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viernes, 26 de diciembre de 2014

¿Eres de Papá Noel o de Reyes Magos?, ¿eres de biblioteca o de Google?




Hay personas, empresas, instituciones que cuando alrededor se va extendiendo la confusión, los nervios y los temores, deciden arriesgar, dar un paso adelante, y el tiempo termina por otorgarles el estatus de pioneros, de guías que todos los demás seguirán. Ha sido el caso de la editorial norteamericana Simon & Schuster, que en unos de esos ejemplos de inteligencia empresarial que tanto nos gusta celebrar: ha decidido ceder todo su catálogo de libros electrónicos (cerca de 14.000 títulos) para que se puedan prestar en las bibliotecas públicas de los Estados Unidos y Canadá; y próximamente en Nueva Zelanda y Australia.

Según su director general, están encantados de ofrecer sus fondos digitales para el préstamo en bibliotecas, por considerarlas instituciones culturales vitales que promueven la educación, la alfabetización y atraen nuevos lectores para sus autores. Lo dicho, no hace falta ser muy lince para darse cuenta de algo tan obvio; pero el caso es que esta editorial estadounidense ha hecho algo que hasta ahora pocas se atreven. Y no estamos hablando de una editorial nueva y pequeña, a la que pueda interesarle promocionarse sea como sea. Todo lo contrario, Simon & Schuster existe desde 1924, y cuenta con un largo historial de obras editadas con gran tirón comercial.

En el catálogo de las bibliotecas se añadirá un botón que permitirá comprar la obra en cuestión. Esta "intromisión" del aspecto comercial en la oferta de un servicio público no ha dejado de provocar voces en contra. La editorial responde resaltando la posibilidad de otra fuente de financiación para sortear los recortes que nos paralizan a las bibliotecas; y una vez más, el peliagudo debate sobre lo público y lo privado en el ámbito bibliotecario vuelve a resurgir.


Mecenable, un proyecto que abrió un encendido debate en este blog a cuenta de la financiación privada de bibliotecas


Por su parte, la ALA (Asociación Americana de Bibliotecas) ha dado su visto bueno a la iniciativa. Guste más o menos, lo que está claro es que editoriales, autores, librerías y bibliotecas estamos en el mismo bando: a todos nos beneficia fomentar la lectura. De ahí el cartel-pendón (con todos nuestros respetos para los pendones) que engalana nuestra fachada durante estas fiestas, y que apoya a las librerías sugiriendo que esta Navidad regales libros.



El ingenioso vídeo viral presentación de la editorial Malpaso: alunizaje en la librería Calders, las joyas son los libros


Es de justicia, si las librerías reclaman más presupuestos para las bibliotecas públicas, las bibliotecas defendemos a nuestras librerías. No podrán competir con los grandes monstruos distribuidores de Internet, pero nos proporcionan experiencias de socialización y de placer a la hora elegir nuestras lecturas, que lo digital nunca podrá ofrecernos. Precisamente hace unos meses saltó la noticia de la creación de librerías dentro de las bibliotecas públicas catalanas. Ya no es un simple botón en el catálogo, es que el propio negocio privado comparta espacio con las instalaciones públicas. Una experiencia que seguiremos de cerca.

Una vez se llegue a digerir toda esta revolución digital que estamos viviendo, será el momento de contar las bajas, y confiamos en que pese a todo: bibliotecas y librerías sigamos en la brecha. Que las tensiones entre lo digital y lo analógico se relajen, y que al igual que Papá Noel y los Reyes Magos se reparten el mercado navideño de los regalos: las bibliotecas y/o librerías y Google tengan sus propios nichos de mercado (por seguir con aquello de la jerga comercial).




jueves, 23 de octubre de 2014

Con una tablet bajo el brazo




Nativos digitales, emigrantes digitales, ciberricos, ciberpobres. Los conceptos que ha dado de sí la revolución tecnológica que estamos viviendo, parecieran empeñados en crear separaciones, más que ese espacio común de la red de redes. En realidad, lo único que subyace a tanta categoría, es la ansiedad por no quedarse fuera, por no dejar que los tiempos pasen sobre nosotros como una apisonadora.

Uno de los temas mas repetidos ha sido el de la brecha generacional que separa a los nacidos digitales de los nacidos analógicos, casi siempre destacando la prodigiosa destreza de los jóvenes. De esta cultura global en la que nos movemos, que lleva desde la década de los 50 del pasado siglo, glorificando a la juventud: no cabía esperar otra cosa. Pero no sabemos si alguien ha señalado en algún sitio las ventajas de lo que están entre los 40-50 años, y que nacieron analógicos, pero se han puesto las pilas más o menos en la era digital.

En esa franja de edad, la perspectiva que da el
haber vivido en ambos mundos, puede ser un arma de lo más poderosa, siempre que no se pierdan las habilidades adquiridas previamente a la eclosión digital. Saber surfear habilidosamente por la red, y al tiempo tener la capacidad de un razonamiento de más largo recorrido, sin la obligada inmediatez y volatilidad de la lógica binaria. El ser una generación bisagra puede tener múltiples ventajas (¿se nota en que franja de edad se sitúa la mayoría de la plantilla de la BRMU?, ¿no?)

La Academia de Pediatría Norteamericana no trata estos asuntos, pero acaba de  hacer unas recomendaciones que algo tienen que ver. Por supuesto, siguen aconsejando a los padres que lean a los bebés desde su nacimiento. Pero ahora además, la prestigiosa institución recomienda que se evite a los niños menores de 2 años ningún tipo de contacto con pantallas, y como máximo dos horas, a los que superen dicha edad.

Las prevenciones a que los niños aprendan a leer en digital son varias. Según algunos estudios, la lectura en digital puede socavar la dinámica que impulsa el desarrollo del lenguaje. Los padres que leen a sus hijos en digital pasan más tiempo centrándose en el propio dispositivo que en la historia; mientras que los progenitores que siguen leyéndoles en analógico establecen más diálogos con los niños. Del otro lado están lógicamente, los editores de libros electrónicos, que destacan que la interactividad  es una ventaja educativa. ¿A quién creer?

El efecto Baby Einstein, así llamado por la popular serie de vídeos educativos infantiles, provocó todo un revuelo en 2009, al ser acusados de resultar negativos a la hora de desarrollar el lenguaje en los niños. Tanto es así, que la compañía Walt Disney, tuvo que reembolsar el dinero a los padres que habían comprado los vídeos, ante la amenaza de una denuncia colectiva.



En el fondo de toda la cuestión, como dice un responsable de la Asociación Nacional para la Educación Infantil de los Estados Unidos: la mayor amenaza de los libros digitales, es que los padres abdiquen de su responsabilidad educativa. Y que los libros digitales se conviertan en la niñera de las nuevas generaciones, como antes lo fue la televisión.

El tema promete mucho más debate, pero de momento nos quedaremos con este divertido vídeo de unos niños enfrentados a la edad de piedra digital.




Fuente: New York Times

miércoles, 8 de octubre de 2014

Están lloviendo libros

Defiende la libertad de leer...legalmente

Desde hace dos días, no utilizar la biblioteca no tiene excusa, porque la biblioteca ya la tienes en casa. Ni que está muy lejos, ni que está lloviendo, ni que tienes poco tiempo, ninguna de estas excusas sirven, porque desde el pasado lunes cualquiera que tenga un carné de biblioteca: puede disfrutar de la plataforma de préstamo de libros electrónicos Ebiblio Murcia, que se ha puesto en marcha para toda la Red de Bibliotecas Públicas de la Región.

Más de 1000 títulos sobre todas las materias, y mucha, mucha literatura, incluyendo las novedades más apetitosas, están esperando que te las descargues cómodamente desde casa, o las leas en la nube. El parche de pirata que ya estaba a punto de delatar a más de uno, se desvanece al poder descargarse legalmente las novedades más apetitosas. ¿Conseguiremos poco a poco bajarnos del triste pódium de país más pirata?

De momento, gracias a la colaboración entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y la Consejería de Educación, Cultura y Universidades, a través de la Biblioteca Regional, cada vez perderá más sentido el enriquecer a terceros a costa del esfuerzo de los autores.

Los libros pueden leerse en múltiples soportes, y para aquellos que les apetezca leerlo en un ereader, que no olviden que en la Biblioteca Regional también prestamos dispositivos para la lectura electrónica desde hace cuatro años. Ebook+ereader el combinado perfecto para todo lector deseoso de lanzarse a la lectura digital.

Descubre todos los detalles del nuevo servicio en nuestra web y a partir de ahora usa la biblioteca desde cualquier sitio.


Y precisamente en esta semana en que lanzamos eBiblio Murcia, nos llega una noticia desde Brasil de una borrasca que estamos deseando cruce el charco y descargue con toda virulencia en nuestro país. Nube de libros, así se llama la biblioteca digital multiplataforma en la que pagando 3 euros mensuales, se tiene acceso a más de 30.000 libros electrónicos. Algo que el académico de las letras brasileñas, Arnaldo Niskier, sostiene es el mejor remedio contra la piratería (y las bibliotecas públicas, añadimos nosotros).


   
Libro donde se recoge el modelo de
 la Comicteca de la BRMU
Casualmente, también desde Brasil, concretamente de Sao Paulo, nos llega otra noticia que nos llena de orgullo y satisfacción. La red de bibliotecas de Sao Paulo va a adoptar el modelo de nuestra Comicteca para la creación de espacios de estas características en sus bibliotecas. Parece que las lluvias con que ha debutado este otoño, nos traen por fin algunas buenas noticias. Que siga la racha.

Y cerramos con una anécdota que viene muy al caso. En una librería cercana a nuestra biblioteca, han instalado un stand en la calle con libros por sólo 0.50 euros, y el eslogan con el que los publicitan es toda una declaración de principios. Nosotros nos lo podemos apropiar, pero adaptándolo: eBiblio Murcia, más práctico que piratear.


jueves, 9 de enero de 2014

Lecturas transparentes



Una de las ventajas de los libros electrónicos que se esgrimieron frente a la lectura en papel, fue su coste ecológico. Pero hace unos meses, la organización medioambiental Amigos de la Tierra, cuestionó dichas afirmaciones, a través de un informe en el que sostenía que el libro electrónico, era un desastre ecológico.

Entre el coste energético para la producción de los dispositivos, los restos de carbono, y los daños medioambientales que produce la fabricación de sus piezas (en ocasiones, imposibles de reciclar): los restos físicos de la liviandad digital, resultan de lo más contundentes.




Y frente a esta contundencia material, no deja de resultar paradójica por contra: la evanescencia que caracteriza a la lectura digital desde un punto de vista psicológico. Según un artículo de Scientific American (traducido en el blog Psicología de la información) son varias las razones. Al leer formamos un mapa mental, y es fácilmente comprensible que: las tipografías, la distribución de los párrafos y el mismo hecho de percibir las letras como objetos físicos, hagan que nuestro cerebro retenga mejor lo escrito en un papel.

El citado artículo lanza una reflexión final de lo más inteligente: ¿por qué los fabricantes de libros electrónicos no dejan de intentar asemejar la lectura digital a la experiencia de leer en papel, y crean una experiencia de lectura nueva?

El poeta uruguayo Rafael Courtoisie escribió un poema de lo más conciso, que viene muy al caso: “un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar. Todos menos uno”, esperemos que ese uno, sea el bibliotecario de la manada, que haya tenido la prudencia de conservar sus fondos en papel.


Interior de la Biblioteca de Filología de la Universidad Freie por Norman Foster

Y entre lo transparente y lo opaco, se mueven las metáforas artísticas que hemos elegido para ilustrar este debate. Si hablábamos de medioambiente y cerebro, nada mejor que la biblioteca diseñada por Norman Foster para la Universidad Freie, en Berlín, que se conoce con el sobrenombre de “el cerebro de Berlín”. Su forma craneal, y sus interiores sinuosos, cual circuitos cerebrales, junto con su eficiencia medioambiental, hacen de este edificio una metáfora arquitectónica perfecta de la lectura.


El cerebro de Berlín de Norman Foster

Pero si alguien nos ha acercado recientemente toda la simbología de la lectura a través del arte, ha sido el último Premio de Bellas Artes: el artista Jaume Plensa, algunas de cuyas obras salpican este post. ¡Lo que daríamos nosotros por contar con sus obras para alguna de nuestras Acciones artístico-bibliotecarias!








viernes, 18 de octubre de 2013

BRMU en órbita

Estación espacial BRMU en misión intergaláctica

Hay noticias que de vez en cuando nos sacan de la crónica deprimente de estos tiempos, y nos hacen soñar con las estrellas, sin que sea agosto, ni la noche de San Lorenzo.

Que la NASA confirmara que la sonda espacial Voyager 1 ha salido del sistema solar, hace que todos seamos un poco como el agente Mulder: mirando al cielo esperando alguna señal extraterrestre. Pero lo que más nos ha llamado la atención (deformación profesional mediante), ha sido el contenido del disco de oro que va en la nave, y en el que se grabaron documentos representativos de la cultura terráquea, ante la eventualidad de un posible contacto con vida extraterrestre.


Mirando a las estrellas según Norman Rockwell


Desde diferentes saludos y deseos de paz y armonía universal en 55 idiomas, hasta sonidos de la naturaleza, animales, música e imágenes. Pero hay ciertas cosas que en nuestra cortedad bibliotecaria no alcanzamos a entender. Entre las músicas elegidas se encuentran desde La flauta mágica de Mozart al Jonnhy B. Goode de Chuck Berry, y las imágenes van desde un feto humano hasta un supermercado. Pero ¡¡¡NI UNA SOLA IMAGEN DE UN LIBRO O UNA BIBLIOTECA!!!!

¿Cómo es posible que los recipientes más importantes de todos los conocimientos de la humanidad, no tengan ni una triste representación?

Bibliotecarias uniformadas en plena cuenta atrás

Cartel vintage para Gravity
Tal vez, ahora que tantos agoreros hablan de jubilación forzosa para las bibliotecas, sería el momento de plantearse decisiones drásticas, y directamente lanzarlas al espacio. ¿Cabe imaginar mejores embajadas interestelares que las bibliotecas públicas? A los bibliotecarios por si acaso se nos puede criogenizar, y despertar sólo si merece la pena el encuentro en la tercera fase.

Astronautas y bibliotecarios tenemos mas en común de lo que pueda parecer: estamos acostumbrados a la ingravidez de no saber si tendremos suficiente oxígeno (cámbiese por presupuesto) para completar nuestra misión. Tal cual como Sandra Bullock en la impresionante Gravity.

Ursula K. Le Guin, un nuevo nombre para
nuestro santoral bibliotecario
En Los desposeídos, Ursula K. Le Guin narraba la historia de un planeta capitalista, y de
su luna en la que malviven los exiliados del sistema, que aspiran a una sociedad anarquista. Como toda buena novela de ciencia-ficción, está abierta a mil interpretaciones. Se nos ocurre una, en torno al planeta de la industria editorial y la luna biblioteca, en la galaxia del libro electrónico.

Pero es la propia Le Guin la que tiene ideas propias sobre la relación entre editoriales (ya les lanzamos un mensaje en Se ofrecen cobayas),  y las bibliotecas. Y hace unos meses las dejó claras en una extensa entrada en su blog personal de la que extraemos lo siguiente:

"La existencia o desaparición [...] de una biblioteca no es un tema sexy. Pero es absolutamente básico para [...] la continuidad del conocimiento humano [..] si las bibliotecas son diezmadas o eliminadas [...] sólo podremos acceder a los libros a través de las grandes corporaciones. No va a ser fácil conseguir un libro que las empresas han decidido que no es rentable [...] seríamos inteligentes si mantenemos [...] el apoyo a las bibliotecas públicas en su esfuerzo heroico [...] por llevar a cabo su trabajo en la era electrónica. [...] El objetivo de la biblioteca pública es el mismo de siempre: dar acceso ilimitado a todos los libros (impresos, electrónicos) a todo el mundo. 
Es algo que merece la pena apoyar, ¿o qué?"

Poco más se puede decir. Por eso concluimos con el músico español de apellido más galáctico. Guille Milkyway (Guille Víaláctea) que a través de La casa azul, canta al amor y a las estrellas con un estilo naif inconfundible. De incluirse en el disco de oro de la próxima Voyager: los alienígenas o nos amaban de inmediato, o nos mandaban a toda su flota de naves de guerra.





lunes, 15 de julio de 2013

Seremos sociales, o no seremos


El grupo de los 60: Up with People!, o Viva la gente en su versión castellana


Tras el deseado, anhelado, ansiado, vital (y basta ya de adjetivos, que si Alejo Carpentier dijo de ellos que eran las arrugas del estilo, este post va camino de momificarse antes de empezar) anuncio de la plataforma de libros electrónicos para bibliotecas públicas que el Ministerio de Cultura prevé lanzar para el 2014, respiramos algo aliviados, aunque la ansiedad porque se haga realidad, no nos abandone.

Penguin versus bibliotecas
Y es que la irrupción del libro digital no nos podía haber pillado en peor momento a las bibliotecas, sumidas en severos recortes presupuestarios, y con el mundo editorial  receloso ante el papel que podemos jugar en todo ello.

Una señal más del vértigo digital del que tantas veces hemos hablado, será el lanzamiento previsto en los Estados Unidos para el próximo 19 de julio. Se trata de la red The Book ELF, que se define bajo el lema: “queremos compartir libros electrónicos igual que compartimos libros impresos, sin dejar de respetar los derechos de autor”, una especie de club social de lectura vía digital.


Ante propuestas como ésta, ¿qué podremos ofrecer las bibliotecas? La facilidad de lo digital puede que fomente la propagación de iniciativas de este tipo. Y ante esta competencia (que no es tal), sólo hay una cosa que se mantiene inalterable por nuestra parte: la experiencia física de venir a la biblioteca, nuestra vocación social.

Gimnasio y biblioteca, dos lugares para socializar con diferentes resultados, si optamos
sólo por uno de ellos.

Potenciar nuestro aspecto de centros sociales, lugares de encuentro, clubes públicos que giran en torno a la cultura, pero sobre todo, en torno a las personas. Hay mil ejemplos en los que mirarse: desde las bibliotecas noruegas que invitan a cantantes locales a celebrar recitales en sus salas, o las bibliotecas brasileñas que acogen debates políticos haciendo de las bibliotecas auténticos instrumentos para la democracia.

La banda sonora para la que
Seu Jorge reversionó a Bowie

Y es en Brasil, en medio de las sorprendentes revueltas sociales que se están produciendo estos días, donde surge la esperanza. En plena celebración de la Copa Confederaciones, y nada menos que en el país futbolero por antonomasia: los ciudadanos ocupan las calles y piden más libros y menos balones, y hasta las propias estrellas del balompié apoyan las reivindicaciones.
¿Será que el pan y circo ha dejado de funcionar en estos tiempos globalizados ?, ¿será que después de todo hay vida en Marte, como cantaba Seu Jorge reinterpretando el clásico de Bowie?




David Bowie incitando a leer en un cartel
para las bibliotecas norteamericanas


lunes, 17 de junio de 2013

Cuestión de piel

Pablo Picasso firmando sobre el pecho de una mujer


La moda por tatuarse, escarificarse, o adornarse el cuerpo en Occidente, pareciera un acto de revancha poética para tanta cultura indígena aniquilada, cuyos signos atávicos, reviven ahora en las pieles de los descendientes de los que les invadieron. Si desde Marcel Duchamp, la firma del artista es lo que da valor al objeto más anodino, en esta cultura de la celebridad y el famoseo, era cuestión de tiempo que el rasgo más personal al que pueda aspirarse, sea la firma de un famoso en tu piel.


Dólar convertido en único al ser firmado por el "avida dollars" de Dalí

Zoe Wade, y su cuerpo de "autor"
La inglesa Zoe Wade lleva 6 años coleccionando autógrafos de celebridades en su piel, que posteriormente convierte en tatuajes. Puede que su cuerpo sea el producto genético de la unión entre su padre y su madre, pero quienes le han otorgado relevancia artística a sus brazos o espalda han sido Debbie Harry, Angelina Jolie, Kylie Minogue, Lionel Ritchie, The Edge (guitarrista de U2), Grace Jones o Penélope Cruz, entre otros. Todos fueron asaltados por esta fan, y accedieron a estampar su firma en su piel, ignorantes de la trascendencia que un acto tan mecánico para ellos, iba a tener en esta ocasión.

Grace Jones firmando para la posteridad la espalda de Zoe

Este singularizarse/despersonalizarse pareciera el culmen del ideario pop warholiano. En la aséptica era de Internet, dudamos que las firmas digitalizadas vayan a conseguir lo mismo. Sólo hay que fijarse en el interesante artículo de El Cultural, sobre autógrafos digitales para ebooks en la Feria del libro de Madrid. Tras los pros y contras que aporta el artículo sobre esta nueva moda, nos quedamos con la conclusión a la que llega Lorenzo Silva: 

Marilyn firmando a la vieja usanza
 
"la dedicatoria tiene dos valores, el de lo que personalmente te diga el autor, y el de la tinta y la mano del autor [..] esto me parece intentar hacer servir las cosas para lo que no sirven. Si quieres un recuerdo de alguien, cómprate un libro de ese alguien”


Y no podemos estar más de acuerdo. Lo digital proporciona prestaciones magníficas, pero que se olvide de querer suplantar lo que nunca estará a su alcance. Un libro dedicado es un fetiche, cada huella dáctilar de su autor le añade valor; y su rúbrica, lo hace único entre la tirada de miles de ejemplares que se imprimieron.

Como escribió Paul Valery: “la piel es lo más profundo que hay en el hombre”, y el papel y la tinta son la piel y la sangre para el autógrafo de un escritor. Y si no, que se lo digan a la tatuada Zoe Wade.

viernes, 7 de junio de 2013

Nadie me conoce


Todos los collages de este post son obra de la
artista Lola Dupré

Mian Xiang es el milenario arte chino de leer el rostro, tomando al pie de la letra, la máxima de que la cara es el espejo del alma.

Recurrir a frases hechas es como morderse las uñas, una vez empiezas no hay quien te pare: si somos lo que comemos, si el paso de los años da a cada uno la cara que se merece, o lo que hay en tu vaso dice mucho de ti (¡vaya! se coló un eslogan publicitario) resulta lógico siguiendo el Mian Xiang, que en nuestra cara sea posible interpretar cómo somos, según lo que leamos a lo largo de nuestra vida.


Haber leído mucho a Oscar Wilde puede provocar que nuestro labio superior manifieste una tendencia a elevarse al sonreír, en una señal inequívoca de practicar la ironía. Cualquier peligro de incurrir en lo esnob, quedará atenuada si también se ha disfrutado del humor tal vez menos elegante, pero igualmente inteligente, de Tom Sharpe o Gerald Durrell.

Siguiendo estos razonamientos, una mirada extraviada interrogando al horizonte, puede deberse a muchas lecturas de Stendhal, Joseph Conrad o Jack London (o si es hacia el cielo nocturno, de Philip K. Dick, Ray Bradbury o Ursula K. Le Guin); un mentón decidido y un gesto airado sería por haber leído a Nietzsche a edades tempranas; o un casi imperceptible tic, que nos haga guiñar un ojo pese a que no haga sol, puede deberse a un exceso de suspicacia asimilado en tantos relatos de Raymond Carver, James Ellroy o Patricia Highsmith.

Para cada arruga, gesto o línea de expresión, existirá una equivalencia literaria con algún autor u obra; de cuyo análisis surgirá este Mian Xiang de baratillo que estamos practicando en este post.



Pero llegados a este punto, cabe preguntarse si las huellas literario-faciales serán iguales para los lectores entregados a la lectura digital (a los no lectores, por ser mayoría según las estadísticas, ni los contemplamos). Hasta ahora los libros envejecían con las personas, existía una cierta sintonía oxidativa entre las arrugas de sus cubiertas,el amarillear de sus páginas, los desgastes de sus esquinas, y los rostros de sus lectores, pero ahora: ¿qué signos aflorarán al resplandor de las pantallas? 
Orlan, el rostro permanentemente intervenido

Tal vez, sean los rostros intervenidos, alisados y planchados de las celebridades. Prometemos por Orlan (la artista adicta al bisturí) que no criticamos el que uno quiera parecerse a la imagen que de sí mismo se ha forjado, recurriendo a la ciencia. Pero lo cierto es que para lecturas digitales, no puede haber mejores caras (según nuestro Mian Xiang literario) que las paralizadas a base de botox.

Tal y como es posible borrar un archivo de un ebook, se intenta borrar el paso del tiempo en un rostro. Y precisamente uno de esos rostros célebres, de cuya lectura dentro de poco, sólo será posible inferir Confesiones de una máscara de Mishima, es la cantante Madonna.

En su última gira, una de las polémicas, fue un vídeo que soliviantó a la política ultraderechista Marine Le Pen, por asociarla con el nazismo. El tema que sonaba mientras se formaban los collages de rostros e imágenes, no puede resultar más apropiado: Nobody knows me (Nadie me conoce).

Y ahora, todo el mundo al espejo a poner en práctica el Mian Xiang, escudriñándose lecturas en la cara.



viernes, 15 de febrero de 2013

Suplantación de identidad

No se trata de ningún trucaje, el vermouth Maritrini existió (o existe),
igual que la ginebra Lirios

La noticia sobre el hallazgo del rostro de la modelo, que posó para el escándaloso cuadro El origen del mundo de Gustave Courbet, aunque haya quedado en agua de borrajas, ha venido a corroborar una vez más, cuán fácil es crear falsas expectativas en este mundo acelerado.

El supuesto rostro de la polémica
En este caso en concreto, suplantarle la identidad a la modelo era muy fácil: la expresividad de un fragmento del cuerpo deja poco margen para el reconocimiento (y además lo verdaderamente obsceno siempre está en el rostro, no en el bajo vientre), pero el polémico cuadro, que inspiró una sugerente canción repleta de metáforas, nos ha hecho reflexionar sobre la suplantación de identidades, y en concreto, de nuestra identidad bibliotecaria.

Ya hemos hablado de estas suplantaciones en el caso de la Wikipedia y sus bibliotecarios, o la mismísima CIA y sus bibliotecarios cotillas, pero ahora además se suma el lanzamiento de las bibliotecas sin libros. Un oxímoron publicitario para el proyecto bautizado como BiblioTech. Se trata de la idea de un juez tejano bibliófilo, y se definen como bibliotecas públicas totalmente volcadas en el préstamo de obras digitales. Nada que objetar, pero igual lo de biblioteca queda algo fuera de lugar. Es cierto que la raiz biblio remite a los libros, pero una biblioteca pública no son sólo libros, falta algo esencial: las relaciones interpersonales en sus espacios.

Utopía futurista bibliotecaria

Se habla mucho del futuro digital de las bibliotecas, pero el único porvenir en el que podemos creer a ciencia cierta; es que si hay futuro para las instituciones que se definen bajo el concepto de bibliotecas: éste pasa por convertirse en lugares más físicos, tangibles y sociales que nunca. Si las BiblioTech se quieren crear a imagen y semejanza de las tiendas Apple, parece que algo se está perdiendo por el camino.


Simulación digital de cómo serían las BiblioTech

Y no es por entonar un cántico relamido a las bondades de la comunidad, ni por mantener nuestra identidad a contracorriente: ya planteamos hace tiempo la necesidad de ser bibliotecas mutantes. Pero sin intercambios personales: ¿qué sentido tiene la cultura? Y de hecho solo hay que ver los resultados de la encuesta “cosas que la gente le pide a las bibliotecas del futuro” que han llevado a cabo en Estados Unidos, para convencerse de que digital sí, pero sin perder por el camino lo que de bueno tenemos ahora.

Pero antes de que el discurso se aboque a un tono apocalíptico que nos horroriza, vamos a dejarlo aquí cerrando como abrimos: con pintura y música. La portada del último disco del grupo Espanto, parte también de un cuadro clásico para suplantar la identidad de sus protagonistas, y convertirlo en un collage imposible. Su tema Rock’n roll, y el vídeo consiguiente nos tienen enganchados, haciendo que cerremos este baile de identidades deseando más y más rock’n roll: