martes, 19 de mayo de 2015

Biblioteca frívola



A rebufo de nuestra Pasarela BRMU/Carmen Ramil y su evocación de los denominados locos años 20 (y 30) del siglo XX, surge este post que reivindica la frivolidad como un logro de la civilización frente a la condescendencia con que se le suele considerar.

El cliché quiere que la primera imagen que nos asalte cuando pensamos en la década de los veinte, sea la de las flappers bailando charlestón o claqué a menos de 20 fotogramas por minuto. Y ese aceleramiento se adecua a la perfección, al vertiginoso ritmo que fue adquiriendo el siglo XX a partir de ese período de entreguerras. Esa frivolidad, tan denostada en ocasiones, fue la expresión más clara del ansía de supervivencia ante las tragedias que la precedieron y la clausuraron. Fue una explosión de creatividad, un logro cultural para Occidente.

Un síntoma de que una cultura ha alcanzado cierto grado de sofisticación intelectual, es el hecho de que pueda permitirse cultivar la frivolidad. La pregunta sería, ¿a partir de cuándo la dosis de frivolidad aconsejable se excede y tiene efectos secundarios?

En Sonrisa de bibliotecario ya hablábamos de esa "dulcificación" que se está aplicando a las antaño más formales ofertas culturales de las bibliotecas. La gamificación que todo lo invade. Convertir en juego nuestras actividades, no sólo para menores, si no para todo tipo de público, como una manera de resultar más atractivos.

¿Qué son al fin y al cabo nuestras acciones artístico-bibliotecarias sino el ofrecer lo que ya ofrecíamos vestido con ropajes llamativos? Hogares vintage, salones de belleza africanos o escaparates de moda para ofrecer nuestros fondos de manera más atractiva. ¿Estamos frivolizando nuestras propuestas o aprendiendo a vendernos mejor? Cada uno sacará su conclusión, lo que está claro es que el concepto de biblioteca, sigue asociándose a una cierta idea de respetabilidad.

Por ejemplo, precisamente desde el mundo de la moda se han apropiado de la idea sobre la que nos constituimos las bibliotecas para crear las denominadas fashion libraries (bibliotecas de la moda). No,  no se trata de bibliotecas cuyas colecciones estén especializadas en moda, sino de locales que requieren poseer un carné de usuario para tomar en préstamo a domicilio ropa. Pagando una cuota mensual (de 15 a 35 euros) se pueden retirar en préstamo de 3 a 4 prendas por semana. ¿Tendrán también política de sanciones?


Ropateca, la primera fashion library en Barcelona

Pilar Jurado, la soprano encargada de 
promocionar la ópera en el programa Sálvame
Pero volviendo a saber venderse sorteando los peligros de la frivolidad. Con motivo de la recién
celebrada Semana de la Ópera, se sucedieron diversas representaciones de famosas obras clásicas en espacios públicos de la capital madrileña, organizadas desde el Teatro Real. Eventos cuya celebración se podía prever, pero lo que resultó más sorprendente es que el medio televisivo que se volcó en festejar y promocionar dicha celebración en colaboración con el Teatro Real, fuera el grupo Mediaset.

El, merecido o no (cada uno que piense lo que quiera) eslogan-broma que corría por la red de "cada vez que pones Telecinco, se suicida un libro": daba una idea de la reputación que muchos asocian a la oferta televisiva del grupo mediático en cuestión. Por eso que el género elitista por excelencia como es la ópera, se haya aliado para su promoción con una cadena cuya programación, se basa en realities y programas sensacionalistas, da una idea de cómo las ya debilitadas barreras entre la alta cultura y la cultura popular, se desmoronan cada vez más.

En los años veinte de los que antes hablábamos, la actriz Clara Bow con la película It, puso de moda lo que ahora tanto se dice de las it-girls. Ese  it (ello en inglés) hacía referencia a ese algo especial (en palabras de la escritora Dorothy Parker) que hacía que Bow fuera atractiva tanto para hombres como para mujeres.

Y las bibliotecas en el siglo XXI también están en su derecho de querer ser it-libraries. Bibliotecas con ese algo especial que las haga merecedoras de premios como los que otorgan en los Estados Unidos: los Premios Nacionales para Museos y Servicios Bibliotecarios.

Ahora la cuestión está en conseguir ese it, sin banalizarnos, sin perder por el camino el prestigio ganado a pulso durante tantos años. Y mientras vemos dónde está el punto medio, cerraremos con un chica que claramente tiene ese it.

Héloïse Letissier, la cantante que se presenta bajo el nombre de Christina and the Queens, que ha arrasado en Francia con su disco debut, y que ahora llega a nuestro país, consigue ese difícil equilibrio entre resultar interesante y a la vez comercial. Precisamente incluye un tema en su disco bajo el título de It, así que nada mejor que un vídeo suyo para cerrar estas divagaciones en torno a la necesaria, o no, frivolidad de las bibliotecas.