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miércoles, 20 de julio de 2016

¿La BRMU debería convertirse en Poképarada o en Gimnasio?






Vamos a abrir un debate, sí, sí, de esos asuntos que planteamos en este blog pensando que todo quisqui va a opinar y luego el silencio digital es absoluto (en cambio con otros, cuando menos te lo esperas, se monta un guirigay). Pues sí, de esos. Un debate oportunista, como corresponde a los tiempos que corren.

En un primer momento, la fiebre desatada por la aplicación para móviles de Pokémon GO, nos ha hecho pensar en el meme que compartíamos hace unos días en Facebook, y que aquí volvemos a reproducir por si alguien no lo vio.


Sólo faltaría la voz de Pepe Mediavilla diciéndolo para que nadie pudiera dudarlo


Si hace dos post, hablábamos de la dificil convivencia entre bicicletas y peatones por las aceras de las ciudades; ahora si no era suficiente con esquivar vehículos de dos ruedas, también habrá que aprender a esquivar a los zombis viandantes que seguirán a su móvil: igual que los burricos seguían a la zanahoria que colgaba del hilo. En fin, si el siglo ha nacido tonto qué le vamos a hacer (no se quejarán del tono un punto rancio del post, toda una provocación para incitar al comentario).

Una vez soltada la conveniente andanada de convenientes exabruptos, declaramos con cínica sinceridad, que desde la BRMU ya estamos sopesando si sacarle tajada a la moda en cuestión. En Como vacas sin cencerro, ya hablábamos de los peligros de perder el norte bibliotecario por seguir la última moda tecnológica que surge; pero el asunto de la realidad aumentada, que está popularizando este nuevo juego, nos ha hecho volver a plantearnos si deberíamos subirnos también a este carro.


Ana Ordás planteando la pregunta del millón vía Twitter


A este blog lo siguen bibliotecarios y demás fauna de la profesión, pero también muchos usuarios (y tiene más mérito captar su interés). Por eso, es necesario presentar a Ana Ordás, una de las voces más inquietas e interesantes del mundillo profesional bibliotecario, que ha publicado un post en BiblogTecarios, contando su experiencia con el susodicho juego. Todo un trabajo de campo del que se pueden extraer interesantes conclusiones.

Imagen compartida por RaMGoN en Twitter,
de la parada del tranvía frente a BRMU,
en la que se detectan presencias Pokémon
Eso por el lado de la profesión. Pero es que también por el lado de nuestros seguidores y usuarios habituales, hemos leído otro artículo fundamental para hacerse una idea de todo esto.

RaMGoN, consultor social media entre otras múltiples ocupaciones, es uno de nuestros seguidores habituales (virtual y presencial) más activo en el mundo digital. En su blog acaba de publicar un post también de lo más interesante para sacarle el jugo a la moda Pokémon GO desde el punto de vista comercial (¿y qué somos las bibliotecas del siglo XXI? A ver todos juntos: ¡¡¡Supermercados de la cultura!!!).


Como afortunadamente, suponemos que aún quedará gente en el planeta con la suficiente salud mental para que: o bien se la refanfinflen los pokémons, o que aunque les hagan gracia, aún no estén muy puestos en el asunto, vamos a aclarar un poco la cosa.

Unos irán a mirar cuadros, 
mientras otros sólo buscarán Pokémons

En el juego en cuestión se rastrean pokémons a través del móvil; esos personajes virtuales pueden aparecer en los sitios más insospechados de la ciudad. Las Poképaradas son aquellos lugares (físicos) en los que desde nuestro móvil conseguiremos provisiones para seguir jugando; mientras que los Gimnasios, son aquellos lugares (también físicos) en los que podemos llevar a nuestros pokémons cazados por la ciudad, para que se ejerciten y obtengan fuerza ganadora. Y he ahí la oportunidad de aprovecharse del juego desde un negocio o institución: solicitando a la empresa Nintendo que dé de alta a nuestro centro bien como Poképarada o como Gimnasio, y así hacer que las hordas ansiosas de jugadores recalen en nuestras instalaciones.

Aunque hace cuatro días que la aplicación se puso en marcha, la locura desatada ha alcanzado ya a algunas bibliotecas y a muchos museos. Por eso, que estamos en un dilema entre si convertir a la BRMU en una Poképarada o en un gimnasio.

 ¿Conseguiremos con eso atraer a nuevo público? Y si así lo hiciéramos, ¿conseguiríamos seducirles con nuestra oferta más allá de la caza del pokémon de turno?, ¿no resultará un tanto incordiante en caso de tener éxito de afluencia, para aquellos de nuestros usuarios a los que no hace falta ponerles ningún cebo? , ¿terminarán incluyendo pokémons también en los libros? Subiríamos sin duda las estadísticas de préstamo: ¿pero a qué precio?

Demasiadas preguntas para un solo post, cuando en realidad todo se resumen en una sola: ¿tiene algún sentido todo esto? Los comentarios (en el post, en Twitter, Facebook) están abiertos: "y entonces se hizo el silencio" que dirían en una mala novela.


¿Usando o destrozando la biblioteca?


jueves, 22 de octubre de 2015

Lecturas con bífidus


A ver cómo lo hacemos en el blog, para estar a la altura del buen gusto con que se ha diseñado la nueva oferta de la BRMU: ¿Lees en el baño?. Un total de 20 cuentos de autores célebres, convertidos en códigos QR, e impresos en pegatinas que se han colocado en los baños de la biblioteca. Para que cualquiera, con un smartphone que lleve la aplicación para leer códigos QR, pueda descargárselos.

Ya abordamos el hábito tan extendido de leer en los baños con el post De la lectura como necesidad fisiológica; y ahora al retomarlo, confiamos en seguir esquivando tanto lo escatológico, como el humor marrón. Como en aquel post, referentes ilustres en los que escudarnos para evitar el caca, culo, pedo, pis, no nos faltan.

Por ejemplo Henry Miller, que reconocía encontrar en el retrete su sitio ideal para devorar clásicos prohibidos, cuando era joven. Hábito que más adelante, le llevaría a escribir el divertido texto de Leer en el retrete, en el que, contrariamente a lo que pudiera esperarse: se manifestaba en contra de dicha costumbre.

 En la mayoría de hogares (y locales públicos) el único espacio con pestillo es el baño; y esa posibilidad de intimidad, en la infancia y la adolescencia: puede llegar a crear adicción, como refugio en el que escapar de la colonización paterna del resto del hogar. Pero el autor que mejor ha evidenciado por escrito la relación entre el tránsito intestinal y el mental, fue Georges Perec:

Entre el vientre que se alivia y el texto se instaura una relación profunda, algo así como una intensa disponibilidad, una receptividad amplificada, una felicidad de lectura: un encuentro entre lo visceral y lo sensitivo.

Henry Alford, del New York Times, hizo toda
una investigación sobre lo que lee la gente
en los baños
Éste y otros autores son los que recogió en su interesante, a la par que divertido, artículo Leer en el baño es cultura, el periodista peruano Marcos Avilés. Según sostiene Avilés en dicho artículo: “Los baños han hecho tanto por la cultura universal como las bibliotecas”. Siguiendo este razonamiento, la BRMU a partir de ahora, va a hacer una contribución a la cultura sin parangón.

Como también recoge el artículo, en algunos manuales de educación de los siglos XVI y XVII, se recomendaba a los nobles compensar lo indigno de lo que se ha dado en llamar eufemísticamente “aguas mayores”, leyendo tratados de filosofía mientras atendían el “llamado de la naturaleza.”

No hace falta ponerse freudiano para encontrar una explicación a esta asociación entre lectura y baño. La lectura es de los actos más íntimos y solitarios de los que podemos disfrutar; y no hay acto más íntimo (al menos desde que desaparecieron las letrinas públicas y compartidas de la Roma antigua), que sentarse en el aseo.

Y desde el punto de vista editorial, no han faltado avispados que han sabido sacar buen provecho de esta costumbre de leer en el baño.

En 1991, se publicó en Estados Unidos una colección de Clásicos compactos, cuyas ventas fueron muy bajas. Todo fue cambiarle el nombre por The great american bathroom book (El gran libro de baño americano), y se vendieron como rosquillas. El autor de la terrorífica novela The ring, el japonés Koji Suzuki, fue un visionario en 2009 al publicar su novela Drop (Gota) en papel higiénico. Dado que la novela transcurre en un baño, resultaba de lo más lógico.

La relación entre el tránsito intestinal y el mental abre un amplio abanico de posibilidades. Si los bífidus activos, con los que tanto se anuncian los yogures, conservan la flora intestinal; que no falten lecturas provechosas que ayuden a mantener un saludable equilibrio mental.

Y de momento lo vamos a dejar aquí, seguiremos de cerca las opiniones (si las hay) sobre el uso de nuestros usuarios de esta nueva oferta de la BRMU; pero mucho nos tememos que no habrá mucha gente dispuesta a confesar lo que hacen tras echar el pestillo; ni a nosotros nos interesa lo más mínimo, más allá de si se han descargado algún cuento.

Suzuki junto a su novela impresa en papel higiénico


Una vez más, hemos conseguido evitar el humor marrón, pero no por ello tenemos que ahorrarnos el directamente facilón, para concluir con lo que podría servir hasta de frase publicitaria: en la BRMU no hay excusa para no leer, ni siquiera en el excusado.


lunes, 27 de abril de 2015

Lectura en 5,5 pulgadas



En los últimos tiempos, en foros y webs especializadas en telefonía móvil, se debate si la tendencia de los móviles con pantallas de 5 o 6 pulgadas terminará imponiéndose. Problemas del primer mundo que diría Laura Pacheco, autora del cómic del mismo título  (por supuesto, disponible en nuestra Comicteca). Pero más allá del primer mundo, el asunto de las pulgadas de los móviles tiene implicaciones mucho más trascendentales que las que nos retrata este cómic.



La UNESCO advierte en un informe reciente del enorme potencial de los teléfonos móviles para la alfabetización y el aprendizaje en países en vías de desarrollo. Para muchas mujeres y niños de países subdesarrollados, la tecnología móvil y las tabletas son su único acceso a la cultura, su única posibilidad para aprender a leer. La organización sin ánimo de lucro Worldreader, a través de los e-readers, los móviles u otras formas de tecnología digital, está desarrollando programas en 50 países para alfabetizar a la población.


Leer en la era del móvil: los libros son escasos, pero los móviles están
en todas partes

A través de esta organización, desde el año 2010, más de 400.000 personas al mes han leído cerca de 2 millones de libros electrónicos. Libros traducidos a las lenguas locales, libros de texto y clásicos de la literatura universal. Y una vez más, se confirma que las mujeres son el futuro en muchos países subdesarrollados: son ellas las que mejor rendimiento sacan a la lectura a través del móvil y demás dispositivos.




David Risher, cofundador de Worldreader, tuvo la idea de crear algo así al encontrarse con una biblioteca cerrada con un candado, en uno de los países que visitaba invitado por la Clinton Global Initiative en el 2009. Allá donde no podían llegar los libros impresos, podría llegar la lectura a través de la tecnología digital. Y un año después, los primeros 20 e-readers llegaron a Ghana. Cinco años después, Mark West, encargado de proyectos de la UNESCO, ha declarado al respecto:

"He visto a personas que leen 10 libros al mes en una pantalla monocroma, donde se pueden visualizar sólo 4 líneas de texto".



Inevitablemente nos ha venido a la memoria una anécdota que contaba un catedrático de la Universidad de Murcia (y cuyo nombre omitimos, ya que contamos la anécdota sin haber pedido permiso previo). Un estudiante matriculado en Biblioteconomía y Documentación, se jactaba ante el docente en cuestión, de pasar completamente de la lectura (no sabemos cuál ha sido la deriva profesional del muchacho, pero por el bien de la profesión confiemos en que cambiase de rumbo laboral). Ante la orgullosa declaración del estudiante, el catedrático le contestó que no paraba de leer cada vez que usaba su móvil, cada vez que navegaba por internet, que chateaba o utilizaba alguna red social. No consta réplica alguna por parte del feliz ignorante.

Paradojas de nuestro tiempo. Si en el 2012 le dedicábamos un poema a una biblioteca sin puerta en el supuesto Primer Mundo; ahora sabemos de esa otra biblioteca del Tercer Mundo cerrada con candado, que fue el origen de un proyecto tan ilusionante como Worldreader.




Todo ello, mientras la Fundación de Bill Gates, que tanto está haciendo por el desarrollo de las redes de bibliotecas en países en vías de desarrollo: ha anunciado que su programa Global Libraries incluirá a España como beneficiaria de dicha iniciativa. Con dicho programa se busca concentrar la mayor actividad cultural en las bibliotecas (ya era hora de que se dieran cuenta de que las bibliotecas somos las únicas instituciones culturales que lo aglutinamos todo: libros, cine, música, arte, tecnología, formación, etc….), y para ello se empieza por dar cursos de formación a los bibliotecarios.

A raíz del altruismo de famosos como Bill Gates, hace unos años un seguidor en Facebook nos recriminaba que no lo viéramos mal, discutiendo sus auténticas motivaciones. Nosotros no hemos cambiado de opinión, como mantuvimos entonces, estaremos encantados de formar parte de dicho programa si acaso tenemos la suerte de que tengan en cuenta a la Red de Bibliotecas de la Región de Murcia. Cual habitantes del pueblo protagonista de la obra maestra de Berlanga: estamos dispuestos a disfrazarnos de flamencos si hace falta, con tal de que este Mr. Marshall tecnológico no pase de largo por nuestras bibliotecas.




Fuente: ActuaLitté