viernes, 18 de enero de 2013

Sheldon Cooper ya lo sabía

Sheldon con su expresión de: "ya te lo dije"

Después de confrontar lectura versus televisión en TV or not TV, volvemos a vueltas con el cerebro pero buscando comparaciones más equitativas: lectura versus lectura. Duelo entre iguales. Y como en aquel caso, es de nuevo un estudio reciente el que nos sirve para corroborar algo que a nosotros nos resulta de lo más evidente. Pero así con la excusa del estudio, quedamos algo menos pedantes.

En la Universidad de Liverpool especialistas en ciencia, psicología y literatura, han analizado la actividad cerebral de 30 voluntarios que leyeron obras clásicas de la historia de la literatura, y después, esas mismas obras trasladadas a un lenguaje coloquial, exento de exquisiteces literarias.

Y el resultado no podía ser más evidente: el cerebro se activa y mucho, cuando se enfrenta a textos ricos literariamente, con estructuras complejas, ideas elaboradas, y se mantiene prácticamente al nivel de un espectador de televisión cuando se dedica a leer en lenguaje coloquial.

Fry de Futurama bajo el influjo del gran cerebro en la biblioteca

Pero es que, ¿cómo va a ser lo mismo leer La montaña mágica de Thomas Mann, que Los pilares de la tierra, o La cartuja de Parma que El código da Vinci, Drácula de Stoker que Crepúsculo, o (y en este caso la acusación de cansinos está plenamente justificada) Trópico de cáncer de Henry Miller que 50 sombras de Grey?

Italo Calvino ya nos dió precisas y preciosas razones de Por qué leer los clásicos, y ahora los científicos confirman lo que ya nos adelantó un escritor.

Leela y Fry en la biblioteca
Toda dieta precisa de golosinas, pero siempre que nuestra alimentación sean platos nutritivos y saludables. Otra conclusión del estudio nos ha gustado especialmente: la poesía es más útil que los libros de autoayuda, y la lectura en general es el mejor medicamento preventivo contra el Alzheimer o la demencia senil.

Y una vez dicho, nos apeamos de ese irritante tonillo tipo Sheldon, protagonista de una de esas golosinas televisivas permitidas en cualquier dieta (The Big Bang Theory) y que junto con los gorritos de punto simulando los parásitos cerebrales de Futurama (se organizan hasta concursos para fabricar gorritos con su forma) son las mejores metáforas visuales posibles, para este nuevo post en torno a cerebro y lectura.


Fuente: Portafolio