martes, 30 de junio de 2015

Centrifugando el 2015 [mayo]


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Puede que mayo sea el mes de las flores, pero en este blog no somos dados a echar flores gratuitamente, salvo cuando alguien las merece; y el músico murciano Carlos Vudú, se las mereció. ¿Interesados?, sí que duda cabe, pero no todos los días uno de los cantantes con más proyección se decide a localizar uno de sus vídeos en nuestra biblioteca.

Eso hizo que nuestro arranque de mes fuera muy musical, porque la música también protagonizaba la divertida respuesta que descubríamos a la pregunta sobre ¿qué hacen los bibliotecarios cuando cierran la biblioteca?



No fue premeditado, pero ese aire relajado y festivo se extendió a lo largo del mes, y en parte la culpa fue de la diseñadora Carmen Ramil. Sus exquisitas prendas ilustradas (¿dónde mejor pueden exhibirse unas prendas ilustradas que en el templo de la Ilustración?) recuperaban el período de entreguerras en la que ha sido nuestra última Pasarela BRMU.

Eso nos dio pie a una sentida reivindicación de la frivolidad como logro cultural; rescatándola del secuestro al que la tienen sometida la mal llamada prensa del corazón.

Y nos dejamos llevar por los sentidos, aunque a veces se nos confundan en un sinestésico post que nos trasladó desde la tecnología 3D a las carcajadas más irreverentes.



Y si la RAE define a la sinestesia como imagen o sensación subjetiva, algo de eso tuvo nuestra entrada dedicada a Murcia. Como decíamos, cada vez hay más Murcias dentro de Murcia, más visiones, más sensaciones subjetivas que destierran los tópicos heredados para arrojar una visión más que panorámica, casi caleidoscópica.

Y para cerrar el mes, Agatha Christie y el extraño, pero el fondo muy lógico, uso que hacía de la cosmética facial durante las excavaciones arqueológicas de su marido Y por otro lado, la arqueología fotográfica de Patti Smith coleccionando evocaciones de sus ídolos, cual groupie literaria.

Puede que en principio la dama del misterio británica y la madrina del punk no tengan nada que ver; pero seguro que sus rasgos mutuos de inconformismo y curiosidad les habría hecho congeniar a las mil maravillas ante un británica taza de té.