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Las postales del post pertenecen a la colección de
la Biblioteca Regional, que próximamente se integrarán
en nuestra Biblioteca Digital de la Región de Murcia | |
En ocasiones en nuestro afán por sorprender, nos tiembla el pulso a la hora de lanzar alguna iniciativa: pero si miramos a nuestros colegas
allende los mares, queda claro que somos unos auténticos pardillos.
En las bibliotecas de Toronto hoy celebran el día de
Anti-San Valentín, o lo
que es lo mismo: un día dedicado a todos aquellos a los que el dichoso día de
los enamorados les produce urticaria, ante tanta exaltación de la pareja como el estado
ideal del hombre o la mujer. Para ello han puesto en marcha varias iniciativas:
desde promover que se vista preferiblemente de negro, confección de portadas de
libro anti-románticas, escribir la peor carta de ruptura o una banda
sonora con canciones sobre desamor. El eslogan lo deja claro: Trae tu sarcasmo a la biblioteca.

Las reacciones no se han hecho esperar. Vicki Essex, una escritora de novelas románticas bajo el sello Harlequin, ha declarado que esta iniciativa degrada al género romántico, y que fomenta reacciones negativas en los jóvenes hacia las relaciones románticas (viendo las portadas de algunas de sus novelas, no sabemos qué degrada más). Es lo que tiene excederse en el descreimiento hacia ciertos asuntos, aunque los bibliotecarios tan sólo hayan buscado un poco de humor para combatir los excesos de edulcorante artificial. Y es que en España, pese a la tradición existente en celebrar San Valentín, no alcanzamos el agobiante empeño que se practica en Norteamérica, en donde hasta los niños se regalan tarjetas de felicitación en dicho día.

Lo poco agrada, y lo mucho enfada. Nosotros no tenemos nada que decir, el
año pasado (pese a que a algunos no les volvía locos la idea) lo celebramos con
una
Cita a ciegas con la biblioteca, que a muchos usuarios encantó, y a otros repelía. Parte de culpa del rechazo
(al igual que hay tantos anti-navidad) lo produce la comercialización brutal
que se hace de estas fechas, que parecieran únicamente inventos de grandes
superficies. El estar feliz o enamorado por decreto, revienta bastante, y sobre
todo cuando se fundamenta en precedentes poco claros.

El origen exacto de la festividad plantea dudas, pero no nos vamos
a perder en disquisiciones sobre San Valentín; sí en cambio, en los hechos que
ayudaron a gestar el concepto que del amor romántico predomina en nuestros
días. Y lo hacemos remontándonos al clásico ensayo de Denis de Rougemont:
El
amor y Occidente.
El escritor y filósofo suizo hizo en su famoso ensayo todo un estudio del
origen del concepto del amor romántico que, adulteraciones publicitarias mediante,
aún sigue vigente en nuestras sociedades. Según Rougemont, la convivencia entre
los trovadores y los herejes del movimiento religioso cátaro, en el siglo XII,
se puede argüir como el motivo en las sombras, del éxito de ese amor
idealizado, sublimado hasta el paroxismo, que hacía hincar la rodilla en tierra
al caballero, para suspirar por una figura femenina idealizada, angelical y casi
incorpórea.
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Cruz cátara |
Los
cátaros no fueron precisamente muy sutiles en sus posicionamientos, o
blanco o negro, no había matices; pero antes de que la Iglesia los fulminase en
la Cruzada albigense, dejaron esa semilla de exaltación de la pureza, de la
virginidad, y de la mortificación de la carne como pasaporte para la salvación;
que unido a los sacrificados protagonistas de la mayoría de los romances de los
trovadores, terminaron por conformar ese
meme romántico que, con variaciones, ha
quedado prendado del imaginario colectivo.
Sólo faltaban Hollywood y los
grandes almacenes en el siglo XX, para terminar de remachar el concepto, sin
dejar que el revolucionario sentido del romanticismo en su sentido
decimonónico, fuera quien verdaderamente triunfase con toda su carga de
inconformismo y rebeldía.

Claro está, que sorpresas nos depara la vida. Entre los libros más regalados en el
pasado San Valentín, se encuentran las inevitables
50 sombras de Grey. El
exceso de melaza puede que precise algo de picante para sobrevivir, ¿pero
recurrir al
sadomasoquismo de baratillo es lo más apropiado?, ¿cómo cuadra esto con la
inflación de corazoncitos? Está claro que el desnorte en estos temas alcanza
cotas preocupantes.
Nosotros, meros notarios de tendencias, tan sólo nos cabe
aconsejar que ya puestos, mejor recurrir a los clásicos: a
Sacher-Masoch y su
Venus de las pieles. La tenemos hasta en elegante versión
cómic, aunque la mejor en estos días, es la interpretación que se está
proyectando en los cines del siempre brillante Roman Polanski.
La adaptación al cine de la obra de teatro basada en
La Venus de
las pieles, se convierte en la más inteligente, lúcida, perversa e inquisitiva
mirada reciente sobre lo masculino y lo femenino, sobre el poder, la seducción,
el deseo, las relaciones de pareja y en definitiva, sobre el amor. Una
recomendación de cine para los que quieran un día de los enamorados nada
acomodaticio, abierto a debates posteriores que terminen satisfaciendo a mente y cuerpo (o al contrario, que terminen como el rosario de la aurora).
Y como vamos de contrastes, cerraremos con
algo estúpido y convencional. Ese
algo estúpido que todos soñamos con decir y que nos digan alguna vez, creas o
no creas en San Valentín. El clásico que popularizaron los Sinatra (padre e
hija), en esta dulce versión de Robbie Williams con Nicole Kidman, punteada de
algunos detalles discordantes que dan el punto ácido necesario para no ahogarnos
en el merengue.