miércoles, 22 de abril de 2015

Partido Bibliotecario Progresista por la Cultura: vota futuro, vota cultura


Hace unos días el presidente estadounidense Barack Obama visitó la ciudad de Charlotte (Carolina del Norte), y como lugar para la rueda de prensa que dio con motivo de la visita, eligió la biblioteca. Hace unos años, el antecesor de Obama, Georges Bush, se retrató para la posteridad en el momento en que recibió la noticia del ataque a las torres gemelas durante un acto público (momento que Michael Moore resaltaba con deleite  en su documental Fahrenheit 9/11). Y, ¿dónde se estaba celebrando dicho acto público?: en la biblioteca de un colegio.


Lo de Obama con las bibliotecas viene de lejos

Volviendo a Obama, el debate sobre la ubicación y el coste de su biblioteca presidencial (ya hablamos de esta tradición norteamericana en Memorabilia presidencial) lleva meses ocupando titulares en numerosos medios. A la hora de poner en marcha su plan de sanidad pública, el actual presidente norteamericano, no dudó en cuáles eran las infraestructuras y el personal que necesitaba, y reclutó a un ejército de bibliotecarios. Si repasamos las ofertas de empleo recientes en los Estados Unidos, abruma el gran número de plazas que diversas instituciones ofertan para bibliotecarios.

¿Cómo es posible que la primera potencia económica mundial, que está dejando atrás la recesión de estos años, siga apostando por las bibliotecas? ¿Es casualidad que al mismo tiempo potencias económicas como Corea del Sur estén reforzando sus redes de bibliotecas como nunca? Y todo eso,  mientras muchos hablan de la obsolescencia de las bibliotecas frente al empuje digital.

Biblioteca del Congreso de los diputados

Y saltando el charco, en plena pre-campaña electoral, el blog de la revista Infobibliotecas (de la que éramos fans desde siempre, pero desde hace unos días, que puso como ejemplo de creatividad y buen marketing a este blog, y a las acciones de la Biblioteca Regional, no podemos más que seguirla aún con más pasión) ha publicado un anticipo del artículo que sobre bibliotecas y política, incluirá en su próximo número, y que no puede resultar más oportuno y necesario.

Bajo el título Elecciones y bibliotecas: las propuestas de los partidos y de los bibliotecarios en Andalucía, se realiza un repaso a los distintos programas de los principales partidos (incluidos los de reciente aparición) concretamente en lo que se refiere a las políticas culturales que prometen llevar a cabo, y más específicamente, en si hacen mención a las bibliotecas. Por ejemplo, en Finlandia, espejo en el que siempre nos miramos a la hora de hablar de sistema educativo: todos los partidos políticos incluyen en sus programas puntos respecto del sistema de bibliotecas.

Si los analistas políticos repiten que los resultados de los comicios andaluces, pueden ser extrapolados en muchos aspectos a las municipales y autonómicas del resto de comunidades en mayo; será bueno repasar lo que al respecto de la cultura y las bibliotecas se dice en sus respectivos programas. No creemos que el asunto bibliotecario sea decisivo a la hora de sumar más votantes; pero en política ya se sabe que todo suma, nada resta.

Tal vez, ahora que la sociedad española se está movilizando políticamente (afortunadamente hasta los jóvenes muestran más interés) sea el momento para que surgiera un partido político bibliotecario. Cosas más raras se han visto. Si en el Ministerio del Interior hay inscritos partidos con nombres tales como PIS (Partido Irreverente Surrealista), el DD (Democracia Directa, del amor, la sonrisa y el método científico) o las Panteras Grises de España (partido político de los jubilados). ¿Por qué no un Partido Bibliotecario Progresista por la Cultura (PBPC), cuyo eslogan podría ser algo así como: “al progreso por la cultura”?



Después de todo el gremio posee muchos activos de cara a gestionar la cosa pública. Amplia experiencia en gestionar recursos precarios, en atender a todo tipo de público y sensibilidades sociales, en integrar a minorías, en favorecer el progreso económico de la comunidad a través de la educación, en cooperación internacional, en resolución de conflictos, y así un largo rosario de virtudes que quedarían de lo más aparentes en cualquier programa electoral. Prácticamente sólo nos faltaría una sintonía con gancho para arrancar la campaña electoral.


En los años 80, el partido de las Panteras Grises de España, en un delirio electoralista sin parangón, tiró del popular A quién le importa de Alaska y Dinarama. El himno gay español por excelencia, como sintonía para un partido de jubilados. Eso sí que fue un puntazo progresista, y un ejemplo de lo fácil que resulta en política apropiarse de discursos ajenos. Nada que objetar, siempre que realmente se crea en ellos y se cumpla lo prometido.


Así que nada mejor que cerrar con dicho tema, pero incidiendo en lo de apropiarse de lo ajeno para hacerlo propio, no lo haremos con la archiconocida versión original, sino con el tango que la cantante Bebe hizo del mismo. Y es que la política en ocasiones puede resultar tan intensa como un tango.