jueves, 14 de marzo de 2013

Biblioteca zombi



Era de esperar que si hasta en el parlamento canadiense se está discutiendo la eventualidad de un Apocalipsis zombi, las bibliotecas no se quedasen atrás a la hora de rentabilizar la fiebre de los muertos vivientes.

El erotizado Drácula de Christopher Lee
Nada mejor que el género fantástico para tomar el pulso a cada época. A cada momento le ha correspondido un monstruo que diera cuerpo a los miedos latentes: en la crisis de 1929, fue el arrebatadoramente romántico King Kong; en plena época victoriana, gracias a Bram Stoker, fue el vampiro el encargado de hacer irrumpir el erotismo más inconfesable; el temor religioso a los avances de la ciencia dio luz a Frankestein; la invasión de los ladrones de cuerpos en los 50 recreó la paranoica anticomunista; y en la debacle de este nuevo siglo: ¿quién mejor que los zombis para desencarnar el sin rumbo del capitalismo salvaje?

Y así en el McPherson College en Kansas, han elaborado una guía de la biblioteca en formato cómic bajo el título: Biblioteca de los Muertos Vivientes, o en Australia se ha editado el calendario de Zombis en la Biblioteca, al que pertenecen varias de las fotografías del post.

En bibliotecas escolares como la perteneciente a la A.G. West Black Hills High School en el estado de Washington, llegan más lejos y convierten a los zombis en inquilinos decorativos de sus salas. En este caso, los zombis son sólo la manifestación más llamativa de un cambio a la hora de concebir los servicios bibliotecarios, que evolucionan al ritmo digital que demandan sus estudiantes, y en los que los profesores-bibliotecarios son figuras claves de la comunidad educativa.



Paradójicamente a esta invasión, las bibliotecas son los mejores refugios posibles para resistirse a la zombificación de la sociedad. En nuestras salas, están las claves para construirse un criterio propio que te haga inmune a las múltiples manipulaciones a las que estamos expuestos, el antídoto más completo ante cualquier vudú financiero, político o mediático que quieran practicar sobre nuestras voluntades.


Pero la marea zombi se perpetúa con el cómic Los muertos vivientes y su adaptación televisiva, con películas tan jocosas como Juan de los muertos, o con la próxima adaptación de Guerra Mundial Z con Brad Pitt; aunque nosotros ante el grosero exhibicionismo de los zombis actuales, siempre soñaremos con la maravillosa sugerencia de títulos clásicos como Yo anduve con un zombi.

Y por cerrar con otros clásicos, rescatamos precisamente el Voodoo Lounge (Salón vudú) de los Rolling, un tema de gigantes que hacen suyas las calles a ritmo de buen rock, sin que ninguna amenaza zombi del tipo que sea pueda frenarles.



martes, 12 de marzo de 2013

SÍ LOGO

Nuestro logo "logleado"

Hace pocas semanas se inauguraba la Biblioteca Nacional de Rumania, en cuyo frontispicio en lugar de un lema dando la bienvenida al sediento de cultura, se incita a la adquisición de productos de la marca Samsung. Según el ideario pop de Andy Warhol, sería la institución perfecta, él fue el que dijo aquello de que “comprar es mucho más americano que pensar, y yo soy el colmo de lo americano”. A lo que podríamos añadir que, en ese sentido: ahora todos somos el colmo de lo americano.

El caso es que la Biblioteca Nacional rumana ha sido financiada por la marca coreana, y de ahí el enorme cartel que adorna su fachada. Nosotros llevamos meses anhelando que las empresas en nuestro país también se decidan a financiar bibliotecas, pero de momento poco hemos conseguido. De ahí la imagen nada subliminal con que coronamos este post: el logo de la BRMU customizado a base de los logos de empresas, a ver si por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, alguna empresa capta la idea.

Fachada principal de la Biblioteca Nacional de Rumania
No seríamos pioneros desde luego en algo así, la avalancha de bibliotecas que ceden sus espacios y edificios como vallas publicitarias va en aumento según este artículo. En San Diego las empresas locales pueden alquilar ventanas de las bibliotecas para colocar sus anuncios; o en Toronto, la biblioteca pública ha diseñado un ambicioso plan para publicitar empresas a través de todos sus canales sociales, las fachadas de los edificios, carteles, folletos, webs y su flotilla de bibliobuses.

El papel higiénico publicitario
para bibliotecas
Pero la que se lleva la palma es la Biblioteca Pública Port Cheste-Rye Brook de Nueva York, en la que han conseguido recortar gastos haciendo que les financien el papel higiénico, el cual va convenientemente impreso con anuncios publicitarios. En fin, no queremos caer en lo escatológico, pero sin duda una idea muy interesante para aquellos a los que les gusta leer mientras están sentados en el trono. Los anunciantes pagan 99 euros para unos 20.000 anuncios que aparecen en un total de 160 rollos.

En la BRMU disponemos de una fachada inmensa en una de las arterias principales de la ciudad, una media de 75.000 usuarios mensuales, 5 bibliobuses que recorren toda la Región, un servicio tan, tan dado a la publicidad como los Packs de préstamo, web, redes sociales, mochilas de la Biblioteca Top Secret, y por si todo esto fuera poco, además también disponemos de papel higiénico en los aseos.

Después de todo esto, ¿alguien imagina mejor escaparate para la imagen social y publicidad de las empresas a través de la cultura, que las bibliotecas?


El libro clásico de Naomi Klein sobre los abusos de las multinacionales
que dió lugar a este documental


viernes, 8 de marzo de 2013

El relámpago bibliotecario



Según el último barómetro del CIS las profesiones peor valoradas por los españoles son las de juez y periodista, y las mejor valoradas las de médico y profesor; la de bibliotecario ni aparece.

Pero ello no nos inquieta lo más mínimo, intuimos que nos adoran, que todos los niños cuando les preguntan qué quieren ser de mayores ni mencionan al fútbol, ni a los bomberos, ni a las princesas, lo que anhelan ser es bibliotecarios. Y aprovechando que en el post previo hablábamos de videojuegos, qué mejor que ofrecer directamente uno que parece diseñado ad hoc para la ocasión, para que todo el mundo pueda experimentar la excitante experiencia de ser bibliotecario. El relámpago bibliotecario servirá para ejercitar la memoria, y simular la trepidante jornada laboral de una bibliotecaria, además de perpetuar el estereotipo de toda la vida.

Decididamente ser rancio es lo más, y es sólo cuestión de dos temporadas que las revistas de tendencias ensalcen el look vintage de nuestra profesión, antes de que algunos pseudos modernos gafapastas, hipsters o como quieran llamarse, terminen de medrar entre nuestras filas, deteriorando una imagen que tantas décadas ha costado forjar en el imaginario colectivo.


Bibliotecario
Pincha sobre la imagen para acceder al juego: flechas de
desplazamiento para moverse, y barra espaciadora
para coger los libros

                               

miércoles, 6 de marzo de 2013

Ski-Ba-Bop-Ba-Dop-Bop

"¿Por qué gastar buena tecnología
en ciencia o medicina?"
Ya avisábamos en Biblioteca gore, que los videojuegos y su presencia en bibliotecas, iban a dar mucho juego en este blog.

La Universidad de Padua acaba de publicar un estudio según el cual los niños con dislexia mejoran sus aptitudes para la lectura, gracias a los videojuegos de acción. Pero este estudio no deja de ser uno más del largo rosario de artículos y estudios, que durante los últimos meses, están glosando las bondades de los videojuegos.

Y no sólo hablan de jóvenes jugadores, también otros artículos abordan los beneficios a cualquier edad, e incluso aseguran que mejoran el comportamiento juvenil basándose en investigaciones de la Universidad de Iowa.

"¡Realidad!, no jugar a videojuegos
es para perdedores"
Todo muy interesante, y no queremos pecar de suspicaces, pero qué coincidencia esta avalancha de estudios científicos precisamente cuando la industria del videojuego, lleva camino de convertirse en el sector del entretenimiento con más potencial económico a nivel mundial.

Coincidencias en tiempo y espacio, sin duda. Pero si unimos la acción trepidante de los videojuegos, con las redes sociales, y el lenguaje SMS: tras la generación X, la nini o la generación Click, quizás sea el momento para la GENERACIÓN SCAT.


Ski Ba Bop Ba Dop Bop era el frenético estribillo de un músico de jazz en los 90: Scatman John. Un tartamudo que había hecho del piano su forma de expresión jazzística, y que cumplidos los 50, decidió unir el scat (un tipo de improvisación en el que las palabras se agolpan vertiginosamente, y que contó nada menos que con Ella Fitzgerald o Louis Armstrong como maestros) con la música house y el dance para conquistar las pistas de baile de todo el mundo.



Tal cual como estos estudios científicos sobre los videojuegos, Scatman John publicitaba su música como un acicate para que los niños tartamudos superasen sus problemas en el habla; y tampoco se libró de suspicacias periodísticas ante la sorprendente fluidez con que hablaba en las entrevistas. En cualquier caso, el scat parece la música más apropiada para estos tiempos: no se entiende nada, es frenéticamente rápida, y tiene un ritmo que te arrastra sin remedio.

Y como botón de muestra, retornamos a los clásicos. Louis Prima, el rey del swing, que hizo suyos hits como Just a gigolo en actuaciones que rezuman encanto viejuno y buen rollo como en este vídeo.

Pero ya que hablábamos de niños y entretenimiento, mejor cerrar con Louis Prima haciendo scat a través de un orangután, en la genial banda sonora de El libro de la selva versión Disney.





lunes, 4 de marzo de 2013

Libros por trompetas

Para Hollywood nunca han existido barreras capaces de resistirse a
sus productos culturales.

En la deliciosa comedia clásica Sucedió una noche de Frank Capra: el periodista interpretado por Clark Gable, y la millonaria fugitiva que encarna Claudette Colbert, se ven obligados a compartir habitación en un motel. Para alejar tentaciones, una sábana tendida entre ambas camas, marca el muro infranqueable que la decencia exigía en los años 30; y al que un socarrón Gable bautiza como las bíblicas murallas de la ciudad de Jericó, que fueron destruidas por el sonido de unas trompetas.

Y como es ley en toda comedia romántica, al final de la película, las trompetas del amor sonarán derribando el endeble muro que separaba a la pareja.

Las murallas de Jericó aguardando el sonido de las trompetas

En la noticia de la que nos hacemos eco, no hay trompetas, ni siquiera un muro físico, pero hay auténticos muros mentales, siempre más difíciles de derribar; y que en este caso están desmoronándose ante el empuje de las páginas de dos libros.

Las novelas iraníes de El coronel de Mahmoud Dowlatabadi, junto con Mi tío Napoleón de Iraj Pezeshkzad (ambas editadas hace décadas), están teniendo gran éxito en las librerías israelitas, y están despertando interés entre los lectores israelíes por la cultura iraní, dejando de lado prejuicios, temores y estereotipos.

Cual libros-bomba que detonan pacíficamente en las mentes de sus lectores, estas obras son dos ejemplos de que sólo a través de la cultura y el conocimiento, se derriban muros hasta entonces infranqueables.

Pero volviendo a las trompetas, qué mejor que cerrar con la trompeta prodigiosa de Miles Davis, capaz de construir muros de sonidos que nadie querría derribar. Pero nada es inocente en este blog, si elegimos a Miles Davis (aparte de porque no se precisan excusas para volver a Miles) es porque también se encuentra retorcidamente relacionado con el asunto de este post.



La música de Davis es la música favorita de Carrie Mathinson, la protagonista de la excelente serie de televisión Homeland, que precisamente aborda los conflictos entre Occidente y el mundo islámico, y que tiene su origen en una serie israelí.

Entre los numerosos atractivos de la serie, se encuentra el hecho de lo poco dogmática que resulta respecto a la visión que da del mundo islámico, pese a abordar el terrorismo de Al Qaeda. Señales dispersas aquí y allá de que quizás ya no sea tan sencillo reducir el mundo a buenos y malos, ni situarnos a unos y a otros, a un lado u otro de los muros que algunos se empeñan en seguir levantando.