martes, 27 de enero de 2015

Centrifugando el 2014


[Haz clic en las letras verdes, y centrifuga tu cerebro] 


No, no vamos a dejar de hacer balance de lo que ha sido el 2014 en este blog. Hemos dejado pasar un tiempo más que prudencial para mirarlo con más perspectiva, y así llegar mejor a una definición perfilada y precisa de lo que ha supuesto.

Y una vez reposado, estamos en condiciones de declarar sin temor a equivocarnos que no tenemos ni pajolera idea de lo que ha supuesto. La única conclusión es que no tenemos conclusión, y que en todo caso será cada seguidor el que deba decidir lo que le ha gustado o no. Aún así, hay constantes que no nos abandonan. Nuestro amor por la lectura nos llevó a proclamar que sentíamos la lectura como una necesidad fisiológica.

Arrancamos el año con afán justiciero, y ánimo vengativo hacia ciertos especímenes; pero la sangre no llegó al río, porque ante todo no perdemos de vista el manual de urbanidad bibliotecaria por el que nos regimos. Proclamamos que queríamos ser surcoreanos sin que dicha proclama tuviera nada que ver con un desvarío transitorio; porque meses más tarde, a raíz de una anécdota bibliotecaria en el concurso televisivo de Ahora caigo, insistimos en nuestro sueño de tener otras nacionalidades según en qué cosas.


Y por aquello de iniciar el año con buen pie nos ocupamos de la belleza y de la risa, con un post que aportaba elementos para celebrar ambas cosas. Seguimos esbozando sonrisas, coherentemente, con Sonrisa de bibliotecario o con el Kamasutra del lector: una manera como cualquier otra de alcanzar el ideal de instituirnos como una biblioteca de la empatía, cuyo eslogan podría ser perfectamente aquello de menos face y más book.
Como sin referentes no somos nada, rememoramos a la insigne María Moliner en Zurciendo calcetines, un post que gustó mucho a aquellos seguidores que en el post Sintiendo lecturas habían cuestionado el estilo de este blog. No fue el único debate (¿polémica?) que suscitó algún post durante este año. En La mano que mece a la biblioteca, el difícil equilibrio entre lo público y lo privado dio para opiniones de lo más contrapuestas.

El mens sana in corpore sano estuvo también muy presente, bien eliminando toxinas, o reclamando clases de pilates literario en los gimnasios. El caso era moverse, como el panorama cultural murciano, que se está moviendo prometedoramente y cuyo ritmo aspira a poder seguir la biblioteca. Murcianos totales nos sentíamos no por tonto chauvinismo, sino por convicción, sin rastro de Postureo bibliotecario por nuestra parte.


La actualidad más inmediata y preocupante se plasmó en post como Biblioteca terrorista, que tuvo su contrapunto esperanzador con la respuesta al fanatismo que nos proporcionaba No en mi nombre. La crónica de sucesos también nos dio pie para temas candentes como los que comentábamos en Háblame del mar, marinero; o en tono más distendido, con una nueva crónica sobre los gnomos de jardín y su ofensiva en pos de hacerse con el mundo.

Seguimos postulando a las bibliotecas como nidos, incluso como graneros (literal y metafóricamente). La inspiración africana fue una constante a partir del mes de abril, lo africano fue el argumento de nuestra tercera acción artístico-bibliotecaria más chocante hasta la fecha; que convirtió a peluquerías del centro de Murcia en sucursales bibliotecarias; y que nos dio pie para crear una sección con vocación de continuidad: los Cuestionarios BRMU.




La acción se expandió de tal forma que hasta nos proporcionó una visión impagable: usuarias (e incluso algún usuario) de la biblioteca, siendo maquilladas por profesionales en nuestras salas, al tiempo que se les regalaba un libro, en una acción estético-bibliotecaria que descolocó hasta al más pintado.


Nuestro alias como biblioteca del Zig Zag , nos dio pie a una reflexión sobre exposición pública y anonimato: el filo de la navaja tecnológica por el que nos movemos todos en la actualidad. Un anuncio publicitario de golosinas se empeñó en volver a pintarnos como sitios aburridos y amuermantes, en vez de reconocer que desde hace años somos descaradamente diferentes. Tan, tan diferentes que hasta nos atrevimos a calificarnos como una biblioteca digna de la mítica serie Twin Peaks.



Todo vino a cuento de nuestra cuarta acción artístico-bibliotecaria, a lomos de la cual hemos pasado al 2015, durante cuyos primeros seis meses, seguirá haciendo de la moda, una excusa perfecta para promover la cultura mediante nuestra Pasarela BRMU. Alta costura, alta cultura, decíamos para promocionar la Pasarela, pero sin ánimo excluyente; sería algo absurdo hablar de exclusividad cuando nos calificamos orgullosamente como Biblioteca de clase media.



La tecnología y sus servidumbres dieron como era de esperar mucho juego. Desde la mala reputación 2.0, a los niños que vienen con una tablet bajo el brazo, al amor en tiempos de la web (Hashtag ya no te quiero), pasando por el agobio ante tanto invento en posts como La ciencia avanza,pero yo no. Pero nosotros como siempre, arrimando el ascua a nuestra sardina, nos ofrecíamos como solución a tanto teléfono roto.

Y sin modestia aparte que valga, reclamábamos igual que tantos otros gremios, un reconocimiento en forma de Tejuelo de oro a nuestra labor bibliotecaria.



Una vez repasado, no estuvo tan mal el 2014. Lo iniciamos reivindicativos y lo terminamos orgullosos, al menos podemos decir que moral no nos ha faltado. Y con la misma moral, o incluso más, afrontamos este 2015. Como siempre seguiremos dependiendo de nuestros seguidores y usuarios, para que al 2016, lleguemos conservando un espíritu parecido.