miércoles, 30 de agosto de 2017

Souvenirs BRMU presenta: Queremos ser surcoreanos (28-01-2014)



Una vez que han jubilado al calvo de la lotería, y que las burbujas de un conocido cava lucen con menos estrellas que antaño; llevamos tres navidades en las que la campaña publicitaria que más da que hablar: es la de una conocida marca de embutidos. El anuncio de la última navidad, no es que haya sido mejor que los demás (todos han estado a gran altura), pero sí que ha despertado un debate de lo más interesante.

Escultura de la Biblioteca Nacional para Niños y
Jóvenes adultos de Corea del Sur
Los avezados publicistas han sabido tocar la fibra sensible, pegando la campaña a la actualidad más rabiosa con: Hazte extranjero. Para unos, una emocionante forma de insuflarnos optimismo, y reivindicar lo que de positivo hay en el hecho de haber nacido donde hemos nacido; y para otros, una loa al conformismo, a la resignación de que, pese a todo, tenemos con qué consolarnos. Y tan comprensible es que se te escape la lagrimita con el anuncio, como que al mismo tiempo, critiques lo que pueda tener de conformista. Pero si hablamos de bibliotecas, nosotros lo tenemos claro: nosotros queremos ser surcoreanos.

Proyecto a competición para la construcción de la Biblioteca Pública
de la ciudad surcoreana de Daegu

No es que nos hayamos vueltos locos por el k-pop, ni por las telenovelas surcoreanas que tanto éxito tienen, es que el gobierno de aquel país ha decidido potenciar su sistema público de bibliotecas del 2014 al 2018. De las 828 actuales pasarán a 1.100 bibliotecas, y para ello, incrementará la plantilla de bibliotecarios, que pasarán de los 4.2 actuales, a los 6 profesionales por centro. Las autoridades lo tienen claro: las bibliotecas son progreso.

Todo ello en un país con una pujanza económica que lo convierten en una de las potencias mundiales para los próximos años; y en el que la presencia de la lectura digital, ha cobrado más fuerza al sustituir los libros impresos por digitales, en los centros educativos.


Otros proyectos presentados para la construcción de la Biblioteca de Daegu

Y como no hay dos sin tres, si a esto unimos una de las conclusiones que se extraen del estudio de Fesabid sobre el valor económico y social de las bibliotecas, no podemos más que reafirmarnos en lo que decíamos de que las bibliotecas son una inversión más segura que el oro. Según dicho estudio, por cada euro que se invierte en bibliotecas, se produce un retorno de la inversión a la sociedad, que se calcula entre 2,49 a 3,40 euros.


Dibujo de Salva Espín del cómic Control de daños.  Titulo muy apropiado para
describir la situación tras estos años de crisis


Dicho estudio también demuestra el impacto positivo que implica la cercanía de una biblioteca, para la vida comercial del barrio. Y podemos dar fe de ello. Hace tan sólo unas semanas que se ha abierto una tienda dedicada al cómic, juegos de rol, y otras aficiones varias. Sus responsables (uno de ellos, el internacional dibujante murciano, Salva Espín), nos comentaban que les desaconsejaban abrir un negocio de cómics cerca de la Biblioteca Regional, con la Comicteca con la que contamos. Pero en lugar de competencia, ellos vieron oportunidad: por las buenas sinergias que se podían establecer, y que nos beneficiarían mutuamente. Eso se llama inteligencia empresarial, y por el momento, cada vez les va mejor.


Puede que prediquemos en el desierto, pero al menos el sermón viene avalado con datos de lo más prácticos y contundentes. En el paisaje que ha quedado tras la explosión de tantas burbujas económicas, y que tan certeramente está retratando Rafael Chirbes en novelas como Crematorio, o con la extraordinaria En la orilla (el más potente retrato que de nuestra sociedad se ha hecho en las letras españolas en años): las bibliotecas estamos afectados como todas las instituciones, pero desde luego no hemos perdido ni un ápice de credibilidad como espacios útiles a la comunidad. Sólo hace falta que a quienes corresponda, les llegue el mensaje.

Como dice la simpar Chus Lampreave en el anuncio del que hablábamos al principio: uno puede irse, pero no hacerse. Nosotros no queremos irnos, queremos quedarnos, pero hacernos aquí mismo surcoreanos, al menos en lo tocante al apoyo a las bibliotecas como motores del desarrollo económico de nuestro país. En el resto, que no se pierdan momentos tan autóctonos como este fragmento de genialidad almodovariana:


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