jueves, 23 de enero de 2014

De la lectura como necesidad fisiológica

Un trono más para la lectura

Tras los realities de televisión, el espionaje digital de los gobiernos, las cámaras de vigilancia, las redes sociales o los móviles; ni el dormitorio se conserva como espacio de intimidad (la de vídeos íntimos de famosos que rulan por la Red). Pese a todo, aún resistía un espacio para el que, hasta los exhibicionistas más recalcitrantes, exigían intimidad: el cuarto de baño.

Pero según declaraciones de la responsable de marketing de Bathstore (empresa inglesa especializada en baños): “ahora somos mucho más activos socialmente en el baño que antes”. Y no se refiere a que nos duchemos acompañados (asunto que, dependiendo de la compañía, a muchos agradaría) sino al uso que se hace de móviles y tabletas mientras se atiende a necesidades fisiológicas acuciantes. En España concretamente un 15% de la población, consulta e interactúa en redes sociales mientras está en el baño.

Bañera de libros de Vanessa Manzini

Ilustración de Eva Vásquez
Desde siempre el cuarto de baño, ha sido un lugar muy querido por los lectores (de hecho favorece el tránsito intestinal); pero el insaciable imperialismo digital no respeta santuarios. Pero igual que se corta el agua caliente a mitad de una ducha, otro estudio inglés lanza un jarro de agua fría a tanta prepotencia tecnológica.

En esta ocasión, es la directora de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, la que advierte que los microbios que habitan los baños, sobreviven más en los materiales de los que están fabricados los dispositivos electrónicos, que en el papel de toda la vida.


Papel higiénico con publicidad de PETA
Chesterfield, Borges o Henry Miller, se declararon orgullosos practicantes de la lectura en el baño. Leer puede llegar a ser una necesidad fisiológica más.

El escritor y promotor de la lectura chileno, Mauricio Paredes, recurre a la neurociencia para provocar la afición lectora. Para Paredes, es necesario promover el placer a través de las emociones, para así enganchar a la lectura. Si se estimula el sistema límbico cerebral, se genera dopamina que genera placer al organismo, y de esta manera, la lectura se asocia de manera física con una experiencia placentera.

El experto chileno orienta sus planteamientos al fomento de la lectura en el aula; nada que ver con la experiencia física de la lectura que aparecía en la obra Hysterical Literature de Clayton Cubitt. Una serie de vídeos de mujeres llegando al orgasmo gracias a la lectura, que como era de esperar cosechó gran interés por parte de los medios de masas (siempre tan interesados en fomentar los libros).

¿Baño o biblioteca?

Papelera para baño, preparada para apoyar la lectura
Nosotros sabemos bien que la lectura puede ser adictiva, hasta compulsiva. Que se lo digan al joven chino que hace un tiempo saltó también a los medios, por haber robado más de 800 libros. Su defensa ante la policía, se basó en su necesidad de encontrar un sentido a la vida. No parece que lo lograse, pero está claro que los libros eran tan vitales para él como una necesidad fisiológica.

Y hablando de fisiología, lectura y dispositivos electrónicos, no nos resistimos a recuperar un spot publicitario que ya pusimos, pero que pareciera realizado ad hoc para este post:


martes, 21 de enero de 2014

Fiesta de los maniquíes

"He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser"

“Fiesta de los maniquíes, no los toques, por favor” decía una de las canciones de Golpes Bajos, el grupo del prematuramente desaparecido Germán Coppini. Una canción sobre el estatismo, que es un buen comienzo para un nuevo post dedicado a robots y belleza.

Según asegura Oussama Khatib, uno de los mayores expertos en robótica, estamos punto de entrar en una era de interacción entre humanos y robots. Nos tocaremos, y hasta puede que nos imitemos.

Danza y robots según Blanca Li


Neil Harbisson, el primer cíborg reconocido
En este blog llevamos un tiempo ocupándonos de los robots (Asesino y poetas, Leyes robótico-bibliotecarias), y tendremos que seguir haciéndolo, seguro. Los robots no dejan de estar de actualidad, y desde luego no sólo en su relación con las bibliotecas. La coreógrafa española afincada en Francia, Blanca Li,  presentó hace poco su nuevo espectáculo, en el que bailarines y robots comparten escenario. Neil Harbisson el primer cíborg reconocido como tal por un gobierno, prosigue por todo el mundo su labor para convertirnos a todos en cíborgs, a través de su Fundación Cyborg.

En algunas bibliotecas hace tiempo que existen determinados trabajos (como servir los libros conservados en los depósitos) que se realizan mediante robots. Y desde hace poco, la Biblioteca Pública de Nueva York, ofrece un viaje a través de los ojos de un dron, por los espacios de sus instalaciones en este vídeo. De hecho Google nos tiene en el punto de mira de cara a los proyectos de robótica que está desarrollando. Pero hablando de Google y robots, el proyecto que más llama la atención fue el desarrollado por, alguien en principio tan ajeno a la robótica, como es un músico de jazz.

Usuarios de la Biblioteca Pública de Nueva York, fascinados por el dron

Geoff Peters, es un pianista de jazz canadiense, que hace un tiempo creó el Google Poetry Robot (el robot poeta de Google). Un robot que escoge palabras de las páginas más visitadas a través de Google, basándose en los resultados de los algoritmos del buscador. El robot compone (o ensambla, sería más apropiado decir) poemas que, además, se pueden escuchar robóticamente recitados. Un intento de la tecnología por capturar algo del espíritu humano más difícilmente mecanizable.

Desde el monólogo final del replicante Roy Batty en Blade Runner, el sueño por acercar la experiencia tecnológica a la belleza artística, está llevando los postulados del maquinismo en el arte, a nuevos horizontes. Sólo hay que observar la creación Beauty (Belleza) de Rino Stefano Tagliafierro que triunfa estos días por la red. El italiano ha dotado de movilidad a una larga sucesión de pinturas clásicas, con  un resultado muy bello, y a la vez inquietante.


Aparte del aura misteriosa que imprime el movimiento a las pinturas, es sobre todo la falta de estatismo, lo que resulta más desasosegante. En estos tiempos acelerados, de surferos digitales y flashes informativos: la quietud, lo contemplativo, deberían ser estados a reivindicar. Este experimento (aunque hipnótico) nos mecaniza la fantasía, automatiza la evocación; pero eso no quita para que caigamos rendidos a su disfrute.

[Se recomienda visionarlo en pantalla completa]

viernes, 17 de enero de 2014

Centrifugando el 2013

[Nota: haz clic en las letras azules, y repasa el mejor año de este blog]























 Renqueante, con alguna pieza suelta, y algún traqueteo inesperado, el programa de lavado y centrifugado del 2013 ha concluido.Cual plasma centrifugado y aplicado para regenerarnos las neuronas (y ojala que algo se note en los tejidos), hemos mantenido las antenas bien abiertas, y como siempre, el relato de este año, aunque siempre parta del mundo bibliotecario, nos ha llevado a los asuntos y rincones más inesperados.



La actualidad marca siempre, y el post Biblioteca corrupta fue de los que más de cerca tomaron el pulso al momento que estamos viviendo. El presente nos obligaba a ajustarnos los cinturones, pero tuvimos oportunidad de desquitarnos con justicia poético-bibliotecaria, y de consolarnos, creyéndonos aquello de que no somos Grecia .




Pese a declaraciones políticas como la de que las bibliotecas no damos dinero, nosotros nos empeñamos en vislumbrar brotes verdes bibliotecarios, nos buscamos la vida planteando controversias para la supervivencia, y demostramos con datos, que las bibliotecas son una inversión más segura que el oro.


Con esos ánimos autoinducidos, no es de extrañar que soñáramos con las estrellas, postulándonos ante la NASA si hace falta, con tal de sobrevivir en cualquier espacio.  



Somos como las vainas alienígenas de la Invasión de los ladrones de cuerpos, nos regimos por leyes robótico-bibliotecarias, pero nuestra colonización es siempre amigable. Dibujamos finales felices para tiempos catastróficos, convirtiéndonos en refugio, en guaridas en las que abrigarse.

Igual no podemos competir con los bares, pero si según el INE, hasta el 43% de los españoles tienen carné de biblioteca, pese a todo, algo de predicamento en esta sociedad aún conservamos. 

Por eso, ante tanto apocalíptico suelto, sacamos la artillería pesada. Nos postulamos como centros de asistencia primaria en la fría era digital.

Sabemos de lo que hablamos, nuestro trastorno bipolar bibliotecario, nos permite actuar de institución-bisagra entre los nativos e inmigrantes digitales.

 
Pusimos a prueba nuestro poder de seducción. No somos estrellas de la televisión, pero gracias a lanzamientos como: Biblioteca Top Secret, las Acciones artístico-bibliotecarias, Bibliocostum o la serie ¿Qué estás mirando?, tuvimos una gran audiencia sin necesidad de excedernos en el amarillismo. Si bien es cierto, que entre reflexiones propias y ajenas como las siguientes, dimos pie al debate, que no a la polémica: 
"los españoles no aman […] la cultura en general"  
"el éxito del erotismo fast food de las 50 sombras [...] un logro feminista"
"escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras"
Y no fue provocación, pero sí repartimos alguna sacudida que otra, con asuntos como que leer no siempre es bueno, que hay lecturas que engordan o que nadie nos conoce. Nos desnudamos por China, montamos una auténtica verbena bibliotecaria, con strippers incluidos; sucumbimos al chocolate con un toque de ácido, y hasta nos enfangamos en la eterna guerra entre hombres y mujeres, a cuenta de la lectura.

El repaso ha concluido, la turbina del centrifugado del 2013 ya se mueve sólo por inercia. El 2014 ya está programado, y ahora sólo falta que no nos corten ni la luz, ni el agua para poder seguir funcionando. 


miércoles, 15 de enero de 2014

Mi lucha en digital

#OcupaWallStreet es demasiado comercial
#OcupaPolonia
[en camiseta: Tres Reichs y tú estás fuera]


En Instintos básicos bibliotecarios nos hacíamos eco de una encuesta, según la cual: un tercio de los lectores de libros electrónicos los usan para leer literatura erótica. Y según una noticia  más reciente, en plataformas como iTunes o Amazon, el libro electrónico más vendido es Mi lucha de Adolf Hitler.

La explicación viene a ser la misma en ambos casos: la discreción que proporcionan los libros electrónicos para leer lo que quieras, sin que nadie se entere. Pero, ¿por qué avergonzarse de lo que se lee?

La atracción hacia lo escondido
Algo de eso había en la reserva con que algunos visitantes, rondaban nuestra primera Acción artístico-bibliotecaria, sin atreverse a entrar. Y también, en la cara de decepción de otros que, en  cambio, se decidían; y no encontraban la temática escandalosa que se imaginaban.

Pero volviendo al asunto del libro más vendido, preferimos pensar que quien se interesa por la obra de Hitler, sea por su relevancia histórica, por acercarse a una figura abominable, pero apasionante. No quisiéramos imaginar, ni por un segundo, que algunos de los lectores que la han retirado de nuestros fondos, o incluso el que nos robó un ejemplar: sintieran alguna sintonía con el espeluznante pensamiento hitleriano.

"Adoro el zumo"
Para disipar el escalofrío que la simple idea provoca, lo mejor como siempre es recurrir al humor. Hipster Hitler, es un cómic digital que ha conocido versión impresa. Una tira cómica que convierte a Hitler en un guay fundamentalista de la estética y las nuevas tendencias.

No es la primera vez, ni será la última, que se exorciza la figura de Hitler a través del humor. Desde la joya de Lubitsch, Ser o no ser, hasta los Malditos bastardos de Tarantino, La vida es bella de Begnini o, por supuesto, El gran dictador de Chaplin.

Los malditos bastardos de Tarantino, un director imprescindible entre los hipsters


En 2010, la directora de cine noruega Anne Sewitsky, al presentar su película “Siempre feliz”, daba una descripción del sentido del humor de su país perfectamente válida para este caso: “tratar con ligereza temas muy serios e intentar añadirles mucha sorna”.

Y precisamente en Noruega han lanzado un proyecto que debería ser nuestra verdadera lucha digital bibliotecaria. Se van a digitalizar todas las obras escritas en noruego, para que estén disponibles en la red (las libres de derechos para descargar, y el resto para consultar online). Una decisión así en nuestro país, sería motivo para esbozar la sonrisa más amplia.

Woody Allen, dijo aquello de que cuando oía a Wagner, le daban ganas de invadir Polonia. Nosotros nos aspiramos a tanto, con que se pusiera en funcionamiento este año, la plataforma de libros electrónicos anunciada por el Ministerio: nuestras ansias expansionistas se verían mas que satisfechas.

Mientras tanto, aguardamos a ritmo de ska. Un estilo musical antirracista y que lucha por la libertad, cuyos mejores representantes son The Specials. Un grupo que dedicó un tema al recientemente fallecido Mandela: antítesis perfecta para cerrar un post que arrancó con Hitler.




lunes, 13 de enero de 2014

Llamada en espera

Teléfono langosta de Salvador Dalí




















 
Joseph Grand, un personaje secundario en la portentosa novela La peste de Albert Camus, aprovecha los ratos libres en su trabajo como funcionario, para escribir la novela perfecta. Una obra maestra absoluta, en la que cada palabra encajase de tal manera, que ningún lector sea capaz de imaginar elección más acertada, una vez la leyera.

Un empeño que el personaje, confia a su minuciosidad y talento, sin saber que en el futuro (es decir, en nuestros días) basta con aplicar una operación de cálculo para que la llamada del éxito literario, le llegara de manera tan fulminante como la plaga que da título a la obra de Camus.

La Biblia, el libro más vendido de la historia

Ha sido en una universidad neoyorquina, donde se ha desarrollado un algoritmo que permite determinar con un 84% de fiabilidad, si una obra literaria será o no, un éxito. Las recomendaciones que plantean los investigadores son: evitar lugares comunes, y no abusar de los verbos y los adverbios. En cambio, parece que hay barra libre para el uso de adjetivos (cuyo exceso, según Alejo Carpentier, arrugaba el estilo), y conjunciones y números, son bienvenidos.

Los best seller según El Roto
Ni el mismísimo Henry Ford, cuando inventó la cadena de producción hubiese imaginado que el arte, la creatividad, se podría serializar hasta este punto. Si Walter Benjamín certificó la pérdida del aura de la obra artística, a raíz de la reproductibilidad técnica: ante el algoritmo fabricante de best sellers, sólo cabe encomendarse a Andy Warhol.

ArtPop, ¿el gran flop de Lady Gaga?
Pero, por aquello de cubrirse las espaldas, los científicos previenen la falibilidad de su algoritmo, dejando un 16% a la suerte. Y debe ser por ese margen, por el que se han colado recientes bombazos comerciales, de esos que parecen diseñados con algoritmos. Desde el último disco de Lady Gaga, la superproducción El llanero solitario versión Disney, o el nuevo boom editorial Infierno de Dan Brown, que pese a las expectativas que siempre generan sus artífices, no han obtenido los resultados previstos.

Y es que piratería aparte, el azar sigue haciendo girar la ruleta. Pueden manufacturarnos los gustos, estandarizarnos cual maniquíes, pero siempre estará ese componente que afortunadamente escapa a cualquier control de calidad; y que hace que la llamada del éxito, permanezca esquiva a quienes quieran hacerle un molde. ¿Qué algoritmo podría calcular el sentimiento que hay que poner para cantar como Sharon Jones? Ella también espera una llamada en este vídeo, pero sin confiar su suerte a fórmulas matemáticas, sino a sus propias y drásticas decisiones.
 

jueves, 9 de enero de 2014

Lecturas transparentes



Una de las ventajas de los libros electrónicos que se esgrimieron frente a la lectura en papel, fue su coste ecológico. Pero hace unos meses, la organización medioambiental Amigos de la Tierra, cuestionó dichas afirmaciones, a través de un informe en el que sostenía que el libro electrónico, era un desastre ecológico.

Entre el coste energético para la producción de los dispositivos, los restos de carbono, y los daños medioambientales que produce la fabricación de sus piezas (en ocasiones, imposibles de reciclar): los restos físicos de la liviandad digital, resultan de lo más contundentes.




Y frente a esta contundencia material, no deja de resultar paradójica por contra: la evanescencia que caracteriza a la lectura digital desde un punto de vista psicológico. Según un artículo de Scientific American (traducido en el blog Psicología de la información) son varias las razones. Al leer formamos un mapa mental, y es fácilmente comprensible que: las tipografías, la distribución de los párrafos y el mismo hecho de percibir las letras como objetos físicos, hagan que nuestro cerebro retenga mejor lo escrito en un papel.

El citado artículo lanza una reflexión final de lo más inteligente: ¿por qué los fabricantes de libros electrónicos no dejan de intentar asemejar la lectura digital a la experiencia de leer en papel, y crean una experiencia de lectura nueva?

El poeta uruguayo Rafael Courtoisie escribió un poema de lo más conciso, que viene muy al caso: “un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar. Todos menos uno”, esperemos que ese uno, sea el bibliotecario de la manada, que haya tenido la prudencia de conservar sus fondos en papel.


Interior de la Biblioteca de Filología de la Universidad Freie por Norman Foster

Y entre lo transparente y lo opaco, se mueven las metáforas artísticas que hemos elegido para ilustrar este debate. Si hablábamos de medioambiente y cerebro, nada mejor que la biblioteca diseñada por Norman Foster para la Universidad Freie, en Berlín, que se conoce con el sobrenombre de “el cerebro de Berlín”. Su forma craneal, y sus interiores sinuosos, cual circuitos cerebrales, junto con su eficiencia medioambiental, hacen de este edificio una metáfora arquitectónica perfecta de la lectura.


El cerebro de Berlín de Norman Foster

Pero si alguien nos ha acercado recientemente toda la simbología de la lectura a través del arte, ha sido el último Premio de Bellas Artes: el artista Jaume Plensa, algunas de cuyas obras salpican este post. ¡Lo que daríamos nosotros por contar con sus obras para alguna de nuestras Acciones artístico-bibliotecarias!








martes, 7 de enero de 2014

Venganza bibliotecaria

"Quiero que devuelvas todos los libros a la biblioteca
pública de Gotham City"

No quisiéramos iniciar el año con un aire de reprimenda, ni por supuesto en plan biblioteca plañidera. Pero tras estrenarlo recreándonos en los usos y costumbres de la etiqueta: surge una noticia abierta a la polémica, que no podíamos dejar de comentar.

En la ciudad tejana de Copperas Cove, ha sido encarcelado un hombre por no haber devuelto un libro a la biblioteca, desde hacía tres años. Tras infructuosas reclamaciones, un juez dictaminó su ingreso en prisión durante unas horas: las que tardó en pagar una fianza de 200 dólares para ser liberado, y quedar a la espera de juicio. Todo en virtud de una ordenanza municipal que permite el arresto de usuarios que acumulen retrasos de más de 90 días. Y no sólo en Tejas, medidas similares o multas ejemplarizantes se han adoptado en Iowa, Vermont o Maine.


¡Batgirl fue una bibliotecaria!
Este exceso de celo judicial suena demencial, sobre todo cuando hay tantos delincuentes a gran escala a los que la ley no alcanza tan fácilmente. Pero más allá de estos excesos, por otra parte, tan genuinamente norteamericanos: lo cierto es que pone sobre la mesa un asunto, que raramente se aborda abiertamente, y sobre el que tanto bibliotecarios como usuarios, deberíamos de pronunciarnos. ¿Qué hacer cuando no devuelven los documentos en las bibliotecas? ¿Se podría considerar una apropiación indebida de un bien público? ¿Se podría tipificar como delito?

Lógicamente nos referimos a la no devolución, no a retrasos más o menos amplios; que desde hace un año se "redimen" fácilmente gracias a nuestra Biblioteca Quitapesares.

Chuck Norris bibliotecario: Devuelve mis libros en plazo

En estos tiempos de presupuestos menguantes cuando no inexistentes: cada no devolución es un drama. Y lo más importante, no es ya el daño que se hace a nuestras colecciones, sino que privan al resto de usuarios de disfrutar de unos bienes que nos pertenecen a todos.

No estamos necesitados precisamente de normativas represivas, ni de justicieros solitarios. Pero a poco que nos ponemos a comentar en petit comité la última no devolución de alguna novedad: ni Freddy Krueger, Jason Voorhees, ni tan siquiera Leatherface con su sierra mecánica, nos llegan a la suela de los zapatos a los bibliotecarios, a la hora de imaginar las venganzas más gore.

Pero convencidos anti-violencia como somos, estamos barajando alternativas, que puede que no causen daños físicos, pero sí morales. Una vez agotadas todas las fórmulas de cortesía posibles, estamos estudiando una nueva estrategia. Acoso y derribo a base de mensajes en el contestador del moroso, con rancheras dedicadas de Paquita la del Barrio.

Ni Batgirl, ni Batwoman (que también conoció una impagable versión mexicana) con todo su furor justiciero, podrían nunca igualar a la rotunda Paquita. Sólo hay que detenerse en las letras que tan fieramente entona, para que cualquiera se sienta cuando menos acoquinado. Así pues, no va por ustedes, va por todos aquellos que se merezcan tremenda filípica.