viernes, 30 de enero de 2015

La biblioteca como musa



Si en los 80 corrían malos tiempos para la lírica, según Golpes bajos; no queremos ni pensar qué tiempos corren ahora. Pero tiempos peores se padecieron, y eso no impidió que el talento y la necesidad de expresarse moviera a la gente. Son muchas las historias sobre artistas, o no tan artistas, que sobrellevaron los reveses transformándolos en obras furiosamente personales; y de entre todas las posibles historias al respecto, pocas tan emocionantes como la de la joven Charlotte Salomon.

Las "viñetas" de Charlotte Salomon

Descendiente de una familia en la que las mujeres acabaron suicidándose (una tía, su abuela, y hasta su propia madre), Charlotte decidió vivir por todas ellas; y lo consiguió, al menos en el arte. Porque en la vida, su condición de judía la llevó a ser ejecutada en Auschwitz, a la edad de 26 años. Sus dibujos, realizados algunos de ellos en el campo de concentración, resultan sobrecogedores. ¿Vida? o ¿Teatro?, llamó al repaso pintado de su corta vida, que en muchos casos recuerda claramente al cómic por su composición, y las resoluciones narrativas que utilizó.

Todos, tengamos habilidades pictóricas o no, dibujamos nuestra vida como nos dejan o podemos; pero los que han sido agraciados con talento para el dibujo pueden dibujarse a sí mismos como les venga en gana, y eso siempre resulta de lo más terapéutico. Como el artista de origen francés Sébastien del Grosso, que se realiza efectistas autorretratos, en los que abre un diálogo entre la verosimilitud de la fotografía, y la libertad expresiva del dibujo a la hora de expresar emociones.

Sébastien del Grosso dibujándose a sí mismo

Inspirarse en la propia vida, resulta de lo más práctico ( de ahí quizás la explosión de la literatura del yo de los últimos años); nada resulta más inmediato y empático que contarse a uno mismo. Pero como las bibliotecas no pueden retratarse a sí mismas, afortunadamente contamos con artistas para los que son toda una inspiración.



Primero fueron las acuarelas de Alison Rector que celebrábamos en Bibliotecas de clase media; y ahora es desde Canadá, desde donde nos llegan los 99 dibujos de las bibliotecas públicas de Toronto gracias a Daniel Rotszstai. Un proyecto que surgió donde mejor pueden surgir las ideas: estando de cervezas con unos amigos, que le recomendaron visitar algunas de las estupendas bibliotecas de la ciudad que no conocía. Daniel (de 25 años, uno menos que Charlotte cuando la asesinaron) se lo tomó como un trabajo, y en bici, autobús o a pie, fue dibujando hasta un total de 8 bibliotecas por día. Todos sus dibujos pueden verse en su web Todas las bibliotecas de Toronto, y actualmente se encuentra empeñado en la idea de publicar un libro con ellos.


El resultado de sus periplos por la ciudad, fue una visión única del sistema bibliotecario y de su ciudad; y llegó a conclusiones tan aparentemente obvias que en ocasiones se nos olvidan, y siempre viene bien remarcar:

  
"las bibliotecas son uno de los últimos espacios interiores de acceso público no comercializados [...] necesitamos más espacios como estos"

Y en espera de que algún artista local decida viajar por nuestra región dibujando nuestra (igual no tan bonita, pero sí estupenda) red de bibliotecas públicas, le ponemos banda sonora. Acostumbrados a pasear por nuestra ciudad, la mayoría de las veces no nos fijamos en los cambios que se van produciendo. A Daniel Rotszstai le pasaba algo así, hasta que sus amigos supieron abrirle los ojos a través de las maravillosas bibliotecas de Toronto.

Y el innovador director de cine Michel Gondry, en su vídeo para Kylie Minogue, nos demostró que siempre hay que intentar arrojar una mirada nueva a lo que nos rodea, para no perdernos los mil detalles que lo van cambiando todo, paso a paso.