viernes, 26 de abril de 2013

Mucho, mucho ruido



Caen las hojas del calendario y el verano se acerca inexorablemente, y aunque hasta las otrora gloriosas canciones del verano están también en crisis, hay ciertas cosas que nunca cambian, y algunas de nuestras más “entrañables” señas de identidad se refuerzan en atuendos y costumbres.

De ahí la foto impagable de una señora en pleno tratamiento de belleza al aire libre en el Mar Menor, combatiendo dolencias plenamente enfangada de pies a cabeza, pero eso sí, sin perder nunca la elegancia que le otorga la indispensable pamela.

Otra de las características autóctonas que en tiempo de estío se exacerba hasta extremos, a veces, inhumanos: es la del ruido. Y precisamente este pasado día 24 se ha celebrado el Día mundial contra el ruido. La falta de civismo unido a los increíbles tabiques menguantes, son un cóctel letal que hace imposible la frase que ya rescatamos en Murcia Tropikal de una película de Fellini, y así nos va:

"Creo que si todos guardáramos un poco de silencio, podríamos comprender cualquier cosa"
  Y en esas estamos, escribiendo sobre silencio y ruidos desde una biblioteca; precisamente cuando los propios bibliotecarios cuestionamos esa obligada quietud cuando queremos convertir a nuestros centros en espacios vivos y dinámicos, en los que el ruido a veces es inevitable (¿acaso no mereció la pena perder algo de sosiego con el estupendo concierto que celebramos el pasado día 23 en nuestras salas?)

Pero ese es un debate para otro post, en éste lo que queremos es rescatar el hilarante sketch del programa Todo por la radio en La ventana de la Ser, en el que un vecino indignado está desarrollando un miedo cerval hacia las bibliotecas.


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