viernes, 21 de octubre de 2011

Mensaje en una botella




Esto no es un post, es un mensaje en una botella que lanzamos al océano de la red por si arriba a la costa de algún alma caritativa.

El punto de partida es la exposición que se está celebrando en Siena (Italia) hasta el 8 de enero, dedicada al genio del erotismo en dibujos que es Milo Manara. No vamos a descubrir a estas alturas la belleza insuperable del trazo del italiano, que lleva décadas zigzagueando con una elegancia asombrosa por la resbaladiza línea que separa el erotismo de la pornografía. Las habitaciones del deseo es el nombre bajo el que se exponen casi 300 obras de 40 años de carrera, de un genio que ha convertido la provocación de los instintos más básicos en todo un arte.

En nuestra Comicteca, lo constatamos desde el principio, cuando nos llamaba la atención lo mucho que se desordenaban las colecciones dedicadas a Manara, pero que luego no se traducía en préstamos masivos a domicilio. Quedaría por estudiar, si desde que pusimos el autopréstamo, la correspondencia entre desorden de las colecciones y préstamos reales se ha igualado; de lo contrario solo podría deducirse que el placer furtivo de hojearlos en nuestras salas, sigue superando al deseo de disfrutarlos tranquilamente en casa.


Además, en la Comicteca atesoramos algunas joyas extrañas de la obra de Manara: sus colaboraciones con Federico Fellini (El viaje de G. Mastorna, Viaggio a Tulum) obras de difícil localización que fuimos capturando aquí y allá para que nuestros usuarios puedan disfrutarlas. Pero tenemos una espina clavada a este respecto: Manara también ilustró una novela corta del mismísimo Pedro Almodóvar allá por 1992: Fuego en las entrañas, una novela publicada originalmente en el año 1981 con ilustraciones de Mariscal que está más que agotada y es de dificilísima localización.


Pese a ello estamos haciendo gestiones para poder conseguirlas (la edición francesa con Manara, y la española con Mariscal) de alguna manera; y es aquí donde lanzamos la botella a las corrientes de la red con pocas esperanzas, pero como nunca se sabe, y los caminos de Internet son inescrutables; igual algún alma desprendida decide donarnos la obra para que puedan disfrutarla todos nuestros aficionados.

En definitiva el que no llora no mama, y en cualquier caso homenajear a un maestro como Manara siempre es un placer.