jueves, 16 de agosto de 2012

Un libro debe fabricarse como un reloj, y venderse como un salchichón


Siempre lo hemos mantenido, somos supermercados de la cultura. Ya lo reafirmamos al crear nuestros Packs de préstamo, y al decidir darles forma de bote de detergente antes que de caja de bombones.

Por eso nos encanta la materialización de esta idea en la estupenda librería La Casquería. Una librería de la que tomamos uno de sus frases publicitarias (con la que titulamos este post) para convertirla casi en un mantra a la hora de planificar nuestra oferta.

Punto de lectura en el mercado de Santa Florentina
(Cartagena)
No es nuevo lo de crear un puesto de libros (sea biblioteca o librería) en un mercado. Sin ir más lejos, la red de bibliotecas de Cartagena dispone de un punto de préstamo en el mercado de Santa Florentina desde hace años; pero lo estupendo de la librería creada en el mercado de San Fernando en Madrid, es que se ha conservado todo lo propio de un puesto de mercado.

El peso sigue en su sitio como debe ser, entre otras cosas porque la venta de los libros se hace al peso. El comprador elige los libros, y el kilo sale a 10 euros, la frescura de la mercancía no es lo importante al ser libros de segunda mano; pero la frescura de los contenidos está más que asegurada.

En nuestra biblioteca lo de prestar al peso no nos atrae tanto, pero lo de vocear la mercancía nos encantaría. Lo de preservar el silencio a veces se hace muy cuesta arriba, con lo bien que quedaríamos con delantales tras el mostrador y gritando a voz en grito. Deberíamos crear una nueva categoría bibliotecarios-verduleros para animar nuestra oferta... aunque pensándolo bien, lo cierto y verdad es que más de uno/a ya lo somos.

Bibliotecaria-verdulera de marca