lunes, 22 de septiembre de 2014

Recalculando [verano 2013]: Leyes robótico-bibliotecarias

Publicado: 23 de abril de 2013
Reflexionando: un bibliotecario debe proteger su supervivencia y la de su biblioteca

C3-PO Y R2-D2 camino del desguace: ¿iremos detrás los bibliotecarios?

Repasar los avances tecnológicos en bibliotecas daría para una enciclopedia. Desde los programas de gestión bibliotecaria que han ido cayendo, a los formatos con jubilación forzosa (del Beta al VHS, del VHS al LaserDisc, del LaserDisc al Blu-ray, del vinilo al compact disc…), o más recientemente de los e-readers a las tablets.

Bender, el robot perfecto que no se deja amedrentar
La obsolescencia programada en las bibliotecas es una constante, si exceptuamos a lo impreso que numantinamente resiste. Pero ¿y la obsolescencia de los bibliotecarios?, vale que algunos ya nacieron obsoletos, pero no más que en otras profesiones. En cambio a los estereotipos sociales, ¿quién les programa la obsolescencia? Mientras nos sustituyen por robots de última generación (que no necesitarán días libres, ni vacaciones, ni sueldo, ni siquiera colecciones porque todo estará en la nube): ¿para cuándo van a programar la caducidad de la imagen social de nuestra profesión?

A tenor de la última producción hollywoodense: Un amigo para Frank, parece que el estereotipo se perpetúa. La película en cuestión, de inminente estreno en nuestro país, tiene pinta de ser una comedia discretita a más no poder, pero en la cual, bibliotecas y robots comparten protagonismo.

Es la historia de Frank, un anciano amante de los libros, que corteja a la bibliotecaria del pueblo, y al que sus hijos le adjudican un robot para que lo cuide. Sin querer ser prejuiciosos, el tono pasteloso se huele simplemente viendo el trailer, y la imagen típica-tópica de la bibliotecaria también. Al menos, está interpretada por la siempre estupenda Susan Sarandon, una de las pocas actrices del Hollywood actual que preserva auténtico carisma.

Terminator, el robot en que todo bibliotecario
sueña alguna vez transformarse

Pero volviendo a robots y bibliotecas, la película en cuestión nos da pie para un cruce inesperado. Si el mítico bibliotecario hindú Shivali Ramamrita Ranganathan nos legó cinco leyes de oro de las bibliotecas; y por su lado, Isaac Asimov dejó para la posteridad las tres leyes de la robótica: nosotros ahora vamos a hibridarlas en una tríada de normas bibliotecario-robóticas, que detallamos a continuación:




LEYES ROBÓTICO-BIBLIOTECARIAS BRMU


• Un bibliotecario no puede desanimar a un ser humano en su curiosidad lectora, ni permitir que un ser humano se quede sin la lectura/película/música que necesita 
• Un bibliotecario debe respetar los gustos de los seres humanos a los que atiende

• Un bibliotecario debe proteger su supervivencia profesional frente a los recortes, y solo sacrificarse por conseguir que las bibliotecas sigan dando servicio a los seres humanos.

Tres leyes para la inspiración, nunca para la imposición (que ya vamos sobrados de imposiciones) que al menos nos sirven para celebrar que aún seguimos aquí. Viejunos, vintages, cuestionados por el empuje de lo digital o jurásicos. Pero es que ya lo hemos dicho alguna vez, lo vintage se lleva, y por eso, porque somos vintages, orgullosos y bizarros terminamos con Dee D. Jackson y su inefable Automatic lover, demostrando que hay cosas que nunca se olvidan. Tal es el impacto que dejan en nuestras retinas y oídos.