sábado, 28 de febrero de 2015

Centrifugando el 2015 [enero]

[Haz clic en las letras verdes, y centrifuga tu cerebro] 

Siempre cabe un posibilidad por pequeña que sea de mejorar cuando se inicia, o mejor dicho, se reincida algo. Por eso empezar a centrifugar el 2015 en este blog, es una nueva oportunidad (y van) de mejorar respecto a lo previo; si se consigue o no, los siguientes meses lo dirán.

Por el momento, empezamos el año con mucho movimiento. Con el mareante baile de imágenes en movimiento con que reflexionar/ironizar sobre lo hiperestimulados que estamos todos, sin necesidad de que nos diagnostiquen ningún trastorno de déficit de atención.




El escándalo siempre vende, ¿siempre? Estamos ya tan saturados que cada vez es más difícil llamar la atención, así que llegamos a la conclusión de que la sobriedad es el nuevo exhibicionismo. Aquello de que menos es más, en vista de cómo se desarrollan las cosas en nuestros días, va a ser cada vez más necesario.

Impactados quedamos también, como tantos otros medios, ante las palabras de un gurú de nuestro tiempo como el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, sobre libros y lectura. Pese a todo, desde las bibliotecas sólo pudimos darle las gracias; eso sí, una vez recuperados del estupor inicial. Lástima que según las últimas noticias, parece que las buenas intenciones de Zuckerberg respecto a los libros, no están teniendo el predicamento que se esperaba dada su supuesta autoridad sobre las masas de Internet. Pero demos tiempo al tiempo, algo que no se estila mucho en el acelerado mundo digital.

Y es que formas de fomentar la lectura hay muchas, y Zuckerberg no es la primera estrella (de una categoría hasta hace unos años inexistente, pero estrella al fin y al cabo) que sirve como ejemplo a imitar.

En el Hollywood clásico, no era muy propio lo de lanzar campañas pro lectura, pero en Más estrellas que en una biblioteca, pudimos constatar que hasta en la meca del glamour y la frivolidad, el amor por los libros contradecía en muchas ocasiones la imagen superficial que se suele asociar siempre con la capital del cine.

Y de la fábrica de sueños, también nos deslizamos a las ensoñaciones que nos aportaban los dibujos de Daniel Rotszstai de la red de bibliotecas públicas de su ciudad Toronto: auténticas declaraciones de amor arquitectónicas y literarias, que nos daban pie a conmovedores recuerdos sobre la obra y vida de Charlotte Salomon, o a los interesantes experimentos gráficos de Sebastien del Grosso. Maneras de experimentarse, de narrar la propia vida a través de los dibujos, de sentir a la biblioteca como musa inspiradora.



Y con nuestra Pasarela BRMU dedicada a Pedro Lobo, no dejábamos del todo el mundo de los sueños. Si bien su colección inspirada en la música, se anclaba firmemente a la tierra gracias a la relación que establecíamos con las matemáticas; lo cierto es que sus diseños no pueden esconder un cierto componente onírico, que forma parte de ese encanto especial que lleva inherente todo lo que crea este estupendo diseñador murciano, al que tanto nos alegramos de haber tenido formando parte de nuestro proyecto.

Pero como no todo podía ser tan amable, también tuvimos tiempo de echar un vistazo a uno de esos enfrentamientos (¿WTF?, perdón por la grosería en inglés, pero viene a cuento dado el asunto) que no dejan de resultar cómicos en su absurdo: los enfrentamientos entre frikis y hipsters a cuenta de los videojuegos. Y es que ya lo decía Frédéric Martel en su interesante Cultura mainstream: la guerra por los contenidos en las industrias culturales, es de los asuntos que más están definiendo al mundo en la actualidad.




Y como empezar un nuevo año sin formular ningún propósito, es ir en contra de la tradición: este año propusimos a nuestros seguidores desterrar cualquier forma de culpabilidad. No, no, no estamos incitando a una irresponsabilidad que incurra en lo delictivo, nos referíamos a que no sentirse nunca culpable por cualquier gusto cultural que tengamos.

No a los Placeres culpables, todo placer cultural en una biblioteca es inocente hasta que se demuestre lo contrario; así que el único delito es no encontrar algo que te guste, con la cantidad de oferta que tenemos.