![]() |
| Aleister Crowley, el ocultista favorito de las estrellas |
Como dice un crítico con motivo de la publicación de la última novela de Donna Leon: “no puedo entender a un fan de la novela negra que no adore a Donna Leon”. Muerte entre líneas se titula, y de nuevo la exitosa escritora de novela negra, nos narra las aventuras venecianas de su comisario Brunetti, esta vez con argumento bibliófilo de por medio.
La historia nos retrotrae obligadamente a nuestro antiguo post sobre Crímenes bibliotecarios. La trama arranca con la llamada del director de una biblioteca veneciana denunciando la desaparición de libros antiguos de gran valor: a partir de ahí, arranca una historia en la que no faltarán asesinatos, intrigas y misterios, que se desarrollan en los ambientes más oscuros del mundo bibliófilo.
Las bibliotecas han sido desde siempre estupendos escenarios para relatos de crímenes y misterios. Los secretos guardados en los libros, incluso los libros como objetos mortales, han dado para mucho, tanto en literatura como en el cine. En un repaso apresurado, nos vienen a la mente desde las hojas impregnadas en veneno del códice medieval en El nombre de la rosa, al mítico Necronomicón creado por Lovecraft, cuya lectura produce la locura y la muerte; o las numerosas escenas en bibliotecas que pueblan las novelas de Agatha Christie, y tanta literatura de intriga y misterio.
Los ejemplos serían interminables, pero por quedarnos con una obra reciente de lo más sugerente, en la que creación literaria y malditismo se dan la mano: el cómic El cuarto de Lautréamont, supone una auténtica gozada. Todo en esta obra te lleva a la intriga, desde el mismo origen que, aseguran sus autores, tuvo el cómic en cuestión, y que no hay manera de saber si es un relato fidedigno o forma parte todo de una representación.
![]() |
| Portadas de la edición francesa y en castellano de El cuarto de Lautréamont |
Situada en el París de las vanguardias de principios del XX, por sus viñetas desfila un Rimbaud dando sentido pleno a la expresión de enfant terrible o el escritor Auguste Bretagne, que descubre el libro maldito por excelencia: Los cantos de Maldoror, y otros tantos descubrimientos inquietantes en el cuarto que da título al cómic.
"Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma, igual que el agua impregna el azúcar."
![]() | |
| Ilustración de Corominas de Los cantos de Maldoror |
Pero no sólo entre las líneas de los libros se vislumbran las puertas a esos infiernos de ficción en los que les gusta recrearse a los amantes del suspense y la intriga. Si hay un lugar común en lo que se refiere a mensajes ocultos, ese sería el relativo a las leyendas urbanas sobre invocaciones malignas o llamadas subliminales entre los surcos de los discos. El fenómeno hasta tiene su propio nombre: Backmasking, que se utiliza para referirse a los mensajes que pueden oírse si se reproduce al revés una pista musical.
Desde The Beatles, pasando por los Rolling Stones, Led Zeppelín, AC/DC, Marilyn Mason, Coldplay, Madonna, Ricky Martin, Prince o Nirvana y un largo etcétera, han sido acusados en algún momento, de camuflar estos mensajes diabólicos entre las estrofas de alguno de sus temas.
![]() |
| Crowley, ocultista superstar |
En estos casos, más que invocar al demonio, los temas de algunas de las citadas, invocan más bien al buen gusto. Afortunadamente éste no se digna a hacer acto de presencia. Así que puestos a elegir, y desatando una vez más nuestra vena más bizarra, preferimos a Raffaella Carrà llamando no precisamente al averno en su tema 5353456. ¿Cómo alguien puede sospechar viendo este vídeo, que la Carrá invoque otra cosa que no sean la alegría y las ganas de pasarlo bien?
Lo de los mensajes diabólicos entre surcos, y los roqueros demoníacos quedaba muy bien cara ante ciertas audiencias; pero lo cierto es que el tiempo pone cada cosa en su sitio. Y en el caso de nuestro roquero con tendencias más bibliotecarias, Keith Richards, el refrán de "más sabe el diablo por viejo que por diablo", no podía venir más a cuenta.
El guitarrista de los Stones ya tiene cinco nietos, y por ello se ha decidido a publicar un libro infantil: Gus & yo: la historia de mi abuelo y mi primera guitarra. El músico de jazz Theodore Augustus Dupree era el abuelo de la futura estrella del rock, y fue él quien le indujo el amor por la música a su nieto.
Una vez satisfechos todos los excesos, lo que más puede apetecerle a Richards, es leerles cuentos a sus nietos. Como ha declarado: “ese lazo especial entre niños y abuelos es único y debe ser atesorado. Ésta es la historia de uno de esos mágicos momentos, Espero ser tan buen abuelo como Gus lo fue para mí"
![]() |
| Madonna ilustrada por Gennady Spirin |
Será que por muchos mensajes siniestros que se filtren entre líneas, lo que termina resultando más revolucionario y cautivador es siempre la inocencia.
Y dado que arrancamos con misterios y asesinatos, y terminamos con loas a la infancia, nada mejor que una clásica Sinfonía tonta de Disney de temática deliciosamente macabra, para espantar todos los miedos con una sonrisa:
Advertencia: El presente post incluye mensajes subliminales entre líneas para provocar afición compulsiva a la lectura. La biblioteca se exime de toda responsabilidad ante eventuales perjuicios.






