miércoles, 30 de septiembre de 2015

Centrifugando el 2015 [julio-agosto]

[Haz clic en las letras verdes, y centrifuga tu cerebro]

Después de este verano, a cualquiera que diga: ¡qué ganas tengo de que llegue el calor!: habría que desterrarlo al desierto de Gobi. Ese tipo de provocaciones en Murcia son intolerables. La declaración de amor que corría por las redes hace unos meses ("Por ti pasaría un agosto en Murcia"), después de este julio y agosto, sólo podría ser pronunciada por un masoquista.

Pero aquí estamos, celebrando el aire frio en las capas bajas de la atmósfera que dicen los de la tele; y aprovechando, ahora que podemos respirar, para comprobar que pese a todo: los circuitos de este blog no se han derretido durante el verano.



Antes de sospechar hasta dónde podían llegar las temperaturas, recién estrenado julio; lanzamos una pregunta al aire que algunos recogieron por las redes: ¿Es la BRMU una biblioteca gay friendly? Era la semana del Orgullo gay, así que resultaba de lo más oportuna, y nos encantó la respuesta de más de uno proclamándose orgullosamente BRMU friendly.

En los desfiles del Orgullo no es extraño que haya más de una referencia al mundo clásico; y en Sacando los colores, sacábamos algunas esculturas clásicas que para nada desentonarían en una carroza del Orgullo. Y es que ya lo decíamos: "para ser rabiosamente moderno, hay que proclamarse orgullosamente clásico".

 Pero era verano, el termómetro ya amenazaba, así que sin dudarlo nos lanzamos al agua y al abandono más placentero gracias al mejor invento de este verano: La Bibliohamaca y el chapuzón

No faltaron risas, enlatadas, pero risas. Y de una vez por todas, la duda existencial que atenaza a todo joven a la hora de decidir qué hacer una noche de verano quedó resuelta para siempre. ¿Biblioteca o discoteca?: las dos, ya no hace falta echar de menos a la una, mientras se está en la otra.



Tras dejar atrás a este verano, el Dúo Dinámico deberían reversionar su clásico El final del verano para eliminar toda su carga melancólica, y convertirla en un alegre y refrescante twist. En Spotify arrasaría, y precisamente sobre el aura de la música y lo digital, hablamos en El aura y Spotify.

Cuando el calor daba alguna tregua (¿?), nos dedicamos a los deportes, practicamos el egosurfing a la sombra del teclado; y así rememoramos esos veranos de los 60, en los que triunfaba precisamente el Dúo Dinámico, para constatar que pese a la aparente modernidad, en algunas cosas hemos cambiado muy poco.





"Realidad, una palabra que no significa nada sin comillas" una frase de Nabokov, que nos sirvió para demostrar que, aunque estemos en el estío, y enriqueciendo a las compañías eléctricas a golpe de aire acondicionado, no hay porque ceder a la abulia mental. 

Todo lo contrario, con Realidad entrecomillada nos dedicamos a reflexionar sobre la fina línea que separa al genio del loco; y de lo poco fiable que es calificar a alguien como "normal". 



Los datos sobre lectura en España siguen haciendo llorar,  pero lo cierto es que en verano hay un tímido repunte en las estadísticas. Un magro consuelo, pero al menos que se lea algo, aunque sean los posos de café; y así se convenza más de uno de que sin fomentar la lectura el futuro de todos será mucho más grisáceo.  Cafeína, teína y literatura servidas en dos humeantes tazas que nos sirvieron para dejar atrás al mes de agosto; hasta con alivio, pese al síndrome post-vacacional.




martes, 29 de septiembre de 2015

Préstame un ukelele, y te llevaré al futuro

Elvis en Hawai, culpable en parte del éxito del ukelele

La Biblioteca de las cosas, es el nuevo servicio de la Biblioteca de Sacramento en los Estados Unidos. No es la única, Julián Marquina en su blog, nos hacía un buen resumen de esta tendencia en las bibliotecas, principalmente estadounidenses, de ir mucho más allá de prestar libros, música o cine; y prestar todo lo habido y por haber (o casi).

Raquetas para la nieve, cañas de pescar, telescopios, moldes para pasteles, discos voladores, pelotas, etc... Un largo muestrario de objetos que las bibliotecas han ido sumando a su oferta, y que junto con las impresoras 3D, marcan líneas de futuro para nuestras instituciones. Pero entre los objetos que más no han llamado la atención que se presten en las bibliotecas se encuentran: las muñecas y los ukeleles.


Las muñecas americanas junto a los cuentos que las acompañan,
listas para ser prestadas


Por ejemplo, en la Biblioteca de Boca Ratón (Nueva York), están disponibles al préstamo un total de 6 muñecas que representan diferentes tipologías culturales de las que componen la sociedad norteamericana. Las muñecas van acompañadas de una selección de cuentos, y de un cuaderno para que los niños que las prestan puedan escribir las aventuras que recrean con las muñecas. ¿Una buena idea para la BRMU?, nos la apuntamos, eso sí, pensando en ir más allá de las muñecas por aquello de evitar el sexismo en los juguetes.

Marilyn en Con faldas y a lo loco
hizo del ukelele un arma de seducción masiva

Pero muñecas aparte, el préstamo que más no ha gustado es el de ukeleles. Primero por el instrumento en sí, que es simpático desde el nombre; pero también por la cantidad de ventajas que ofrece a la hora de fomentar la formación musical: es pequeño, fácilmente transportable, y como bien indica Eva Parker bibliotecaria de Avondale en Arizona, es económico.

Puede que los hipsters estén en franca decadencia, pero lo cierto es que siguen generando modas que se comercializan cada vez más rápido; y lo del ukelele lleva unos años siendo tendencia en el mundillo hipster, e inevitablemente se ha hecho mainstream. Su amor por lo vintage (¡qué empacho de extranjerismos y cursivas!) tenía que trasladarse de alguna manera a la música; una vez explotado el teremín, el ukelele causa furor y las bibliotecas, oportunistas como las que más: están ahí para explotarlo.

Clara Rockmore, virtuosa del teremin

Caleb Kraft, el orgulloso inventor del
ukelele lanzallamas
Echando la vista atrás, como tanto les gusta hacer a los hipsters a la hora de inspirarse, resultaría auténtica ciencia ficción el pensar que un día en las bibliotecas, se iban a prestar todo tipo de cosas, incluidos ukeleles. Pero las ideas que del futuro nos hacemos, pocas veces se terminan correspondiendo literalmente a lo que imaginamos (sólo hay que ver el modelo ukelele-lanzallamas, muy práctico en barbacoas vecinales: a la vez que deleitas a tus vecinos con tus progresos, puede ir haciendo la carne)

En un delicioso post reciente de nuestra web de cabecera Open Culture, se repasan algunas de esas ideas que del futuro se hacían nuestros antepasados; concretamente la idea que algunos de los ilustradores franceses del año 1899 se hacían de cómo sería el 2000. En ellas no aparece ninguna ilustración de una biblioteca del año 2000, pero en las que hemos podido localizar por la red relacionadas con lectura o bibliotecas, ninguna contemplaba para nada el préstamo de ukeleles.


Leer libros a gran velocidad: un audiolibro en directo
Gafas para leer tumbado
Artilugios para leer de la forma más concentrada posible

Retrofuturismo en sentido inverso creado 
por la agencia brasileña Moma Propaganda

Dime, Rusty...¿Dónde puedo conseguir
una de esas cosas?



Entregarse al retrofuturismo conlleva placer y decepción a partes iguales: placer por el encanto y la ingenuidad que transmiten las ideas que de nuestro futuro nos hacemos; y decepción, por el hecho de que aún no se hayan cumplido tantas de las maravillas que nos prometían en películas y series de nuestra infancia.

Pero para sobrellevar la decepción, nada como la arrulladora voz del Rey en Hawai, que sin necesidad del ukelele lanzallamas, las terminaba derritiendo a todas. Una traición para sus fans más roqueros que odiaron a ese Elvis domesticado por Hollywood; pero una suerte para el ukelele, que así ahora puede ser reivindicado por los modernos del momento.




jueves, 24 de septiembre de 2015

Divina estás, preparada para la biblioteca





Vargas Llosa en La civilización del espectáculo


No es que queramos enmendarle la plana nada menos que a un premio Nobel como Vargas Llosa, pero en la BRMU aspiramos a acogerlo todo (siempre que sirva para aprehender el mundo en que vivimos). A la moda le abrimos las puertas de par en par gracias a nuestra Pasarela BRMU (y una vez abiertas, ya se quedan abiertas para siempre); a la gastronomía ya la celebramos hace años, y tenemos pendiente recuperarla; pero al arte y la filosofía, las llevamos celebrando en las bibliotecas toda la vida.

Todo suma, nada resta cuando se habla de cultura en una biblioteca pública. Pero mientras surge algún nuevo proyecto, nos ha encantado la unión que la ilustradora Gretchen Röehrs hace entre comida y moda. Algunas de sus ilustraciones comestibles desfilan por este post en el que la moda vuelve a ser protagonista por varias razones.



En el último número de la revista Mibiblioteca, la diseñadora de moda Agatha Ruiz de la Prada declara en una entrevista:

“la profesión bibliotecaria me parece apasionante porque otra de las cosas que me entusiasma es ordenar. Ordenar libros es lo que más me gusta del mundo. Por eso, ser bibliotecario me parece ¡una profesión soñada!”

Estas declaraciones unidas a la noticia de que la estrella mediática Mario Vaquerizo, acaba de matricularse en Información y Documentación (los estudios conocidos hace unos años como Biblioteconomía y Documentación), cumpliendo el sueño del que hablábamos en Ser bibliotecario, es lo más: no sabemos si puede interpretarse como el definitivo canto de cisne de la profesión.




No, por favor, que nadie nos malinterprete. Nos encantaría contar tanto con Agatha Ruiz de la Prada, como con Mario Vaquerizo en nuestra plantilla (de hecho ya invitamos a este último, en el post antes mencionado, a hacer las prácticas en nuestro centro. Así como a su mujer Alaska, que mucho antes que él, ya declaraba su amor por la profesión; como tantos otros artistas: Keith Richards, Eduardo Arroyo...).

Y es que, llámennos agoreros, pero cuando tanta figura relevante y exitosa idealiza a una profesión, con tanta insistencia, una de dos: o es que resulta muy exótica (y por lo tanto, más propia de un mundo pretérito que del actual), o que resulta entrañable, lo que aún suena peor a la hora de hablar de una profesión empecinada en estar a la última.

El caso es que a tenor de este aluvión de adhesiones bibliotecarias por parte de celebridades; pareciera que las bibliotecas estuviéramos de moda. No nos atrevemos a asegurarlo, pero lo que sí tenemos claro es que lo que ha estado de moda en la BRMU durante los últimos meses, ha sido la propia moda.


El próximo 2 de octubre, dos de los protagonistas de nuestra Pasarela BRMU presentan sus nuevas colecciones en el Centro Párraga de Murcia. Pedro Lobo y el dúo de diseñadoras Las culpaSS, desvelarán sus nuevos mundos creativos en un desfile que, en un principio, estaba pensado hacer en las salas de nuestra biblioteca.



Finalmente, y por razones ajenas a nuestra voluntad, (como decían hace muuuchos años en TVE ante problemas técnicos), no ha podido ser; y la idea de realizar un desfile en nuestras salas, largamente acariciado desde los inicios de nuestra Pasarela BRMU, queda guardado a la espera de nuevas oportunidades. Titis clothing y Fernando Aliaga, otros de los diseñadores que protagonizaron la Pasarela BRMU (junto con Constanza Mas y Carmen Ramil), hubiesen presentado también sus nuevas colecciones. Pero nuestro proyecto iba más allá.

Patrícia Soley-Beltran ganadora del premio Anagrama de ensayo 2015 con su obra: ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras (que por supuesto formó parte de la selección de obras para la Pasarela BRMU), estaba confirmada para dar una conferencia, previa al desfile, que se prometía apasionante.


Patrícia Soley en su carrera como modelo con look ochentero total,
y poco antes de abandonar la moda

Patrícia fue modelo y actriz durante la década de los 80. Al repasar algunas de las campañas publicitarias y reportajes de moda que protagonizó, es posible que muchos la recuerden; pero sobre todo, recuerden el tipo de chica que encarnaba, y que ella ayudó a crear. Una vez dejó la moda, o la moda la dejó a ella con tan sólo 25 años; marchó a Reino Unido a iniciar una carrera académica que la convertiría en licenciada en Historia Cultural en Aberdeen, y en doctora en Sociología del género por la Universidad de Edimburgo.

No es muy habitual el que una investigadora sea, a su vez, sujeto de su investigación; pero precisamente lo que da un valor único a su aproximación a la figura de la modelo como símbolo capitalista, al poder de la imagen en nuestra sociedad, y a la teoría de género: es el hecho de haber sido modelo. Como bien cuenta al principio del ensayo, ella aspiraba a ser un cruce entre su adorada Rita Hayworth y un intelectual francés; y a tenor de su interesantísima presentación en el foro TEDx Barcelona Women (que puede verse completo en este enlace) puede decirse que lo ha conseguido.

Patrícia Soley-Beltran en su TEDx Barcelona,
 bajo la imagen de Rita Hayworth y Foucault


La obra deJudith Butler: un corpus 
teórico perfecto para acompañar
una reflexión sobre la moda

El ensayo no es sólo interesante, ameno y divertido, sino que arroja una mirada privilegiada sobre el mundo de la moda; y sobre el mundo académico. Resulta impagable la anécdota de cómo algunos de sus colegas universitarios, le aconsejaban tener un aspecto menos glamuroso para ganar respetabilidad como intelectual (y que nos ha recordado al vídeo de Cómo intelectualizar la mirada). Está claro que ninguno estamos a salvo de prejuicios y clichés; por eso la visión que nos ofrece la ex modelo socióloga es una oportunidad de limpiarnos la mirada, y no aceptar totalitarismos estéticos, ni éticos.

Queda pendiente, pues, el fascinante tándem que formarían: la charla de Patrícia Soley-Beltran con el complemento del desfile de diseñadores murcianos en la BRMU: sería una ocasión para replantearnos el concepto de cultura en el siglo XXI, en el que las bibliotecas deberían estar más presentes que nunca.

Divina estás, preparada para el baile, cantaban los Radio Futura allá por los 80, en una canción dedicada precisamente a nuestra aspirante a bibliotecaria: Alaska. Pero como Soley-Beltran tiene como referente a Judith Butler (además de haber traducido libros suyos): la filósofa que en los 90, defendió por primera vez la idea de que el género es una construcción social: vamos a cerrar con la jocosa parodia que del mundo de las supermodelos hizo precisamente la drag queen Ru Paul en 1993.




martes, 22 de septiembre de 2015

Lo que la literatura ha unido, que no lo separe el hombre



Es un lugar común, en cualquier artículo sobre la vida en pareja, lo mucho que une el hecho de compartir aficiones. En todo cuestionario de cualquier web para buscar pareja, siempre queda bien incluir un apartado sobre aficiones literarias (bueno en la célebre Ashley Madison, no creemos que lo literario importase mucho, pese a los ríos de tinta que ha hecho correr este verano).

Por eso, la reciente noticia de la ruptura entre la sólida pareja de trapo formada por Miss Peggy y la rana Gustavo, ha provocado tal impacto mediático, también durante este verano.

Su amor por la lectura, como dejan patentes estos carteles que protagonizaron hace años: fue una de esas aficiones que ayudaron a que su amor superase las barreras que les imponía su pertenencia a diferentes especies. Pero como en toda ruptura entre dos celebridades, los dimes y diretes no han cesado desde que surgió la noticia.

Enamorarse con libros
Que si el hecho de que el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo haya iniciado una relación con la cerdita Denise, más joven que Miss Peggy, es una perpetuación de los estereotipos; que si el hecho de que Miss Peggy haya sido galardonada por las feministas estadounidenses; incide en la imagen arisca, totalitaria e intransigente de lo que se ha dado en denominar como feminazis…

Y así un largo rosario de polémicas en derredor, que puede que lleven a muchos a enarcar la ceja, pero que en los Estados Unidos, los medios toman mucho más en serio de lo que podría suponerse.

Madonna, objeto de estudio
En el país del dólar, cualquier fenómeno de la cultura popular es susceptible de ser analizado en clave académica. La mejor forma de analizar nuestro tiempo; pasa por estudiar a los fenómenos y protagonistas de la cultura popular. Y estos estudios culturales parece que, poco a poco, van llegando a nuestro país. Por ejemplo, dentro de la programación de cursos de la Universidad de Oviedo para este año, sin ir más lejos, se oferta un curso sobre Madonna.

Pero volviendo a la separación de Miss Peggy y Gustavo, dada la visceralidad y amor por la literatura de Miss Peggy; no sería extraño que dentro de poco publicase un libro sobre su matrimonio. Vendría a sumarse a una larga lista de venganzas literarias que han tenido como protagonistas a grandes nombres de la literatura.

Norman Mailer, tal vez el escritor con más ex esposas,
 cuya venganza fue escribir un libro

Adele Morales, la segunda esposa del escritor norteamericano Norman Mailer, esperó hasta 38 años para vengarse por escrito de su famoso marido. Tenía razones de sobra para hacerlo: en 1960, tras una más de sus desenfrenadas fiestas, el autor de Los desnudos y los muertos, la apuñaló. Claro que ella tampoco se quedó corta intentando atropellarlo con su coche. Lo de Mailer bate todos los récords, no ya por sus seis matrimonios: sino por el número de ex esposas afrentadas que recurrieron a la letra impresa para vengarse de él.

La actriz Claire Bloom (Candilejas, Poderosa Afrodita, El discurso del rey) se casó con Philip Roth en 1990, tras 15 años de convivencia. No se puede decir que fuera una pareja de jóvenes inexpertos, pero en su libro Adios a una casa de muñecas, la actriz saldaba cuentas con el genial escritor haciendo un pormenorizado repaso a las miserias de su matrimonio.

Aunque las venganzas literarias más elaboradas y brillantes de la historia, pertenecen por derecho propio a dos mujeres: Louise Colet y Sophia Behrs.

La poetisa Louise Colet, ex amante de Flaubert, sirvió de inspiración para la protagonista de la obra más famosa del literato francés: Madame Bovary. Hoy día, en pleno auge de las redes sociales, que un gran escritor decida inmortalizar tu intimidad en un clásico de la literatura universal: sería el sueño de los miles de internautas que comparten hasta lo más nimio de su rutinario día a día. Pero en el siglo XIX, a Colet no le hizo ninguna gracia. Su respuesta vino en forma de una novela en la que el escritor aparecía como un fanático obsesionado con su obra.


Y otra novela fue la respuesta de Sophia Tolstoy (Behrs de soltera) al retrato nada favorecedor que de forma velada, pero obvia, hacía su ilustre marido de ella en su obra: La sonata a Kreutzer.

¿Quién fue el culpable?, fue el explícito título bajo el que Sophia dio su propia versión de la historia. Una obra que permaneció inédita hasta que recientemente la Universidad de Yale la publicó conjuntamente con la novela de Tolstoy, y con el añadido de sendos textos escritos por dos hijos de la pareja. Probablemente, Las versiones de La sonata a Kreutzer, que así se titula el tomo: sea la disputa matrimonial más literaria que haya existido nunca.

El contrapunto positivo a estas historias proviene del mundo del cómic. Es el caso del autor de cómics francés Frédéric Boilet y su compañera sentimental la japonesa Aurélia Aurita. Tras numerosos títulos en los que Boilet recreaba su relación con sus parejas niponas (Mariko Parade, Tokio es mi jardín, La espinaca de Yukiko); Aurita con su díptico Fresa y chocolate dio la versión más explícita (en lo sexual) de su relación de pareja con Boilet.

Frédéric Boilet y Aurelia Aurita: una historia de amor contada por sus dos
protagonista, que miran atrás sin ira

Habrá que esperar algún tiempo, para ver si Patricia Llosa, segunda esposa de Vargas Llosa, se decide a escribir sus memorias. Ofertas editoriales no le faltarían, y el éxito de ventas estaría asegurado; dado el tirón mediático de la que es, a día de hoy, su sustituta. Si la ex del nobel peruano las escribiese, cumpliría con una larga tradición: la de aquellas historias de pareja que nacen envueltas en literatura; y que sobreviven más allá de su fin, gracias a esa misma literatura convertida en arma arrojadiza.

En el caso de Miss Peggy, dado su narcisismo y egolatría insaciable, no nos cabe duda alguna de que de un modo u otro, sabrá sacar mucho rédito a su condición de cerda separada.




viernes, 18 de septiembre de 2015

Expurgo a tiro limpio





Pese a lo que muchos creen, el síndrome de Diógenes no es algo consustancial a la profesión bibliotecaria. Sería algo mucho más propio de nuestros vecinos los archiveros.

Por eso, por mucho que el artista mexicano Gonzalo Lebrija diga a cuenta de las fotografías de libros lanzados al vuelo, cual pajarracos no sabemos de qué agüero, que componen su obra Who knows where the time goes (Quién sabe a dónde va el tiempo): que quiere representar el anhelo por suprimir el tiempo, y que por ello se lía a tiros con ellos, por representar la permanencia de las ideas. Nosotros, los que estamos bregados en esto de transportarlos, colocarlos, ordenarlos, e incluso, leerlos: sabemos que, en realidad, lo que experimenta el artista, no es otra cosa que el placer bibliotecario de expurgar.


El artista Gonzalo Lebrija viviendo el sueño de muchos bibliotecarios


Estamos en contra de la violencia, y por mucho que nos gusten muchas de las películas que protagonizó Charlton Heston, o seamos fans de Tarantino, estamos en contra del uso de armas. Pero cuando te han pedido cuatrocientas mil veces el best seller de turno, el momento más anhelado por cualquier bibliotecario de pro: es cuando pasa la moda, nadie se acuerda de él, y puedes darte el gustazo de desterrarlo de tus colecciones. Si ese inocente acto fuera a tiro limpio, que Gutenberg nos perdone: el expurgo sería hasta terapéutico.


Libro alcanzando al vuelo


Una vez relajados tras pegar unos cuantos tiros, proseguimos con el arte en clave más constructiva, efímera, pero constructiva. La arquitecta de origen hindú afincada en Madrid, Anupama Kundoo, llevó a cabo el año pasado en Barcelona una instalación de arquitectura efímera. Con el nombre de la Biblioteca de los libros perdidos, Kundoo recreó un bosque metálico para cubrir la plaza de Salvador Seguí de la capital catalana; la sombra sobre los viandantes y lectores que optaban por ampararse bajo la instalación, estaba realizada a base de libros abiertos, que quedaban suspendidos en el aire, al estar encapsulados dentro de una gran lona de plástico transparente.




Una bandada de aves librarias idónea para que Gonzalo Lebrija apretara el gatillo; pero en este caso no era esa la intención. El concepto tras esta Biblioteca de libros perdidos, apelaba a la libertad, a la celebración de la lectura, a liberar a estos tomazos suspendidos en el aire de su peso específico; y así representar la luminosidad de sus contenidos bajo los que cobijarse.

No nos consta que el artista mexicano Lebrija y la arquitecta hindú Kundoo se conozcan; pero las dos instalaciones/obras que nos han servido para este post, sí que establecen un diálogo de lo más interesante a la hora de abordar el universo librario. El primero sueña con suspender el paso del tiempo matando libros; mientras que la segunda, aspira a liberarnos dejándolos volar. Dos versiones diferentes que al fin y al cabo hablan de un mismo concepto de libertad.



Y como la obra de Lebrija tomó su título de una canción de Sandy Denny (aún a riesgo de que nos acusen de intensos), nada mejor que remitirnos a ella, pero en una susurrante versión en vivo de Cat Power. Una música perfecta para volver a la calma tras el estruendo del tiroteo.




miércoles, 16 de septiembre de 2015

Lecturas en gotelé

Esculturas con libros de Wim Botha

Es duro decirlo así de claro, pero cada vez quedan menos dudas de que el gotelé tiene los días contados. Ni los que viven solos tendrán el consuelo de esas paredes rugosas para aliviar los picores repentinos en la espalda; ni nadie instruido en la lectura en Braille, podrá recrearse en los crípticos mensajes que escondían las paredes grumosas pintadas con dicha técnica.

Desde que las caras de Bélmez demostraron que los suelos (y quien dice suelos, dice paredes) podían enviarnos mensajes: todo nos llevaba al gotelé, y su infinito poder para sugerir formas. Muchos, lo achacarán a simples tendencias en la decoración de interiores; pero nosotros sabemos que no: acostumbrados a ir siempre un poco más allá; nosotros sabemos que al gotelé, como a tantas otras cosas, lo ha fulminado lo digital.

Las paredes lisas y la resurrección del papel pintado, han terminado por darle el toque de gracia. La burda, pero eficaz, pericia del gotelé para disimular defectos, no tiene cabida con las superficies aceradas y asépticas que exige lo digital. Por eso en las escuelas rumanas (no sabemos si tendrán gotelé) las bibliotecas escolares puede que terminen desapareciendo sustituidas por papel pintado en las paredes.


Las bibliotecas digitales para empapelar paredes

Se trata de las bibliotecas en papel que están instalando en las escuelas de dicho país, la compañía de telecomunicaciones Vodafone. Con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, se han empapelado los pasillos de los colegios rumanos con estas estanterías unidimensionales, en las que los estudiantes pueden descargarse los libros gracias a los códigos QR que llevan cada uno de sus lomos.

Un clásico de los 80 a la hora de
 forrar carpetas
Pero no sólo las escuelas, también en centros comerciales, estaciones de tren o autobuses, la compañía está empapelando las paredes con estas estanterías virtuales. El siguiente paso, será permitir que los propios usuarios puedan diseñar los papeles con los libros que quieran que formen parte de su Biblioteca digital , y así luego empapelar las paredes de sus hogares.

Lo que no sabemos es si estos papeles servirán también para forrar los libros de texto y las carpetas de adolescente, todo un clásico de instituto. Sería todo un invento, llevar la biblioteca a cuestas impresa en la carpeta del colegio. Aunque mucho nos tememos que sería una moda  pasajera, tras la novedad, emergerían cual caras de Bélmez los rostros de Rihanna, One direction o el ídolo de masas púberes del momento.

Las caras de Bélmez: precursoras del gotelé

"Las caras de Bélmez quisieron hablar, la prensa amarilla las hizo callar sin más..." que cantaban Alaska y Dinamara en uno de sus temas más esotéricos. La pareidolia o fenónemo psicológico por el cuál un estímulo difuso es percibido erróneamente como una forma reconocible, tenía un campo abonado en el gotelé; pero parece ser que pese a nuestros augurios catastrofistas, también pervive en lo digital.

Algo tan siglo XXI, tan digital, aséptico y alejado de la España profunda de Bélmez (y del gotelé) como los Google Maps, llevan años registrando "caras" en la geografía terrestre. Tanto es así, que hasta existe una web, Google Faces, que reúne algunas de las formas más caprichosas de la naturaleza a la hora de semejar señales de las que tanto gustan en programas tipo Cuarto Milenio.

Una de las caras detectadas por el satélite de Google Maps

En la BRMU, lo más cercano que hemos estado a la pareidolia fue cuando sufrimos goteras; y desde que afortunadamente se solucionaron, no nos faltan libros con los que seguir imaginando cosas. Sin necesidad de agudizar la vista, los libros, sea leyéndolos, o esculpiéndolos como hace el artista sudáfricano Wim Botha: siempre nos desvelan mil formas e ideas en las que recrearnos.