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viernes, 8 de mayo de 2015
Campaña electoral BRMU
Si en el post previo mostrábamos a bibliotecarios haciendo vídeos musicales, en este post va a ser al revés: músicos haciendo vídeos en la biblioteca. Concretamente en la Biblioteca Regional de Murcia.
Que la escena musical murciana está viviendo una época desconocida, en cuanto a grupos con repercusión a nivel nacional, es algo sobre lo que hablamos en Murciano total. Tanto es así, que la denominación de origen murciana, parece estar ganando reputación fuera de nuestras fronteras en el panorama español. Y una de esas propuestas musicales, es la de Carlos Vudú y el Clan Jukebox, que para su último lanzamiento han rodado un vídeo, en el que una de sus localizaciones es, ni más ni menos, que nuestra querida Biblioteca Regional.
Gigantes, así se titula el último trabajo del músico murciano Carlos Vudú junto con el Clan Jukebox: y tanto por letra como por música nos vendría de perlas como sintonía para la campaña electoral de nuestro Partido Bibliotecario Progresista por la Cultura. "Habrá que ser gigantes, brillantes y elegantes". Eso sí, antes pediríamos permiso, no vayamos a tener problemas de ningún tipo.
miércoles, 22 de abril de 2015
Partido Bibliotecario Progresista por la Cultura: vota futuro, vota cultura
Hace unos días el presidente estadounidense Barack Obama visitó la ciudad de Charlotte (Carolina del Norte), y como lugar para la rueda de prensa que dio con motivo de la visita, eligió la biblioteca. Hace unos años, el antecesor de Obama, Georges Bush, se retrató para la posteridad en el momento en que recibió la noticia del ataque a las torres gemelas durante un acto público (momento que Michael Moore resaltaba con deleite en su documental Fahrenheit 9/11). Y, ¿dónde se estaba celebrando dicho acto público?: en la biblioteca de un colegio.
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| Lo de Obama con las bibliotecas viene de lejos |
Volviendo a Obama, el debate sobre la ubicación y el coste de su biblioteca presidencial (ya hablamos de esta tradición norteamericana en Memorabilia presidencial) lleva meses ocupando titulares en numerosos medios. A la hora de poner en marcha su plan de sanidad pública, el actual presidente norteamericano, no dudó en cuáles eran las infraestructuras y el personal que necesitaba, y reclutó a un ejército de bibliotecarios. Si repasamos las ofertas de empleo recientes en los Estados Unidos, abruma el gran número de plazas que diversas instituciones ofertan para bibliotecarios.
¿Cómo es posible que la primera potencia económica mundial, que está dejando atrás la recesión de estos años, siga apostando por las bibliotecas? ¿Es casualidad que al mismo tiempo potencias económicas como Corea del Sur estén reforzando sus redes de bibliotecas como nunca? Y todo eso, mientras muchos hablan de la obsolescencia de las bibliotecas frente al empuje digital.
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| Biblioteca del Congreso de los diputados |
Y saltando el charco, en plena pre-campaña electoral, el blog de la revista Infobibliotecas (de la que éramos fans desde siempre, pero desde hace unos días, que puso como ejemplo de creatividad y buen marketing a este blog, y a las acciones de la Biblioteca Regional, no podemos más que seguirla aún con más pasión) ha publicado un anticipo del artículo que sobre bibliotecas y política, incluirá en su próximo número, y que no puede resultar más oportuno y necesario.
Bajo el título Elecciones y bibliotecas: las propuestas de los partidos y de los bibliotecarios en Andalucía, se realiza un repaso a los distintos programas de los principales partidos (incluidos los de reciente aparición) concretamente en lo que se refiere a las políticas culturales que prometen llevar a cabo, y más específicamente, en si hacen mención a las bibliotecas. Por ejemplo, en Finlandia, espejo en el que siempre nos miramos a la hora de hablar de sistema educativo: todos los partidos políticos incluyen en sus programas puntos respecto del sistema de bibliotecas.
Si los analistas políticos repiten que los resultados de los comicios andaluces, pueden ser extrapolados en muchos aspectos a las municipales y autonómicas del resto de comunidades en mayo; será bueno repasar lo que al respecto de la cultura y las bibliotecas se dice en sus respectivos programas. No creemos que el asunto bibliotecario sea decisivo a la hora de sumar más votantes; pero en política ya se sabe que todo suma, nada resta.
Tal vez, ahora que la sociedad española se está movilizando políticamente (afortunadamente hasta los jóvenes muestran más interés) sea el momento para que surgiera un partido político bibliotecario. Cosas más raras se han visto. Si en el Ministerio del Interior hay inscritos partidos con nombres tales como PIS (Partido Irreverente Surrealista), el DD (Democracia Directa, del amor, la sonrisa y el método científico) o las Panteras Grises de España (partido político de los jubilados). ¿Por qué no un Partido Bibliotecario Progresista por la Cultura (PBPC), cuyo eslogan podría ser algo así como: “al progreso por la cultura”?
Después de todo el gremio posee muchos activos de cara a gestionar la cosa pública. Amplia experiencia en gestionar recursos precarios, en atender a todo tipo de público y sensibilidades sociales, en integrar a minorías, en favorecer el progreso económico de la comunidad a través de la educación, en cooperación internacional, en resolución de conflictos, y así un largo rosario de virtudes que quedarían de lo más aparentes en cualquier programa electoral. Prácticamente sólo nos faltaría una sintonía con gancho para arrancar la campaña electoral.
En los años 80, el partido de las Panteras Grises de España, en un delirio
electoralista sin parangón, tiró del popular A quién le importa de Alaska y
Dinarama. El himno gay español por excelencia, como sintonía para un partido de
jubilados. Eso sí que fue un puntazo progresista, y un ejemplo de lo fácil que
resulta en política apropiarse de discursos ajenos. Nada que objetar, siempre
que realmente se crea en ellos y se cumpla lo prometido.Así que nada mejor que cerrar con dicho tema, pero incidiendo en lo de apropiarse de lo ajeno para hacerlo propio, no lo haremos con la archiconocida versión original, sino con el tango que la cantante Bebe hizo del mismo. Y es que la política en ocasiones puede resultar tan intensa como un tango.
viernes, 11 de abril de 2014
Memorabilia presidencial
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| Esculpiendo el monte Rushmore |
Desde hace unos días circulan por los medios las pinturas del ex presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Afortunadamente no somos críticos de arte, así pues no nos corresponde calibrar el interés artístico de su obra. Lo que más no ha interesado es el lugar en el que se está exponiendo esta colección de pinturas al público: la biblioteca presidencial George W. Bush.
En los Estados Unidos, cada vez que un presidente concluye su mandato (máximo dos legislaturas) se crea una biblioteca presidencial. Decidir la sede de esa biblioteca se convierte en una auténtica competición, dado que la ciudad que la consiga, recibirá los beneficios económicos que generan este tipo de instituciones. Normalmente, las sedes suelen ser los estados natales de los presidentes, o algún estado especialmente significativo en su carrera política.
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| Bush posando junto a sus pinturas de mascotas |
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| Autorretrato de Bush en el baño |
Desde que en la década de los 30, se iniciase esta tradición con el trigésimo primer presidente de los Estados Unidos, Herbert Horver: todos los presidentes cuentan con una biblioteca presidencial. Sólo una biblioteca, la dedicada a Richard Nixon, quedó excluida durante muchos años del sistema de bibliotecas presidenciales, como consecuencia del descrédito y la vergüenza que la figura de Nixon, supuso para la política estadounidense.
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| Autorretrato de Bush en la bañera |
En las bibliotecas presidenciales, se conserva toda documentación y objetos (actúan al mismo tiempo como museos, incluyendo piezas como por ejemplo: el Air Force One en la biblioteca de Reagan) del presidente y de su periodo de mandato. Toda la documentación que se conserva, y que lógicamente no ha sido previamente eliminada. Las bibliotecas presidenciales así se convierten en lugares de investigación, y al mismo tiempo, en los Graceland (la casa-museo de Elvis Presley en Memphis) de los ex presidentes, por la memorabilia que sobre sus vidas y mandatos reúnen.
Que en un país, uno de los máximos honores que le rindan a un ex mandatario, sea fundar una biblioteca con su nombre, dice mucho de la importancia que dan a tales instituciones en la primera potencia mundial. Lógicamente no se van a encontrar los papeles que desveló Snowden en la próxima biblioteca Obama, pero sí muchas informaciones que servirán para definir una época y un país.
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| Vladimir Putin visto por Bush |
En España no estaría mal una iniciativa similar. Como sostiene Richard
Norton, historiador especializado en las bibliotecas presidenciales: “son aulas vivas de la democracia”. Y una didáctica del concepto
de lo democrático, siempre es síntoma de la salud de un país.¿Acaso no sería interesante una biblioteca Adolfo Suárez, cuya documentación sirviera para abordar el
estudio en profundidad de nuestra transición? Dudamos que se incluyera entre sus fondos el último y polémico libro de Pilar Urbano, pero seguro que sus fondos y documentos arrojarían nuevas perspectivas sobre aquel momento, e igual, decepcionaban a más de un amante de las conspiraciones (o no).
Y además siguiendo el ejemplo norteamericano de recoger la memorabilia presidencial: se podrían mostrar recuerdos de torero, colecciones de bonsáis y joyas, una tabla de abdominales, o las obras completas de Borges, por citar sólo algunas de las aficiones de nuestros ex presidentes.
Pero más allá de lo anecdótico, conservar y difundir nuestra historia reciente y democrática, es un ejercicio que siempre resulta saludable. Y en lo de conservar el pasado para mirar hacia el futuro, las bibliotecas tenemos mucha experiencia.
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