martes, 6 de agosto de 2013

Nadando sin guardar la ropa


En un artículo de la revista Computerhoy glosan las virtudes de la lectura digital frente al papel, a la hora de leer en la playa. Es lógico, después de todo ese es su negocio (el nuestro aspiramos a que sea tanto la una como la otra), pero entre la comparativa de virtudes que establecen, olvidan un inconveniente: la arena que terminará colándose por el más mínimo resquicio que tenga el dispositivo elegido. 

Los libros acuáticos del coreano Ki-Bong Rhee

Cuando releemos algún libro impreso, y nos topamos con algunos granos de arena entre sus páginas, puede que su hallazgo nos produzca un cálido déjà vu de las vacaciones. En cambio, encontrar granos de arena en nuestro ereader sólo puede terminar fastidiándole algún circuito.

Lola Flores en la piscina según Costus




















Todo tiene sus ventajas e inconvenientes, como es normal. Pero en estos días en que media España (la que puede o quiere) está tostándose al sol, nos acordamos de uno de esos estudios que nadie pide, pero que siempre están ahí para sacar de apuros a las agencias de prensa: el que llevó a cabo la consultora YouGov hace dos años, según el cual los españoles son los europeos que menos leen en vacaciones.

Pero como estudios/encuestas de este tipo hay uno para cada teoría que queramos defender, si los ingleses de YouGov nos hundieron en la miseria hace dos años, este verano los franceses de la FNAC nos evitan zambullirnos en la autocompasión más vergonzosa, gracias a una encuesta que concluye que: los españoles dedican más tiempo a la lectura que hace 20 años.

Ya lo dice el tango, veinte años no es nada, así que dentro de 40 puede que el diagnóstico de Houellebecq sobre los españoles y la cultura, se haya desmoronado como un castillo de arena en la orilla. Nosotros mientras tanto, aprovechando la relajación neuronal veraniega, buscamos la manipulación sensitiva asociando el refrescante azul de las aguas con el amor por la lectura. Y es que las vacaciones pueden ser sinónimo de diversión, relajación, abandono de la rutina, pero nunca de desaprovechar el tiempo sin disfrutar de la lectura.

La interesantísima y extraña película El nadador

Seamos como Burt Lancaster en la extraña película El nadador: viajando cual Ulises en bañador por las piscinas del vecindario, persiguiendo un sentido a lo que nos rodea que sólo puede venir de la cultura.

Hablando de cine y piscinas nos vienen muchas otras películas a la memoria (como La piscina con Alain Delon y Romy Scheneider, o Swimming pool con Charlotte Rampling), pero qué mejor para despedirse que volver a los clásicos, rindiendo homenaje a la recién desaparecida sirena de Hollywood.

A nadar y no guardar la ropa, porque siempre tendremos miles de libros con que protegernos.