. Amandine Lagut junto con su compañera Charlotte Thon, consiguieron fabricar su prototipo gracias a una campaña de crowfunding. El verdadero diseño primigenio de Lagut y Thon, es la Cheminambule, y consiste en un puesto ambulante que se desplaza a pedales,  y con el que, en un momento, se puede montar un agradable merendero para barbacoas o parrilladas, en cualquier plaza o espacio urbano. Pero la adaptación que más nos gusta de esta idea es la Bibliambule; en vez de un puesto de venta de comidas ambulante, una biblioteca ambulante que al abrirse despliega un total de 7 hamacas en las que tumbarse relajadamente a leer.



El invento ha tenido tal acogida, que algunas ciudades ya están encargando su Bibliambule, como prolongación de sus servicios de lectura. Como explican sus artífices, era una manera de hacer llegar la lectura de una forma divertida y ágil a poblaciones que en muchas ocasiones no son muy dadas a leer.

En Murcia con las temperaturas que gozamos la mayor parte del año (excluyendo el abrasador verano), la BRMU debería plantearse sumar a su flotilla de bibliobúses, unos cuantas Bibliohamacas. Los bibliotecarios conseguiríamos unas piernas estupendas para lucir en bañador; y nuestras plazas y calles estarían de lo más divertidas y lectoras.




Tipos de bibliotecas móviles hay muchos, y de los más peregrinos (Biblioburros en Colombia, Bibliodromedarios en Mongolia, las Biciclotecas en Brasil, los Biblioisocarros en la India, etc…), pero para completar la hamaca con el chapuzón posterior, optamos por la Biblioteca flotante de Minnesota (Estados Unidos). Con horarios establecidos y préstamo de libros, en mitad del lago Silver, es posible acercarse en kayak, canoas, patines o barcas, hasta la refrescante Biblioteca flotante. Como bien especifica en su normativa: se puede ir nadando hasta la Biblioteca, pero no se aconseja por las corrientes del lago, y porque una vez allí, no se dejará subir a los nadadores. Pese a ello, si algún valiente se atreve, no hay problema: los libros llevan fundas impermeables.

Queda claro tras revisar tales inventos, que por tierra, mar o aire, las bibliotecas no cejan en su empeño por fomentar la cultura. Así pues, mezámonos relajados en la hamaca al rico son de un cálido tema, por ejemplo de Caloncho, y disfrutemos mientras tanto de una buena lectura.




viernes, 17 de julio de 2015

Risas enlatadas



No nos consta que se haya publicado ningún estudio de ninguna universidad lejana, de nombre exótico, que demuestre que: a menor calidad en los guiones de una comedia televisiva (las denominadas sitcom en el argot televisivo), mayor número de risas enlatadas para inducir a la hilaridad por imitación.

La serie sobre Hannibal Lecter que tan buenas
críticas recibió, y se canceló tras su tercera
temporada
Aparte del bostezo, la risa es lo más fácil de contagiar (junto con la estupidez, según dicen, pero no vamos a ahondar en eso ahora). Pero cuando el silencio en el salón de casa atruena más que las risas enlatadas; el veredicto de los audímetros al día siguiente, puede resultar de lo más desolador. Lo más probable, salvo milagrosa remontada en la siguiente semana, es que la cadena que la emite, cancele la serie.

Series míticas ahora como Los Soprano, The wire, Breaking bad (esas que nuestro público se lleva con ansiedad de nuestra Mediateca), si no llegan a nacer fuera de la televisión generalista (cadenas de pago mediante) nunca habrían llegado ni a la segunda temporada, ni habría provocado esta edad de oro en la ficción televisiva que estamos viviendo.

La rentabilidad inmediata, el éxito a la primera, se avienen mal con el poso que requiere urdir algo mínimamente creativo. El concepto de industria cultural viene bien para definir que la cultura requiere de infraestructuras que la hagan posible; pero aplicar la lógica de la producción en cadena a la creación, no parece lo más acertado (por mucho que la filosofía warholiana haya triunfado en el mundo del arte por todo lo alto, Jeff Koons mediante).




El tempus fugit en la era de lo digital no da tregua, y sólo ama la novedad; y eso se extiende a todos los ámbitos. En los escaparates de las pocas librerías que subsisten, se amontonan los mismo best sellers; en las cadenas de multicines se multiplican las mismas películas, marginando títulos que antes se estrenaban con menos pantallas. Minimizar riesgos, maximizar tendencias: la uniformidad de los gustos es el sueño húmedo de cualquier multinacional.

Viñeta de lo más ilustrativa de Shintaro Kago
Cada vez cuesta más disentir, aplicar una sana resistencia al pensamiento único, protegerse del aturdimiento al que someten a nuestro cerebro tantos estímulos.

Uno de los pocos lugares donde es posible convertir la disidencia en hábito saludable es en la biblioteca. Mientras en los gimnasios, los cuerpos intentan clonarse para asemejarse al canon estético que marca la publicidad; en las bibliotecas, cada uno puede confeccionarse su propia tabla de ejercicios lectores, con los que crearse una opinión propia.

Y no se trata de simple verborrea bibliotecaria, en este caso la coletilla publicitaria "demostrado científicamente", no incurre en publicidad engañosa. Han sido investigadores de la prestigiosa Universidad de Standford los que han comprobado los beneficios estrictamente físicos que produce la lectura. El estudio (sí, otro estudio de una universidad, pero en este caso de Stanford, un respeto) que están desarrollando entre neurobiólogos, radiólogos y expertos en humanidades consiste en efectuar resonancias magnéticas a los cerebros de voluntarios, mientras leen fragmentos de novelas de Jane Austen.


La última aventura de Pixar (Del revés), transcurre en el cerebro


Los resultados les han sorprendido al constatar el aumento del flujo de sangre a zonas del cerebro más allá, de las que se implican normalmente, cuando estamos prestando mucha atención a una tarea. Según las primeras conclusiones, dependiendo del estilo de lo que leamos: se activan patrones distintos en nuestro cerebro; y se coordinan funciones cognitivas mucho más complejas que las que se movilizan cuando se trata de trabajo o juego. ¿Qué reacciones provocaría leer este blog dentro de una máquina de resonancia? Afortunadamente Standford nos queda lejos.

Pero sin necesidad de resonancias magnéticas, ni estudios multidisciplinares, nos atrevemos a asegurar que para evitar que el pensamiento se convierta en un acto reflejo, como el que intentan provocarnos esas risas enlatadas del principio: la única prevención posible se encuentra en las bibliotecas.

Por eso vamos a cerrar con otro experimento, que puede resultar tan incómodo como estar dentro de un túnel de resonancia magnética. Visionar escenas del clásico del terror El resplandor de Kubrick, con banda sonora propia de una sitcom: es un cruce de mensajes a nuestro cerebro, que confiamos no provoque ningún cortocircuito neuronal a nuestros seguidores.




martes, 14 de julio de 2015

Realidad entrecomillada

Detalle de la fantástica portada que Manuel Estrada diseñó
para Psicopatología de la vida cotidiana de Freud


Un, muy recomendable, título
reciente en nuestras colecciones
Fue el genial Vladimir Nabokov, el que en su prólogo a su obra maestra Lolita, escribió: "Realidad", una palabra que no significa nada sin comillas. Y como en tantas otras ocasiones, definió certeramente el carácter esquivo, resbaladizo y cambiante de algo que todos creemos entender, pero que pocos alcanzamos a definir con claridad. Sólo el entrecomillado puede dar sentido a la realidad como concepto general, porque para cada uno "su realidad" es distinta de la del otro; y la que compartimos entre todos, no deja de ser el resultado de un acuerdo tácito, una cláusula del contrato social. Un acuerdo al que llegamos, por aquello de que nos necesitamos unos a otros, y estamos obligados a compartir espacios.

La actriz Mara Wilson sabe mucho de eso, y lo sabe por experiencia propia. Desde que protagonizara la deliciosa adaptación el cine del clásico juvenil de Roald Dahl, Matilda (1996), la actriz ha desarrollado una carrera como actriz, escritora y dramaturga de lo más interesante; pero su nombre ha saltado a los medios últimamente por otra razón.

Wilson grabó un vídeo para el proyecto UROK, que lucha para acabar con el estigma social que recae sobre las enfermedades mentales. Mara ha sufrido durante años ataques de ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo y depresiones: decidida a dar un paso al frente, la actriz confiesa cómo ha conseguido apaciguar lo que durante muchos años la ha atormentado, como una manera de darle visibilidad a los trastornos mentales, y ayudar a otras personas que se encuentren en situaciones parecidas:



En el papel de Matilda, Mara interpretaba a una niña con poderes telequinésicos, que se evadía de su realidad a través de la lectura. Aunque más que evadirse de la realidad, lo que Matilda hacía era crearse una realidad propia, una realidad más amable, más confortable. Y, ¿quién no se está creando realidades más amables en su cabeza continuamente?

Tal y como cuenta en el vídeo, Mara Wilson tiene un show bajo el nombre de ¿Qué te da miedo? con el que busca compartir miedos, y reírse de ellos. Y la autora de cómics Ellen Forney hace exactamente lo mismo en su delicioso título autobiográfico: Majareta, manía, depresión, Miguel Ángel y yo.

Forney descubrió al cumplir los 30 años que padecía un trastorno bipolar. La crónica que hace de su enfermedad en este cómic no puede ser más positiva, sin ahorrarnos ninguna de sus dudas, temores y miedos. Como artista, el temor a que la medicación perjudicara su creatividad, fue su primera preocupación. Pero como dijo Bernand Shaw: "los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma" Y Forney optó por mirarse en el espejo del arte, por mirarse en Van Gogh, en Paul Gaugin, Tenesse Williams, Mary Shelley, Virginia Woolf, Joan Miró o el mismísimo Miguel Ángel Buonarrotti;  en tantos y tantos creadores que padecieron en el pasado trastornos mentales, y que de su tormento hicieron su fortuna.


Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma. - See more at: http://www.citasyproverbios.com/citas.aspx?tema=Arte#sthash.in44eGYx.dpuf
Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma - See more at: http://www.citasyproverbios.com/cita.aspx?t=Los%20espejos%20se%20emplean%20para%20verse%20la%20cara;%20el%20arte%20para%20verse%20el%20alma.#sthash.TQ0MME2U.dpuf


Ya hemos hablado en varias entradas de la biblioterapia que lleva a cabo la School of Life (Escuela de la vida) en Londres. Los biblioterapéutas de esta escuela, entre los beneficios que citan a la hora de ensalzar las ventajas de sus tratamientos, mencionan el de mitigar la soledad: el consuelo que da encontrar expresado por otros, esos pensamientos, ideas o sensaciones que hasta entonces creíamos únicas y exclusivas de nuestra persona.

Esta biblioterapia es algo que la asociación murciana A.F.E.S. (Asociación de Familias y Personas con Enfermedad Mental) lleva practicando desde hace años en la Biblioteca Regional. Cada semana, acompañados de monitores, acuden a nuestro centro grupos de esta asociación a por su dosis de cultura y diversión, como una parte más de su terapia.




Y ha sido en esta asociación, donde una de las entusiastas alumnas que este año han realizado su prácticum en la Biblioteca Regional, ha desarrollado su Trabajo fin de grado. La enérgica Vanessa, después de revolucionarnos (para bien) junto con sus compañeras, ha planteado su trabajo como una manera de biblioterapia que va más allá de lo propuesto por la Escuela de la Vida londinense.

Santi, Juanjo, Paco, Miguel, Víctor, Antonio y Rafa (que así se llaman los integrantes del grupo con el que ha trabajado Vanessa), han desarrollado actividades que ellos ven como ideales para una biblioteca pública; y de esta manera tan sencilla, han hecho más suya a la Biblioteca Regional.

Mural con los nombres de las distintas acciones
ideadas por los chicos de A.F.E.S.
(pinchar para ampliar)

Desde enriquecer la sección de visionado de películas, añadiéndole puestos para escuchar música, y celebración de cinefórums; pasando por potenciar todo lo relativo al cómic manga, incluyendo merchandising y disfraces; talleres y recitales en los que la poesía y la filosofía fueran las protagonistas; acercamientos didácticos y divertidos al mundo de la ciencia; o cursos radiofónicos y de fotografía. Toda esta tormenta de ideas han conformado la acción formativa Cre@Cultura.

Y nos han dado un nuevo ejemplo de la gran labor que las bibliotecas podemos desarrollar como instituciones útiles, integradoras: que sirven en definitiva, para que esa realidad entre comillas de la que hablaba Nabokov, resulte algo más amable y llevadera para todos.





miércoles, 8 de julio de 2015

Sacando los colores



¿Qué fue de las películas coloreadas? Siempre resulta curioso recordar supuestas modernidades que el tiempo caducó incluso antes de que llegasen a cuajar entre el público.

El intento de explotar los clásicos cinematográficos rodados en glorioso blanco y negro, pintarrajeándolos electrónicamente fue una moda que igual que vino, se desvaneció, para alivio de cualquier cinéfilo de pro. En los 80 las emisiones por televisión de títulos míticos como Objetivo Birmania, El sueño eterno, La calle 42 o Casablanca, sumaron nutridas audiencias que hicieron pensar a los responsables de tales dislates, que el invento tendría futuro. Quienes vieran algunas de aquellas herejías cinematográficas, recordarán los saturados tonos pastel que ensuciaban la expresividad de Humphrey Bogart o Ingrid Bergman, apoyados en la barra del Rick’s Café; y que quitaban las ganas de pedirle a Sam que la tocase otra vez.

La obsesión por modernizarse a toda costa, sólo puede desembocar en el ridículo. El diccionario de la RAE entre las acepciones del término clásico, incluye aquello que “se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia”. Hace décadas, las creaciones aspiraban a alcanzar algún día la categoría de clásico; ahora va todo tan deprisa que no da tiempo a que nada se asiente el tiempo suficiente.

Hace unas semanas ha llegado a nuestra biblioteca la edición de  El Quijote modernizado por Andrés Trapiello. Por supuesto que la labor de Trapiello con el clásico cervantino no ha consistido en ensuciar al original, como hicieron con los clásicos del Hollywood dorado: pero ha reabierto el viejo debate sobre lo idóneo, o no, de adaptar a la actualidad, obras inmortales. Desde académicas como Soledad Puértolas, o premios Nobel como Vargas Llosa, defienden estas actualizaciones frente a voces como la de Alberto Manguel, que en un interesante artículo de El País: sostiene que estas adaptaciones no son más que muestras de pereza intelectual.

Tal vez, el mejor argumento para situarse en el punto medio en este debate, sea recurrir a las razones que Italo Calvino daba de ¿Por qué leer a los clásicos? Entre el listado de argumentos de su delicioso ensayo, quizás la razón número 13 que daba el inolvidable literato italiano nos resulte la más adecuada:

"es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo"

Estatua del emperado Augusto
Por eso tal vez lo importante cuando alguien se decide a remover a los clásicos,  no sea tanto el hecho en sí de renovarlos, sino el motivo por el que se hace. En el caso de Trapiello está claro que es el amor por la obra cervantina; en el caso de las películas, no parece que hubiera otra que el puro y duro mercadeo.

Y es que sacarle los colores a los clásicos puede depararnos desagradables sorpresas. El traje de Humphrey Bogart en la famosa escena con Ingrid Bergman en el Rick's Cafe, era de color rosa: de manera que al fotografiarlo en blanco y negro simulase un blanco resplandeciente. Si se recuperase el color original de las pirámides egipcias su solemnidad secular quedaría en entredicho ante la mezcla de colores originales con que se edificaron; o las esculturas de la Grecia o la Roma antiguas, nos parecerían auténticos ninots falleros al resucitar con su policromía original.

De la seriedad que le han dado los siglos,
al colorido drag queen que tenía en su origen

"Hay que ser absolutamente moderno" que proclamó insolente Rimbaud. Pero para los tiempos que corren, la manera de ser más rabiosamente moderno empieza por reivindicarse orgullosamente clásico.

Por eso, nada más propio que acabar en glorioso blanco y negro. No sabemos si Melody Gardot llegará a ser una clásica, pero su elegante (y refrescante) vídeo para su tema Baby, I'm a fool, evoca ese Hollywood añejo que los amantes de los clásicos no queremos que nadie, ni nada, nos ensucie jamás.




jueves, 2 de julio de 2015

¿Es la BRMU una biblioteca gay friendly?

El logo de la BRMU con los colores del Orgullo gay, gracias a la aplicación
 con la que Facebook permite mostrar el apoyo al colectivo LGBT


Nos incomoda, como a muchos, el uso de extranjerismos gratuitos. Pero también es cierto que determinados anglicismos han calado tanto a la hora de describir ciertos conceptos, que en ocasiones resultan muy útiles.

Por ejemplo, ese gay friendly sobre el que interrogamos en el título de este post: que no viene a ser otra cosa que la manera que se tiene para calificar a lugares, personas, políticas o instituciones que están a favor del reconocimiento de los derechos del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Si la BRMU es o no gay friendly, en cualquier caso debería ser respondido quizás por la asociación No te prives, que en nuestra Región representa al colectivo.

Y no sería ninguna cuestión superflua, si aprovechando que estamos en la semana del Orgullo gay, repasamos lo importante que las bibliotecas han sido para el colectivo a la hora de alcanzar la deseada normalización en las sociedades occidentales.

"Abraza a un homosexual", pionera iniciativa del colectivo LGBT

Nada menos que en 1971, la activista por los derechos de los gays Barbara Gittings, organizó la campaña Abraza a un homosexual (Hug a homosexual) en la convención de la ALA (Asociación de Bibliotecas Americanas) como una manera de dar visibilidad al colectivo, y reivindicar la importancia de su presencia en las bibliotecas. Con el consiguiente escándalo para muchos conservadores del sector.

Ya hablábamos en Donaciones interesadas, de cómo las asociaciones gays de Canadá efectúan grandes donaciones de fondos a las bibliotecas de su país, como una forma de sensibilizar a la ciudadanía sobre el respeto hacia sus derechos. Ese reconocimiento hacia el papel y la importancia que las bibliotecas públicas tenemos para ayudar en la concienciación sobre determinados asuntos; deja claro que los activistas del colectivo sí que han sido siempre libraries friendly.

La portada de la polémica
Pero volviendo a los Estados Unidos, todavía en 1992, una simple portada en la revista American libraries (Bibliotecas americanas) en la que aparecía una fotografía reivindicativa del colectivo, despertó tanto aplausos como críticas, por aquellos que sostenían que las bibliotecas estaban glorificando la homosexualidad.

Desde entonces, afortunadamente, se han dado muchos progresos. Ya en los ochenta (en plena irrupción del VIH) nació un tesauro para estandarizar terminología propia del colectivo, y así lograr encabezamientos "más amables" en las catalogaciones de la Biblioteca del Congreso. Hasta llegar a la Comisión del Arco Iris creada en 2010, para la elaboración de bibliografía recomendada a bibliotecas.

Global gay: cómo la revolución gay
está cambiando el mundo
Y es que está claro que cualquier colectivo que aspire a legitimar sus derechos, debe partir de un corpus teórico que le provea de argumentos. Así que un buen baremo a la hora de medir lo gay friendly o no que es una biblioteca, consiste en echar un vistazo a su catálogo.

En la Biblioteca Regional, si rastreamos en nuestros fondos, encontraremos desde obras que abordan la homosexualidad desde la sociología, la religión, la perspectiva histórica, el arte, la medicina, la psicología, la filosofía o incluso la música.

Y si indagamos por el lado de la teorías de género o las políticas queer (políticas marica o bollera: el colectivo gay ha sido maestro a la hora de invalidar al enemigo a través de la apropiación del lenguaje), contamos con los títulos más significativos de autoras como Beatriz Preciado, Judith Butler, Camille Paglia o Itziar Ziga, por mencionar sólo algunos nombres.



Pero por supuesto hay muchísimo más. Las películas, los cómics, la narrativa, hacen que el número de obras que abordan la cuestión de una manera u otra; requerirían de una búsqueda casi estantería por estantería.

Incluyendo por supuesto, libros infantiles. Títulos como Paula tiene dos mamás, Las cosas que le gustan a Fran, o el tristemente célebre Tres con Tango. Y no decimos que sea tristemente famoso porque su historia sea triste, todo lo contrario: sino por el gran número de censuras que lleva acumuladas en muchas bibliotecas.


La última, en las bibliotecas de Singapur, donde junto con otros títulos infantiles que buscan explicar a los más pequeños una realidad con la que tendrán que convivir: las autoridades han decidido destruir todos los ejemplares de la tierna historia de cómo dos pingüinos machos crían a un polluelo.

Por eso, pese a que en todos los Estados Unidos ya sea legal el matrimonio gay (algo de lo que nos podemos sentir orgullosos en nuestro país), a que el Papa Francisco haya abogado por el respeto desde la Iglesia, o a que en un país tan tradicionalista como México, se haya legalizado también la unión entre personas del mismo sexo. Mientras se siga persiguiendo y discriminando en cualquier rincón del planeta a un colectivo: las bibliotecas debemos estar presentes.

Y para poner algo de música a esta panorámica apresurada sobre la relación bibliotecas-colectivo LGBT, no necesitamos subirnos a ninguna carroza. Nada mejor que cerrar con el bellísimo tema de John Grant, Glacier. Su vídeo es el resumen perfecto de ese largo recorrido que se lleva librando desde hace décadas por algo tan básico, como es el respeto a la opción sexual de cada uno: