lunes, 2 de diciembre de 2013

Biblioteca faquir

Juego de desayuno de piel de Meret Oppenheim

El éxito del saloncito vintage de acción artístico-bibliotecaria#2 nos está obligando a seguir rastreando para sumar más libros, películas y cómics ante la demanda de nuestros visitantes, que decididamente han hecho suyo el espacio, y se fotografían, leen, o ven la tele, al tiempo que eligen lo que llevarse a casa.

Detalle de una de las obras de Patricia Moreno
Era lo que esperábamos, pero no deja de sorprendernos (y entusiasmarnos) lo bien que nuestro público acoge nuestras propuestas. Salvo las novedades que adquirimos para cada montaje, el grueso de los fondos formaba parte ya de nuestras colecciones, pero todo ha sido vertebrarlos según una temática y crear un espacio llamativo, para que el interés por esas obras se despierte más que nunca.

Una razón para estar agradecidos por la confianza que nuestros usuarios depositan en nosotros, y para reafirmarnos en la necesidad de huir de lo acomodaticio, de lo típico y tópico, de los lugares comunes y planteamientos archisabidos.

No somos nosotros, son los especialistas de la salud los que siempre alertan de los beneficios de mantener un cerebro activo, de romper rutinas, de ser flexibles ante los cambios (y más en los tiempos que vivimos). Aunque el cambio no sea más que mover los muebles de sitio o alterar nuestra ruta diaria camino del trabajo. Gestos modestos, pequeños, pero igualmente efectivos.

Otra de las obras de Patricia Moreno en nuestras salas

Y un gesto no tan pequeño (presupuestariamente hablando) pero cada vez más efectivo para ampliar la oferta de las bibliotecas, sería incorporar una buena colección de videojuegos. Sobre todo tras los resultados del estudio realizado en Francia, en el que se observó un incremento de masa gris en 23 adultos que jugaron 30 minutos diarios, durante dos meses, a Super Mario 64. Según los investigadores, los videojuegos tendrían efectos terapéuticos para enfermedades degenerativas, al suponer un entrenamiento que plantea opciones, disyuntivas beneficiosas para la mente.


SuperMario ante un nuevo desafío
Meret Oppenheim vista por Man Ray
Salvando las distancias, nuestras acciones artístico-bibliotecarias, persiguen algo similar. Después de todo, el arte debe descolocarnos, abrirnos a otras perspectivas, como hizo Meret Oppenheim en 1936 al presentar su Juego de desayuno de piel. Dos objetos cotidianos que bajo el prisma del surrealismo se convertían en incómodos, absurdos, desubicados de su mera función utilitaria.

La vocación de nuestras acciones artístico-bibliotecarias no es incomodar (de hecho nuestro saloncito es bastante confortable), pero sí descolocar al personal al chocarse con algo imprevisto nada más entrar a nuestro centro.

Nuestro saloncito desde otra perspectiva

En la recomendable novela del murciano Miguel Ángel Hernández, Intento de escapada, se hace una lectura crítica del arte contemporáneo de lo más demoledora. En ella se rememora la figura del faquir Musafar, que adoptó los rituales de civilizaciones primitivas a la hora de mortificarse y modificarse el cuerpo, para elevarlos a la categoría de arte.

Que nadie espere algo parecido en nuestras acciones artístico-bibliotecarias (aunque nunca se sabe), no vamos a llenar de tachuelas los sillones de la Comicteca, ni nada parecido, pero el concepto de biblioteca faquir resulta de lo más atractivo. La biblioteca como un continuo desafío a nuestra mente, que nos impida acomodarnos o amuermarnos, y que incite a nuestro cerebro a mantenerse alerta, huyendo del pensamiento único y retándonos a pensar por nosotros mismos.
El faquir Musafar poniéndose a prueba


Y como empezamos con nuestro saloncito vintage años 60, nada mejor que cerrar con el indescriptible dúo cómico-musical Ojete calor y su tema 0,60. Un completo repaso a las frases, coletillas y lugares comunes más coloquialmente sobados, en un vídeo que no desentonaría lo más mínimo en la programación que se emite en la televisión de nuestro salón.