lunes, 5 de enero de 2015

Escandaliza, que algo queda

Escaparate creado por Dalí para un comercio de la 5ª avenida de Nueva York

En el post precedente hablábamos de los continuos reclamos que desde todos sitios luchan por captar nuestra atención. Captar la atención del consumidor, del votante, del internauta, del viandante, del conductor, en definitiva, de cualquier bicho viviente. Parece que el marketing aplicado a todo estuviera empeñado en mantenernos en el permanente estado de asombro de un bebé; y claro está, ya pocas veces lo consigue. Impactar a toda costa, cada noticia mejor si lleva una carga de polémica a cuestas, aunque la mayoría de las veces sean polémicas de pacotilla. William Randolph Hearst, el magnate de la prensa amarilla al que Orson Welles retrató en Ciudadano Kane, debe estar removiéndose de gusto allá donde esté.


Nosotros mismos en la Biblioteca Regional, muchas veces no sabemos cómo anunciar nuestros proyectos para que nuestros usuarios se enteren. Que si carteles llamativos, que si redes sociales, que si notas de prensa, que si anuncios al final del recibo de préstamo. Y todavía para muchos ciudadanos, las bibliotecas lo único que hacen es ofrecer espacios para estudiar, y prestar libros.  En fin, como dijo Cela: en España el que resiste, gana. Así que nos lo aplicamos, y seguiremos dando la tabarra.



El Quijote, obsesión para Dalí
¿Cómo llamar la atención en un mundo saturado? El escándalo, ese arma publicitaria de doble filo, no ha respetado épocas, ni sociedades, y gracias a él (como dejamos claro en nuestra primera acción artístico-bibliotecaria) grandes obras han visto la luz. Por eso hemos encabezado el post con uno de los escaparates que el maestro de la autopromoción y de la provocación, Salvador Dalí, creó para un exclusivo comercio de la neoyorquina 5ª avenida.

Forma parte ya de su leyenda, cómo la emprendió a patadas con el montaje una vez constató los cambios que los asustados comerciantes efectuaron en el diseño de Dalí, (que incluía sus teléfonos langostas, y hasta una bañera peluda) , y terminó rompiendo hasta el cristal, por lo que fue detenido y encarcelado durante unas horas.

Ahora se critica mucho el escándalo mercantil de las estrellas del pop; pero la provocación como trampolín no la inventó Madonna, ni por supuesto Miley Cyrus. En el siglo XVII, la piedra angular de la novela moderna, el Quijote, ya era una provocación, al reírse descaradamente del género popular por excelencia del momento: las novelas de caballerías. Saltando cuatro siglos, en la Francia de nuestro días, el corrosivo Michel Houellebecq ya ha provocado un pequeño terremoto, no ya literario, sino hasta político y social: tan sólo con la filtración de lo que va su inminente nueva novela: Sumisión.

Miley mucho antes que tú, ya lo hizo Einstein

El incisivo Houellebecq (al que pudimos escuchar en persona el pasado mes de abril en la biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura. Todo un lujo gracias a la gran labor de nuestras fantásticas compañeras de Molina) ha escrito una distopía futurista que transcurre en el año 2022, en el que un gobierno islamista sería el que gobernaría Francia. El escándalo está servido incluso antes de que el libro se haya puesto a la venta. Que si viene a reforzar las posiciones del Frente Nacional de Marie Le Penn, que plantea el retrato más cáustico posible sobre el régimen político actual, y mil interpretaciones más, que sin duda están haciendo que Houellebecq revalide una vez más su talento para la provocación.

El documental-película sobre el supuesto secuestro de Houellebecq


Volviendo a nuestro país, un autor católico como Juan Manuel de Prada (escritor en el periódico vaticano), irrumpió en la escena literaria reclamando su rincón al sol de la fama literaria gracias a su libro Coños (dedicado íntegramente a dicha parte de la anatomía femenina). Si hay que reconocerle una habilidad a Prada, aparte de sus capacidades como escritor, es la de haber incomodado por igual a mojigatos, entonces, y a supuestos modernos, después. Hablar de las estrategias para llamar la atención de otra escritora que irrumpió casi al mismo tiempo que Prada, Lucía Etxebarría, requeriría en cambio de un análisis que excede de la extensión media  de las entradas de este blog.

Pero hay figuras que resultan polémicas o escandalosas sin pretenderlo en ningún momento, les bastó  ser como eran, sin estrategia, ni planificación alguna; y tuvieron que pagar un alto precio por ello. Es el caso del matemático Alan Turing, del que se acaba de estrenar un muy aconsejable biopic cinematográfico: The imitation game. Si ahora estás leyendo este post es en gran parte gracias a Turing. Sus investigaciones en computación fueron decisivas para derrotar a los nazis; pero todo su impresionante legado estuvo a punto de ser olvidado por el simple hecho de ser homosexual. Que su memoria no haya sido honrada y restituida por el gobierno británico hasta el año 2013, es una de esas cosas que sí que escandalizan de verdad.

Doodle en homenaje a Alan Turing en el 2012


Afortunadamente, la figura de Turing lleva años siendo reivindicada desde numerosos ámbitos. Sin ir muy lejos, el grupo pop Hidrogenesse le dedicó un disco en el 2012, (que quizás tenga algo que ver con que se vea tanto espectador con aspecto hipster en la sala donde se proyecta). En la Biblioteca Regional  contamos con la interesante biografía: Turing, del primer ordenador a la inteligencia artificial, y con el texto del propio Turing que formula la pregunta del millón de nuestro tiempo: ¿Puede pensar una máquina?

El rostro de Sia se desvanece en su último disco
Nosotros por el momento, vamos a pensarnos si tendremos que recurrir a montar un buen escándalo para hacer que los que aún no lo saben, se enteren de que las bibliotecas les gustan. De momento, iremos cerrando con la cantautora australiana Sia.

¿Por qué?, pues porque la autora de la canción Chandelier (según numerosos medios la mejor del 2014), ha llevado una carrera discreta durante muchos años, firmando algunos de los hits de estrellas pop como Rihanna o Beyoncé, figuras que sí que saben cómo conseguir que se hable siempre de ellas. Y cuando finalmente está arrasando por sí misma con su último disco, ha decidido no mostrar más su rostro, ni conceder entrevistas, convirtiéndose así en una fugitiva de la fama.

Y es que ya lo dijimos en el post previo: la sobriedad es el nuevo exhibicionismo.