jueves, 28 de noviembre de 2013

Centrifugando el 2013 [octubre]

[Haz clic en las letras azules, y centrifuga tu cerebro]


Octubre arrancó pisando el acelerador en un atropello de entradas que combinaban literatura, arte y música de manera poco convencional.

“Tus palabras son más fuertes que tus puños”, es el fantástico eslogan de la iniciativa literaria de impacto que nos noqueó con un gancho directo a la imaginación. Luchalibro-librolienzo-lienzosonoro, fue la cadena resultante de ensartar cual pincho moruno: literatura, arte y música. Del gran duque blanco, a la vida más allá del reciclaje para los libros 
desahuciados.



Y precisamente libros y lectura fueron la tabla de salvación para los protagonistas de la serie de catastróficas desdichas con final bibliotecario, que recogíamos también este mes. El libro como tótem, el libro como inspiración, pero también como mercancía. Y si hablamos del negocio del libro, el asunto de la piratería no puede quedar ajeno a las bibliotecas, por eso formulábamos la pregunta más contundente:
Cuando consumes música, libros o películas: ¿quién quieres que se beneficie: tu cantante, escritor o actor favorito, o un informático machista, hortera y bocazas?



El proceloso mundo de Internet dio para mucho. Por un lado, para postular a los bibliotecarios como auténticos matarifes de la información: pertrechados para capturarla, destriparla, y servirla embutida a gusto del consumidor. Por otro lado, la red también sirvió para proporcionarnos la dosis mensual de autoestima vía tweet de un seguidor, que nos llevó incluso a montar una auténtica Verbena bibliotecaria.




El tweet nos puso definitivamente en órbita, mirando a las estrellas sin despegar los pies del suelo. Unos pies que descalzamos con gusto para hablar de Japón y sus siempre fascinantes paradojas. 

Y bien por influencia nipona o debido a una enajenación mental transitoria: el caso es que terminamos revelando intimidades, mientras nos preguntábamos: ¿cuál sería el animal idóneo para representar a nuestro gremio?

Gorila, perro, ratón o lechuza, fueron algunas de las opciones barajadas. Se nos pasó, que igual necesitamos al zoológico entero, si realmente aspiramos a representar la bibliodiversidad en la que nos desenvolvemos.

Las bibliotecas no necesitan que nadie las saque a bailar,
y están dispuestas a montar su propia verbena