viernes, 25 de noviembre de 2011

Extras del Pack Oriente y Occidente



Definirse por oposición al otro, mirarse en un espejo y no querer que ninguna semejanza en el reflejo contradiga la imagen que de nosotros nos habíamos hecho: así podría resumirse la eterna relación entre Oriente y Occidente. Pero la capacidad de estos extras no da para mucho. Tan solo unos pocos reflejos, que la tan traída globalización ha convertido en una galería de espejos de feria: a veces deformantes, otras veces atractivos en su rareza, pero inevitablemente equidistantes.

Y para empezar con uno de los fundamentos de tantas diferencias, arrancamos con la religión. Pero nada de pesadas digresiones en torno a ella, baste este maravilloso e hilarante corto para demostrar que lo más insignificante puede derrumbar ídolos o creencias que ayer creíamos inamovibles y justificaron nuestras guerras, y hoy se tambalean sobre el vacío más absoluto:

Om Namah Shivaya! Hemos arrancado en la India, y de allí no nos movemos de momento. Jean Renoir filmó con su película El río un ejemplo de cómo el arte es la mejor manera de quedarse con lo mejor de cada mundo. La película de Renoir es hipnóticamente hindú como un mantra, pero la visión que nos da de la India es lo más lejano que pueda imaginarse a la mirada del turista.
En cambio, la cantante M.I.A. (nacida en Londres, hija del cabecilla revolucionario tamil de Sri Lanka, y criada entre Sri Lanka y la India) es el fruto artístico perfecto para esa cultura global que no solo vive de flujos y reflujos económicos. Su vídeo Born Free, todo un brutal alegato contra el miedo a lo diferente, es demasiado duro, así que dejamos el enlace (como una advertencia de que puede herir la sensibilidad de más de uno), y elegimos su XXXO un derroche histérico del más tópico exotismo, pura parodia de una tienda de souvenirs orientales:


La combativa M.I.A. es un ejemplo de segunda generación de inmigrantes, ni de aquí ni de allí, sino de todas partes. Olimpita es un cómic que retrata como pocos lo que cada día en el telediario no pasa de la crónica de sucesos, y que sus autores convierten en un retrato nada afectado de esa calle que antes era monocolor, y que desde hace unos años está repleta de ese exotismo que tanta gracia nos hacía en las películas, y que ahora tanto nos desconcierta al compartir nuestro rellano.
Oriente en Occidente, y Occidente en Oriente. La primavera árabe está demostrando que ya no es posible la Edad Media en pleno siglo de las tecnologías de la información. El planeta es más complejo que nunca, y más básico en sus representaciones: del cero al uno, y del uno al cero. Píxel somos y en píxel nos convertiremos: ¿para qué enfrentarnos entonces si la informática todo lo uniforma? Si hubiera una revolución mundial en marcha, solo Internet nos avisará cuando suceda:

 
Pero cuando hablamos de Oriente y Occidente, no es necesario mirar muy lejos. En nuestro propio continente durante décadas un muro hizo cohabitar ambos conceptos en una misma ciudad: Berlín. Un muro llamado de la vergüenza que un berlinés de pura cepa con poca vergüenza como Billy Wilder, convirtió en deliciosa comedia en la imprescindible Uno, dos, tres. Por contraste, el brillante y otras veces estomagante Lars von Trier, antes de inventarse el Dogma, dejó con Europa una filigrana estética y narrativa que merece la pena rescatar.
Y precisamente en la banda sonora de Europa, participaba la pirada (en el amplio y cariñoso sentido de la palabra) Nina Hagen, que nos enlaza con el Pack Pistolas y cabaret, y que se piró cuando era joven de ese oriente grisáceo, triste y represivo del Berlín en el que nació, para renacer al otro lado como disparate artístico y estético. Su encarnación de la trágica figura del destino en esta impactante versión del tema Seeman de Rammstein, es digno final para este diálogo de sordos en que muchas veces se convierte la tan traída y llevada alianza de civilizaciones: