jueves, 20 de octubre de 2016

Reivindicando al erotismo desde la biblioteca


La maravillosa Isabella Rossellini en Green porn, un libro y una serie de vídeos cortos en los que aborda la sexualidad animal desde el humor más divertido


La decisión de la revista Playboy de eliminar los desnudos es uno de esos hitos que marcan un cambio de época. De hecho las ventas de la revista, una vez eliminados los desnudos, se han incrementado en un 28%. El director ejecutivo de la mítica revista lo dejaba claro en The New York Times: “Ahora cualquiera está a sólo un click de todo acto sexual imaginable de manera gratuita”.

Una comedia sobre la adicción al porno
y la ardua reconquista del erotismo
Esta renuncia a lo que ha sido su seña de identidad, no ha venido motivada por la censura, ni por la corrección política, ni por el discurso feminista más caduco. No. El motivo ha sido algo tan simple como el hartazgo, la saturación, no de desnudos en la revista, sino de sexo en todas partes.

Recurriendo una vez más a la canción de The Buggles: La pornografía mató a la estrella del erotismo. No podía ser de otro modo cuando estamos viviendo la apoteósis de lo pornográfico. Y no nos referimos a la sobreabundancia de referencias al sexo en publicidad, medios, redes y fenómenos editoriales; sino a la pornograficación de todo en general.

La hija de Ingrid Bergman escenificando la cópula entre caracoles


El exhibicionismo sentimental de los realities, la obscenidad de muchos políticos, la apelación a los instintos más básicos en cierto tipo de periodismo, la crudeza y vulgaridad del guirigay de las redes sociales, la exaltación de los cuerpos anabolizados y recauchutados. Nada, practicamente, queda a salvo de esta glorificación de la pornografía que va mucho más allá de la representación de lo sexual de manera directa, para imponer su dominio en todo lo que nos rodea. De hecho, en comparación, el porno dentro de ese contexto resulta de lo más naíf, y en ocasiones lo más honesto.

El filósofo Byung-Chul Hang lo dice claramente en La agonía del Eros:

"El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancia."

La magnífica Shame (2011) o cuando el sexo se
convierte en un infierno
El mercado que todo lo invade no iba a dejar aparte una fuerza tan poderosa como la sexualidad de los consumidores. El bucle eterno de la pornografía con sus mecánicos del placer ajeno representando sin descanso los movimientos de la maquinaria del sexo, es el triunfo absoluto del capitalismo sobre la parcela más privada que le quedaba al ser humano: su deseo, su líbido, su intimidad erótica.

En los años 70 la revolución que supuso una película como Garganta profunda (1972), venía impregnada de los aires contestarios de los años 60. El porno se presentaba como un revulsivo contra el aburguesamiento cultural, y recurría al humor para presentar en sociedad la sexualidad de manera abierta y libre, como nunca antes se había mostrado.

En el contraste entre aquella Linda Lovelace o John Holmes, ingenuos en su tosquedad pornográfica, y el porno industrializado y en serie que eclosiona con internet: se cifra el conservadurismo de una industria que exacerba los estereotipos a gusto del consumidor. No es de extrañar que vayan surgiendo figuras, aquí y allá, que desde dentro de la industria busquen un cambio de orientación.


Colby Keller una estrella del porno nada convencional: antropólogo, comunista y
artista, lo mismo rueda porno que recita a Shakespeare

Uno de los vídeos más virales de las últimas semanas ha sido el de la presentación del Salón Erótico de Barcelona 2016. Patria, así se titula este inteligente spot publicitario que recurre a los temas más candentes de la actualidad para denunciarlos y así erigir a la industria del porno como espacio de libertad y transgresión. Como protagonista del mismo, Amarna Miller, que viene representando un cambio de tendencia dentro de la industria. El año pasado el discurso "revolucionario" le tocó recitarlo a Nacho Vidal.




¿La industria del porno dinamitando la hipocresía de nuestra sociedad amparándose en la legitimidad que le da enseñarlo todo? ¿o un discurso de lo más cínico para vender como libertaria a una industria que manufactura el erotismo, cosifica a los cuerpos y perpetúa estereotipos sexistas según los preceptos más salvajes del mercado neoliberal?







Estando así las cosas no es de extrañar que a los millenials les interese cada vez menos el sexo, y que ahora más que nunca se haga necesario reivindicar al erotismo. Y eso es lo que van a hacer los próximos 3, 4 y 5 de noviembre en Murcia con el primer Festival Erótico Murciano conErótica.

Organizado por dos asociaciones de jóvenes sexólogos, psicopedagogos o neuropsicólogos (Assex y Edisex) incluirá desde talleres a mercadillos, pasando por exposiciones, conciertos, tuppersex o cineforum.

Una iniciativa necesaria y lúdica para que todos (aquí no existen nativos o emigrantes digitales) recuperemos el erotismo, la sensualidad, como una parte esencial en nuestras vidas. Fuera de las leyes del mercado y del embrutecimiento al que quieren someter a algo tan privado como es el deseo de cada uno.



Homer Simpson escandalizado al abrir un libro de Robert Mapplethorpe
en una biblioteca


Un estupendo ensayo sobre el porno
El sexo es puro instinto animal, es la cultura la que lo convierte en erotismo, la que nos distancia de lo animal y lo hace humano. La consecuencia lógica sería que la biblioteca fuera un lugar idóneo para esta recuperación del erotismo como elemento clave de la salud física y cultural de los ciudadanos. Ya hablamos de bibliotecas y sexo en ¿Por qué lo llaman biblioteca cuando quieren decir sexo? Pero la pregunta ahora sería otra: ¿cómo afrontar un asunto así desde una biblioteca pública que atiende a todo tipo de público sin herir ninguna sensibilidad?

En la BRMU de forma tangencial lo hicimos hace unos años. Fue nuestra primera acción artístico-bibliotecaria en 2013: Escandaloso. No trataba directamente sobre sexo, pero la selección de fondos que pusimos en la planta 0 a disposición del público dentro de un espacio acotado, tras una cortina (como solían ubicar las películas porno en los videoclubes de los 80) incluía libros, películas o cómics que habían sido escandalosos en su momento por algún motivo, incluído el sexual. Y no hubo ninguna protesta, ni problema.



Así presentábamos en sociedad nuestra primera 
acción artístico-bibliotecaria en 2013



La solución, como en tantas otras ocasiones, es saber en qué espacio hacer según qué cosas, y a qué público dirigirlas. Ya hemos dicho que la biblioteca del siglo XXI puede y debe hablar de todo, y por lo tanto también debería colaborar en esta reconquista del erotismo desde la cultura. Que su única contribución fuera la de proveer de obras tipo Cincuenta sombras de Grey a los ciudadanos, francamente y sin juzgar los gustos de nadie, sería empobrecer algo tan interesante y necesario.

Y para cerrar, un tema de Cass McCombs que parece hecho a medida de esta reivindicación de lo sensual. Medusa Outhouse nos muestra la parte trasera de la industria del porno, se acerca a sus protagonistas para observarlos como algo más que cuerpos. No los fragmenta, ni los muestra como máquinas bien engrasadas para alienar a su público, sino que les deja espacio para que se muestren vulnerables, frágiles; y una vez confiados, robarles una simple caricia. Probablemente, el gesto más subversivo que se puede hacer en una fábrica especializada en mecanizar al deseo.




Cass McCombs - "Medusa's Outhouse" from Anti Records on Vimeo.