sábado, 22 de noviembre de 2014

Puntadas sin hilo



Es cierto que la colección de máquinas coser del siglo XIX que El descosío está mostrando en nuestra sala de exposiciones bajo el nombre: Descosiendo el pasado, tiene su razón de ser en la colaboración que la biblioteca ha establecido con el festival de moda MMOD, a raíz de nuestra Pasarela BRMU; pero no necesitaríamos de ninguna excusa para ceder nuestro espacios a un homenaje a la costura.

Tenemos tanto que ver los gremios bibliotecarios y costureros que hemos tardado en evidenciarlo.

La minuciosidad, la atención al detalle, la precisión necesaria para que una sisa no tire, o una manga no quede más larga que otra, es comparable a la habilidad con que muchos de nuestros compañeros afinan para localizar los datos mas peregrinos que nos puedan plantear los usuarios.


Y además, si en Pinceles y teclas
hablábamos de máquinas de escribir que pintan cuadros, también hay máquinas de coser que se dedican al arte más allá de la moda. La artista Meredith Woolnought cose algo más que simples tapetes para el sofá, con sus máquinas recrea las formas más caprichosas e hipnóticas de la naturaleza.

Por su parte, el compositor Martin Messier recurre a máquinas tan antiguas como las de la exposición para hacer música electrónica. Después de haber recurrido a relojes-despertador y a lápices, Messier se decidió por el sonido de los motores de las máquinas Singer de los años 40 para celebrar conciertos en la oscuridad.


La naturaleza bordada de Woolnought
Martin Messier en pleno concierto

Pero por seguir descosiendo el pasado, nos vienen a la cabeza muchas otras asociaciones entre costura, bibliotecas y literatura. Desde la figura modesta e impresionante, a la vez, de María Moliner, a la que homenajeamos en Zurciendo calcetines; a títulos como Balzac y la costurera china; o a títulos más recientes como La espada de los cincuenta años de Mark Z. Danielewski, una novela en formato de libro de artista, en cuyas páginas se juega entrelazando el texto con bordados.

Nuestro pasado proyecto Bibliocostum, que combinaba taller de costura con recomendaciones de libros, cómics, películas o música: fue otro ejemplo de que en la Biblioteca Regional no damos puntada sin hilo cuando se trata de fomentar la cultura.

Por todo ello, ven a la biblioteca, y ahora más que nunca, pasa el tiempo entre costuras.