martes, 17 de diciembre de 2013

A prueba de test



Leyendo el divertido y a la vez acertadísimo artículo de Santiago Roncagliolo sobre los peligros del exceso de corrección política en los libros para niños, no hemos podido dejar de recordar un post de este blog: Amor y pedagogía. En él también hablábamos de ese afán esterilizador de cualquier argumento que pueda perturbar una versión edulcorada de la realidad.

Como bien dice Roncagliolo lo que se pretende con esta depuración es proteger a los padres, más que a los niños. Se empieza así, y se termina instaurando el pensamiento único, de manera sutil, casi imperceptible, pero que poco a poco nos va cercenando la imaginación.  Y los bibliotecarios tenemos parte de responsabilidad en detectar esa censura encubierta que puede llegar a atarnos casi sin darnos cuenta. 

Y no sólo en ámbitos más amables como los de la literatura, hay otros campos mucho más prosaicos en los que debemos redoblar la vigilancia. Gracias a nuestra colega bibliotecaria de la Universidad de Zaragoza, Mª Engracia Martín, podemos disfrutar de la traducción del artículo de Naomi Klein: Ser bibliotecario, una profesión radical. En este artículo, de hace ya una década, la periodista inspiradora de los movimientos antiglobalización: nos recuerda a los bibliotecarios lo importante que es resistirnos a la progresiva privatización de los servicios bibliotecarios, y nuestra obligación de defender la naturaleza pública de nuestras instituciones.


De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Por ejemplo, el exceso de corrección política de la aplicación del test Bechdel a las películas, que han puesto en marcha en Suecia, sería otro ejemplo de los riesgos de un exceso de celo en determinados asuntos. Hace muy poco, en Viñetas sin piratas, mujeres al abordaje, abordábamos el tema de la presencia de la mujer en el cómic, el test Bechdel proviene del cómic (Alison Bechdel autora de títulos tan interesantes como Fun home o Unas bollo de cuidado), y se basa en una afirmación de una de sus protagonistas, que se niega a ver películas que no cumplan los siguientes requisitos: que en la película salgan al menos dos mujeres, que esas dos mujeres mantengan alguna conversación, y que ésta no verse sobre hombres.

De surgir algo similar para aplicarlo a los blogs: ¿superaría la prueba este blog? En cualquier caso viene muy al hilo de la temática de nuestra última acción artístico-bibliotecaria: Ni tan azul, ni tan rosa. Igual que el vídeo del artista Ohji Inoue, que entronca directamente con el análisis al que sometíamos al género romántico en BRMU Bizarra. Octava entrega, y con los collages de nuestro saloncito: